Un excombatiente integra el equipo que ganó el Sudamericano de Newcom

29 de noviembre de 2023

Hace 41 años, Luis Alfredo Romero defendió la bandera albiceleste como mecánico de Artillería. En octubre de este año volvió a hacerlo, esta vez en un campo de juego, como jugador de vóleibol adaptado, sin los estruendos de las bombas y el frío viento del Atlántico Sur.

La guerra y el deporte bien podrían pensarse con dos extremos: la primera, inexorablemente atada a posibilidad de morir en cualquier minuto, y el segundo, como un fuerte lazo con lo vital. Luis Alfredo Romero, un excombatiente que llegó a San Luis en 1999 para quedarse aquí para siempre, ha transitado por esas dos puntas: el 13 de abril de 1982 puso sus pies en las Islas Malvinas y, durante los 63 días siguientes, vio de cerca todos los horrores de la contienda. Hace seis años comenzó a practicar Newcom, el deporte que le ha permitido suavizar las secuelas y los malos recuerdos que le dejó su vivencia del conflicto bélico en el Atlántico Sur, al tiempo que se supera, viaja y hace amistades. Las vueltas de la vida hicieron que, 41 años después, volviera a defender la bandera albiceleste, esta vez en un campo de juego, lejos de los estruendos mortales y el frío extremo. En octubre pasado, San Luis Newcom, su equipo, ganó el Campeonato Sudamericano de Newcom, en Salto, Sao Pablo. “Lo que quiero transmitir es que después de haber combatido en Malvinas, de ver compañeros muertos y muchas imágenes dolorosas, abracé este deporte que nos ha permitido dejar en lo más alto del podio a San Luis y a la Argentina”, expresó.

Con orgullo, Luis destacó que su equipo, que entrena en el Polideportivo Municipal del Puente Blanco, es el único de la provincia y del país que tiene entre sus integrantes a un veterano de guerra y ostenta el título de campeón sudamericano. Cada vez que viaja, él lleva consigo un “trapo” (bandera), con la imagen de las islas y la frase “Con los valores que nos legaron nuestros héroes de Malvinas”. “En todos los lugares se acercan personas a charlar conmigo, a pedirme una foto”, contó. Nota que hoy, el reconocimiento social hacia los excombatientes tiene otro matiz gracias a la acción malvinizadora que ellos mismos han desarrollado a lo largo de los años. Pero recordó que, tras volver de Malvinas, la vida fue muy difícil para muchos, en distintos aspectos. “La desmalvinización fue muy grande. Nos rechazaban en todos lados. ‘Ahí vienen los loquitos de la guerra’, decían. Con mucha fuerza de voluntad, seguí trabajando y, gracias a Dios, terminé mi carrera en 2011 como suboficial mayor retirado, pero con una tristeza muy grande por cómo nos trataban. Muchos veteranos se han suicidado, otros tienen estrés postraumático. Ahora la sociedad nos tiene más respeto, nos tiene más en cuenta”, dijo.

Luis nació en Capital Federal. Es hijo de un gendarme y ello lo llevó a conocer la vida nómade, por los distintos destinos que tuvo su padre, cuyos pasos decidió seguir. “Estudié tres años en la Escuela Lemos y en 1978 egresé como cabo primero mecánico de Artillería. Fui destinado al Grupo de Artillería 3, con asiento en Paso de los Libres, Corrientes. Estuve 20 años. En 1999 me vine a San Luis, al Grupo de Artillería 7, y ahí me hice puntano por adopción, junto a mi esposa, Lina, y mis dos hijos, Brian y Claudia. También tengo una nieta, Justina, que vive en Merlo”, detalló. Hoy, no cambia San Luis por otro lugar.

Su misión en Malvinas era mantener en forma operacional las piezas de artillería. “Justamente me pusieron en una zona donde tenían que pasar los ingleses. Así que todos los días era un fuego de contrabatería contra ellos. Un día, a un compañero le cayó (un proyectil) a un metro. El otro día me preguntaron qué sentía, cómo me salvé, porque las bombas te caen a 5, 6, 7, 8 metros. Respondí ‘Dios estuvo conmigo en ese momento’. Siempre digo que Dios me mandó de nuevo para esto, para malvinizar, para dar a conocer la historia y la verdad de lo que pasó en Malvinas en las escuelas, a las nuevas generaciones. Es muy lindo cuando los chicos traen un papelito y te dicen ‘firmame acá’, o te piden un abrazo. Uno se siente como Messi”, expresó emocionado. A esa acción de malvinizar, es decir, de alimentar la memoria de Malvinas, la lleva adelante junto a sus compañeros del Centro de Excombatientes “2 de Abril”. Cuando decidió comenzar con el Newcom, en 2017, fue solo con el propósito de hacer una actividad física. “Es un deporte mixto, adaptado a las personas mayores, en el que la pelota no se golpea, sino que se atrapa y se lanza por arriba de la red. Lo que tiene de lindo es que es muy familiar”, consideró.

Luis nunca imaginó que de lo recreativo pasaría a las competencias y que éstas lo llevarían a visitar localidades, la región, distintas provincias e incluso a viajar al exterior. “Inicié en el Club Victoria. Ahí estuve unos 6 o 7 meses, hasta que me llegó la noticia de que en el Polideportivo Municipal iban a comenzar las prácticas de Newcom. Y como vivo cerca de la Jefatura de Policía, a unas tres cuadras, me cambié”, dijo. En su hoja deportiva tiene asentado que participó en 20 torneos nacionales, en 2019 jugó en la Selección Regional (con la que también ganó un campeonato) y fue convocado para la Selección Argentina. “El próximo Sudamericano se hace en Mar del Plata, en marzo. Nosotros ya tenemos el pase directo por ser campeones”, comentó con satisfacción.

Su equipo es parte de la Federación del Vóleibol Argentino (FeVa). La competencia en Salto, Sao Pablo, se desarrolló desde el 12 al 16 de octubre y fueron representantes de varias provincias. “Tuvimos dos días y medio de viaje. Salimos en tres colectivos desde Retiro. Éramos más o menos unos 120 jugadores en tres ómnibus, más los directivos y los árbitros”, detalló. San Luis Newcom se consagró campeón de manera invicta y dejó en el camino a clubes de Argentina, Chile y Uruguay.

“Con 22 años fui a combatir a Malvinas. Fue una experiencia inolvidable. Lo que estudié me ayudó a estar en la guerra. De otro modo, no iba a tener la valentía suficiente para afrontar lo que pasó. El estrés postraumático es algo que siempre va a estar detrás de mí, que nos persigue a los excombatientes. El año pasado, un compañero se prendió fuego y otro se ahorcó. La guerra ha complicado la cabeza de muchos. Hoy, a los 64 años, gracias a Dios y a mi familia, que es la fuente de la fuerza para seguir viviendo, estoy bien, haciendo este deporte que me gusta y me ha dado mucho. El mensaje que quiero transmitir es que se puede salir adelante”, dijo.

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