Tecnología reproductiva y manejo del pastizal, claves que redefinen la eficiencia ganadera

En una jornada técnica del INTA, especialistas abordaron dos ejes estratégicos para la ganadería moderna, como la inseminación artificial a tiempo fijo como herramienta de alto impacto productivo y económico, y el manejo inteligente de los pastizales en el Chac Árido.
22 de marzo de 2026
La eficiencia ganadera no depende de una única tecnología, sino de la capacidad de integrar herramientas dentro de un sistema ordenado.

En el marco de la jornada organizada por el INTA bajo el lema “Repensando el negocio de la cría”, la ganadería volvió a colocarse en el centro del debate técnico-productivo con un enfoque claro, como producir más y mejor, con eficiencia, sustentabilidad y visión de largo plazo.

Las exposiciones del médico veterinario MSc Emilio Huguenine y del ingeniero Francisco Murray ofrecieron una mirada integral del sistema de cría, abordando desde la biología reproductiva hasta la gestión del recurso forrajero en ambientes complejos.

Lejos de tratarse de temáticas aisladas, ambas presentaciones confluyeron en un mismo eje conceptual, la necesidad de ordenar el sistema productivo a partir de decisiones estratégicas que articulen genética, nutrición, ambiente y manejo.

Desde una perspectiva técnica y económica, Huguenine centró su exposición en una de las herramientas más transformadoras de la ganadería actual, la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF).

“El objetivo final de todo el siste ma es el bife en el plato del consumidor”, planteó, marcando desde el inicio la necesidad de alinear cada decisión productiva con ese resultado final.

Bajo ese enfoque, estructuró su análisis en cinco pilares fundamentales, sanidad, nutrición, condición corporal, instalaciones y genética/manejo. La interacción de estos factores, explicó, es lo que permite que tecnologías como la IATF expresen todo su potencial.

Uno de los aspectos más relevantes fue el impacto directo de esta técnica sobre los indicadores productivos. Según detalló, la posibilidad de preñar cerca del 50% del rodeo en el primer día de servicio, y alcanzar entre el 75 y el 80% en el primer mes, genera efectos inmediatos, como una mayor concentración de partos; terneros más pesados al destete (entre 20 y 35 kilos adicionales); lotes más uniformes, incremento en los kilos de carne producidos por hectárea.

Dentro del esquema reproductivo, el manejo de la vaquillona fue señalado como un punto crítico. Huguenine cuestionó los enfoques tradicionales y planteó un cambio de mirada, porque no alcanza con lograr la primera preñez.

En ese sentido, recomendó alcanzar pesos superiores a los 290 kilos al momento del servicio y garantizar un adecuado desarrollo reproductivo. La recría, lejos de ser una etapa secundaria, define la productividad futura del rodeo.

Apoyándose en trabajos del investigador Richard Kushman, destacó que una buena alimentación temprana no solo mejora la tasa de preñez, sino que impacta durante años en el peso de los terneros y la longevidad de las vacas dentro del sistema.

Otro de los conceptos centrales fue el balance energético. La reproducción, explicó, compite con funciones vitales como el mantenimiento y la producción de leche. “Una vaca se preña solo cuando le sobra energía”, sintetizó.

En sistemas de cría, el período posparto aparece como una ventana crítica. Con una gestación de aproximadamente 273 días y un intervalo ideal entre partos de 12 meses, el margen efectivo para lograr una nueva preñez se reduce a unos 30 días.

Cuando la condición corporal no acompaña, herramientas como el destete precoz o anticipado permiten redirigir la energía hacia la reproducción, mejorando los resultados.

La exposición también abordó la importancia de la selección genética a través de herramientas como las DEPs (Diferencias Esperadas en la Progenie. En paralelo, se analizó el comportamiento de los toros en sistemas de servicio natural, donde la dominancia puede concentrar hasta el 60% de las montas en un solo animal, limitando el progreso genético.

La recomendación fue clara, ordenar el rodeo, categorizar reproductores y planificar su uso. “La IATF no es solo inseminar; es ordenar el sistema y hacerlo más eficiente”, concluyó.

Complementando la mirada reproductiva, Murray puso el foco en el principal recurso de los sistemas ganaderos del Chaco Árido, el pastizal natural. Ubicando el análisis en el noroeste de San Luis, explicó que se trata de un ambiente con alta variabilidad climática, fuerte estacionalidad de las lluvias y marcada heterogeneidad productiva.

En ese contexto, planteó tres condiciones básicas para cualquier tecnología, viabilidad económica, sustentabilidad ambiental y simplicidad operativa. “No alcanza con que funcione técnicamente”, sintetizó.

Uno de los principales condicionantes es la irregularidad de las precipitaciones, tanto entre años como dentro de una misma campaña. Esto determina que la producción de forraje se concentre en pocos meses, obligando a una administración eficiente del recurso.

A esto se suma la heterogeneidad dentro de los propios lotes, donde conviven ambientes con respuestas muy dispares en producción de materia seca.

Mediante herramientas de teledetección, Murray mostró cómo estas diferencias están asociadas no solo al suelo, sino también al uso histórico y la presión de pastoreo.

Frente a estas limitantes, el manejo del pastizal se vuelve central. Entre las estrategias presentadas, se destacó el sistema “Santa Rita”, un esquema de rotación en tres potreros que combina uso, descanso y diferimiento en ciclos de tres años. Este modelo permite mejorar la eficiencia del pastoreo sin requerir grandes inversiones en infraestructura, adaptándose a las condiciones de baja productividad.

Intervenciones mecánicas

Otro eje clave fue el uso de intervenciones mecánicas como los rolados, combinados con la implantación de especies como el Buffel grass. Lejos de plantear un reemplazo del sistema natural, Murray propuso una lógica de complementariedad. “Con solo intervenir entre un 10 y un 20% del campo en sitios adecuados, se puede mejorar significativamente la oferta forrajera”, explicó. En condiciones óptimas, estas pasturas pueden duplicar o triplicar la producción de materia seca respecto al pastizal natural.

El avance de las herramientas digitales también ocupa un lugar creciente en la ganadería. Indicadores como el NDVI permiten monitorear la disponibilidad de forraje en tiempo real y anticipar escenarios productivos.“Hoy podemos saber cuánto pasto hay, dónde está y cómo puede evolucionar”, destacó.

Conclusiones

Más allá de las diferencias temáticas, ambas exposiciones convergieron en una misma conclusión, la eficiencia ganadera no depende de una única tecnología, sino de la capacidad de integrar herramientas dentro de un sistema ordenado.

La inseminación a tiempo fijo permite mejorar la eficiencia reproductiva y acelerar el progreso genético. El manejo estratégico del pastizal asegura la base forrajera que sostiene esa producción.

En conjunto, representan dos caras de una misma moneda: producir más carne, con mayor eficiencia y menor riesgo, en sistemas cada vez más desafiantes.

La jornada dejó en claro que “repensar la cría” no es solo incorporar tecnología, sino tomar decisiones inteligentes que articulen todos los componentes del sistema productivo.

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