La temporada turística de 2026 ya fue lanzada por el Gobierno de San Luis y, como sucede en casi todos los destinos turísticos argentinos, viene atravesada por una pregunta clave: ¿cómo prepararse en un país donde viajar al exterior es más barato y quedarse exige ajustar gastos? La respuesta no es lineal, pero abre un escenario posible —y quizás atractivo— para destinos como San Luis: menos turismo masivo, más escapadas cortas, más naturaleza y más calma.
Según prestadores y fuentes del sector turístico provincial, el mapa que se dibuja para los próximos meses no es el de récords históricos ni ocupaciones plenas durante semanas enteras. Lo que viene es otra cosa: un turismo más selectivo, más austero en el consumo, más atento a la experiencia que al gasto elevado.
Con un tipo de cambio que invita a contratar viajes al exterior, irse tampoco es una decisión fácil. En muchos destinos crecen los episodios de robos al turista, estafas, problemas sanitarios y situaciones de inseguridad que obligan a extremar cuidados y sumar gastos no previstos: seguros médicos, traslados alternativos, cambios de alojamiento. A eso se suma el desgaste propio de los viajes largos, las escalas, los aeropuertos colapsados y la incertidumbre ante cualquier imprevisto. En ese contraste, el turismo de cercanía gana terreno: menos riesgo, más control y la tranquilidad de estar a pocas horas de casa.
Entonces San Luis aparece bien posicionada, en especial en tres puntos centrales que concentran expectativas: Potrero de los Funes, Villa de Merlo y El Trapiche.
En buena medida, ese posicionamiento estuvo apuntalado por el Gobierno de San Luis, que invirtió en promoción turística con campañas en la Ciudad de Buenos Aires, a través de publicidades en pantallas LED, subtes y radios, además de spots televisivos en horarios centrales. La estrategia se reforzó con la participación de la provincia en programas de TV abierta de alcance nacional, como Modo Selfie, emitido por América TV, y Por el mundo, en Telefe, además de un trabajo sostenido en redes sociales.
Potrero de los Funes, el símbolo
El epicentro simbólico de la temporada vuelve a ser Potrero de los Funes. No sólo por su postal —el espejo de agua, las sierras cerrando el horizonte, el circuito internacional— sino porque condensa una idea de descanso que hoy vuelve a ganar valor: caminar sin apuro, respirar aire limpio, mirar la belleza del paisaje.
En principio, Potrero no compite con los grandes centros turísticos del país en volumen, sino en calidad de experiencia. Esa fortaleza, en un verano atravesado por la recesión, puede jugar a favor con familias y parejas que eligen quedarse dos o tres noches, turistas que llegan desde provincias cercanas o visitantes que priorizan tranquilidad antes que agenda cargada.
Merlo: naturaleza, clima y pausa
En segundo término —pero con peso propio— aparece Villa de Merlo. La ciudad serrana mantiene sus ventajas históricas: microclima, senderos, arroyos, oferta gastronómica variada y una identidad asociada al bienestar.
Las previsiones indican que Merlo podría sostener un flujo constante de visitantes, aunque con estadías más cortas y menor gasto promedio. Menos cenas formales, más compras cuidadas, más actividades al aire libre, más vida en las cabañas que se multiplican también en localidades cercanas, como Carpintería, Los Molles, Cortaderas, Villa Larca y Papagayos. En esta región puntana, lo que esperan es un turismo que cuida el bolsillo, pero no resigna ni paisaje ni descanso.
El Trapiche y la cercanía
Bien cerca de la ciudad de San Luis, El Trapiche completa el triángulo. El dique cercano de La Florida, o el dique Antonio Esteban Agüero; los campings, la pesca y un perfil familiar se adaptan bien al formato de escapadas. En este destino, como en otros puntos de la provincia, la cercanía geográfica es clave: viajes breves, rutas accesibles y costos contenidos.
En este escenario, el turismo interno también empieza a reacomodarse. Los viajes cortos, casi espontáneos, desde la capital provincial y localidades cercanas vuelven a ganar peso, y allí El Trapiche aparece bien posicionado. La proximidad con la ciudad de San Luis permite escapadas de uno o dos días, incluso fuera de los fines de semana largos, y convierte al destino en una opción flexible, accesible y funcional para quienes buscan un descanso breve sin planificar demasiado.
Entre el dólar, la recesión y el descanso posible
El trasfondo económico pesa. El tipo de cambio favorece la salida del país y muchos argentinos viajarán al exterior, mientras la recesión reduce el turismo interno de larga duración. Frente a ese doble movimiento, San Luis juega otra carta: la del turismo de proximidad, la del descanso posible, la del viaje que no endeuda, donde el silencio y la calma recuperan valor.
Datos y tendencias
– Predominio de estadías de 2 a 3 noches.
– Mayor demanda de alojamientos intermedios y cabañas.
– Menor gasto en restaurantes, mayor consumo en almacenes y fe-
rias locales.
– Actividades al aire libre como principal atractivo: ríos, caminatas,
miradores.
– Turistas provenientes de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y pro-
vincias vecinas.