La provincia de San Luis se encamina a protagonizar un ciclo histórico para el maíz. Tras el duro golpe que significó la plaga de la chicharrita (Dalbulus maidis), que obligó a reducir superficie en favor de cultivos como soja, sorgo y maní, las proyecciones para la nueva campaña marcan una fuerte recuperación del área destinada al cereal.
Los registros de las últimas tres campañas confirman la tendencia creciente en la importancia del cultivo: en 2022/23 se sembraron 400.700 hectáreas; en 2023/24, el área se elevó a 497.800; y en 2024/25, pese a retroceder a 439.000 hectáreas, los rindes se consolidaron en niveles muy superiores a los de años anteriores.
El investigador y especialista del INTA San Luis, Jorge Mercau, explicó a Todo Un País que los resultados de la última campaña agrícola sorprendieron por la magnitud de los rindes obtenidos. Según estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), el rendimiento promedio provincial de maíz en 2024/25 superó las 6,6 toneladas por hectárea, con lotes que incluso alcanzaron valores mayores, pero con excepción del Valle del Conlara, donde la cosecha fue regular por falta de lluvias oportunas.
La provincia mantenía hasta el año pasado un promedio de producción anual superior a 1,5 millones de toneladas de maíz. En la campaña que acaba de terminar la producción trepó hasta casi los 2 millones de toneladas. Y, con un consumo interno que ya supera las 800.000 toneladas anuales, más del 60% de su producción se utiliza localmente.
La soja, en tanto, promedió 2,1 toneladas y el girasol rondó las 1,9. Ambos cultivos mostraron mejoras respecto a los dos ciclos previos, aunque todavía lejos de los máximos históricos.
El contraste con 2022/23 es contundente: ese año, el maíz apenas promedió entre 3.200 y 3.300 kilos por hectárea en departamentos como Pedernera y Pringles. La soja se desplomó a 1,3 toneladas en Pringles y apenas llegó a 1,7 en Pedernera. El girasol, por su parte, fue el menos golpeado, logrando mantener cierta estabilidad.
Según Mercau, la campaña 2024/25 estuvo marcada por un quiebre climático en el momento justo. Hasta mediados de febrero, las condiciones eran críticas: sequía prolongada, lluvias escasas y temperaturas extremas. Sin embargo, a fines de ese mes el escenario cambió drásticamente.
Marzo y abril trajeron lluvias abundantes y generalizadas, lo que permitió que los maíces tardíos, los más habituales en San Luis, completaran su ciclo en condiciones casi ideales. A su vez, las heladas se retrasaron, evitando daños en las etapas críticas de llenado de grano. El resultado fue un salto productivo notable respecto a la campaña anterior, en la que la sequía persistente nunca dio tregua y dejó rindes apenas aceptables.
En síntesis, San Luis se perfila para romper su propio récord en superficie de maíz, consolidando un proceso de recuperación tras los estragos de la chicharrita. Con la combinación de clima favorable, manejo estratégico y un contexto internacional expansivo, el cereal vuelve a posicionarse como protagonista de la agricultura puntana y nacional.
La provincia ya comenzó a tejer su propia red de transformación del maíz. La planta de molienda húmeda Glucovil-Cargill procesa anualmente unas 380.000 toneladas. La planta de bioetanol de Diaser, también en Villa Mercedes, trabaja con 200.000 toneladas al año (unas 600 toneladas por día). El feedlot Ser Beef consume otras 140.000 toneladas para la alimentación de 90.000 cabezas de ganado bovino. A esto se suma la granja porcina de Paladini, en La Toma, con un consumo estimado en 40.000 toneladas anuales.
Además, existe una nutrida red de establecimientos de producción de alimentos balanceados (Molino Cañuelas, Molino Fénix, El Lucero de Lourdes) y 27 tambos operativos en distintos puntos de la provincia, como Puramel en Quines y Foralba en Luján. Todo este entramado productivo, que consume más de 800.000 toneladas de maíz al año, muestra que San Luis está en condiciones de liderar un modelo de industrialización en origen.
Proyección nacional
A nivel país, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) también anticipa un fuerte repunte del maíz. Con el relevamiento de precampaña 2025/26 en marcha, se proyecta una superficie destinada a grano de 7,8 millones de hectáreas, lo que implica un crecimiento interanual del 9,6%.
El dato no es menor: si bien se ubica un 7,1% por debajo del récord de 2023/24, se trataría de la segunda mayor área de la serie histórica de la Plataforma de Agricultura Sostenible (PAS) de la entidad.
El nuevo ciclo se inicia con un escenario más alentador. Por un lado, los productores cuentan con más información sobre la dinámica poblacional de la chicharrita y estrategias para mitigar su impacto. Por otro, las lluvias de otoño e invierno mejoraron significativamente las reservas hídricas, lo que asegura un buen arranque para las siembras tempranas.
En este marco, muchos agricultores planean adelantar la siembra como estrategia de manejo del riesgo, apostando a la humedad acumulada y a un menor impacto de la plaga.
Panorama internacional
El mercado mundial de maíz también se encamina hacia un año expansivo. Se proyecta un aumento tanto en producción como en consumo, impulsados por la demanda para alimentación, etanol e industria.
Estados Unidos alcanzaría un récord histórico, mientras que Brasil consolidaría una de sus mayores cosechas. En Ucrania, pese a la inestabilidad del conflicto bélico, se prevé una recuperación de volúmenes que elevaría los stocks globales.
En lo local, los precios futuros muestran leves mejoras y los costos de insumos tienden a la baja, lo que favorece la relación insumo-producto, aunque la rentabilidad proyectada sigue siendo ajustada.