Leonardo Neyra no se libró de la imputación por intentar asesinar a otro joven, a golpes y puñaladas y en patota. Este martes el juez de Garantías 2 de Villa Mercedes, Matías Farinazzo Tempestini, estuvo de acuerdo con el fiscal instructor Leandro Estrada en que lo que le hizo la mañana del 28 de junio a otro muchacho fue eso. En lo que no coincidió el magistrado fue en que por esa acusación debía ser enviado a prisión. Su principal argumento para no hacer lugar al encarcelamiento preventivo, requerido por el Ministerio Público Fiscal (MPF), fue la todavía corta edad de Neyra, quien tiene 18 años. Ordenó, entonces, su liberación y le impuso la condición de presentarse dos veces al mes en fiscalía a firmar el libro de los imputados, no salir de la provincia y le prohibió acercarse y contactarse con la víctima.
El funcionario público había solicitado tres meses en la cárcel. De todos modos, no se quedó con ese fallo y anunció que pedirá que un tribunal lo revise.
Antes de que Farinazzo Tempestini resolviera de esa manera, el defensor Vicente Cuesta intentó que la calificación del delito mutara a uno menos gravoso, que cambiara de un «homicidio agravado por ensañamiento en grado de tentativa» a un «lesiones graves en riña». Luego se opuso al pedido de prisión preventiva señalando que no correspondía porque su cliente tiene arraigo a la ciudad, por lo que no se le cruzaría por la cabeza la idea de irse para evadir el proceso judicial. Lo primero no lo consiguió, lo segundo sí.
El ataque en patota fue el 28 de junio. La víctima estuvo en terapia intensiva cinco días. Tenía más de 14 heridas, siete de ellas punzocortantes, refirió el representante del MPF. Todo sucedió a las 6:05, en calle Leonismo Argentino, entre Salta y Edison.
El damnificado y sus amigos habían ido a una fiesta en un negocio de avenida Presidente Perón y Salta. Cuando todos salieron, fue interceptado por una patota. Algunos de los que integraban el grupo de agresores no fueron identificados, pero uno de ellos sí y era Neyra. La prueba que lo coloca en el lugar y momento de la agresión es un video de una cámara de seguridad. La filmación captó el ataque y también los detalles de cómo lucía el imputado. Esa presunción después fue confirmada, junto con su identidad, por los relatos de dos muchachos que acompañaban a quien fue salvajemente golpeado.
En el registro fílmico «se ve claramente cómo un joven de pantalón claro atacó con trompadas y patadas a otro, el cual cayó al suelo», describió Estrada. Pese a yacer en el suelo, retorciéndose de dolor, continuaron la paliza. Los golpes eran uno detrás del otro y «el agresor utilizaba un arma blanca en la mano». De no haber intervenido otras personas para frenar el ataque, el desenlace hubiera sido otro, uno que no tiene retorno: un asesinato.
