Es el licenciado en Paleontología y doctor en Ciencias Biológicas Federico Gianechini del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis (IMIBIO-SL) que depende de la casa de altos estudios y el CONICET.
El nombre del investigador y docente de la Universidad Nacional de San Luis Federico Gianechini ya quedó en los libros de paleontología. Y es que el licenciado en esa disciplina y doctor en Ciencias Biológicas fue parte de un equipo que evidenció la existencia de una nueva especie de dinosaurio carnívoro que vivió hace 83 millones de años en el sur del país.
El hallazgo científico se dio a conocer hace una semana y fue publicado en la prestigiosa revista internacional BMC Ecology and Evolution. Gianechini fue invitado a participar de este proyecto que descubrió una nueva especie de dinosaurios terópodos en la región centro-este de la provincia de Neuquén. Se trata de un terópodo del grupo de los unenlaginos, al que bautizaron Diuqin Lechiguanae. Eran animales carnívoros que caminaban en dos patas, tenían plumas — eran antepasados de las aves— y solían ser de tamaño pequeño. Calculan que tenían dos o tres metros de longitud y que era una especie endémica del hemisferio sur.
El nombre Diuqin proviene de un término Mapuzungun, la lengua del pueblo mapuche nativo de la región, que quiere decir ‘ave de presa’ en castellano. Por otro lado, la segunda parte del nombre, Lechiguanae, proviene de ‘Lechiguana’, que era el nombre de la bruja de la película argentina del año 1975 ‘Nazareno Cruz y el lobo’, dirigida por Leonardo Favio. Por lo tanto, el nombre completo de esta nueva especie significa ‘el ave de presa de Lechiguana’.
El científico está especializado en el estudio de los dinosaurios terópodos, por ello fue invitado a integrar el equipo. Egresó en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y es investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) desde 2015. En la UNSL realizó sus estudios posdoctorales y actualmente se desempeña en el Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis (IMIBIO-SL).
“Los investigadores de Neuquén me contactaron en 2022 porque habían encontrado un espécimen de dinosaurio nuevo y lo estaban observando y estudiando. A ellos les pareció que era una especie particular de dinosaurio carnívoro, un grupo de dinosaurios terópodos, y como es mi especialidad, me contactaron para consultarme.
Me mandaron fotos y videos primeramente. Tuve bastante diálogo con ellos desde la virtualidad y después de mucho intercambio tuve la oportunidad de viajar a Neuquén y vi el material en persona”, contó Gianechini. En esta investigación trabajó junto a los paleontólogos Juan Porfiri y Dominica Dos Santos de la Universidad Nacional de Comahue y Mattia Baiano del Museo ‘Ernesto Bachmann’ de Villa El Chocón. “Luego se incorporaron dos investigadores extranjeros, uno que trabaja en Estados Unidos y otro que lo hace en Hong Kong, China”, detalló.
Al material lo encontró el investigador Porfiri y su equipo en 2014. Inicialmente encontraron los primeros huesos y luego continuaron buscando en el mismo sitio. Allí descubrieron más muestras. Estudiaron unas vértebras y el húmero (brazo). “Es difícil encontrar este tipo de dinosaurios y es importante porque da identidad a una especie de millones de años. Hace una semana, aproximadamente, se publicó este descubrimiento; desde que se encontró el material hasta que se publicó pasaron casi diez años. Siempre se tarda varios años en publicar un trabajo de este tipo”, refirió Gianechini. El experto en terópodos del IMIBIO-SL (UNSL/Conicet) ayudó en la identificación del material, en su comparación y en el reconocimiento de algunas particularidades anatómicas en los huesos. La comparación del material encontrado con otras especies ya conocidas de terópodos y también de otros grupos es un trabajo que siempre se hace para saber si el material se corresponde a una especie nueva o no. “La única forma de saber es comparando con otras especies. En este caso vimos que era nuevo porque no había otra especie con las mismas características”, explicó.
Entre las técnicas metodológicas específicas que aplican se ve el material bajo observación directa, a ‘ojo desnudo’. También se utiliza la lupa binocular. Según detalló Gianechini, la muestra exhibía buena preservación. “Algunas partes estaban rotas, el húmero, por ejemplo, no estaba completo, pero es bastante común en los fósiles en general. Hay algunas características de los huesos que nos indican si era un adulto o un pichón, en este caso, era un adulto», refirió. También fotografiaron el material y realizaron un escaneo 3D.
Ésta no es la primera vez que Gianechini forma parte de un descubrimiento paleontólogico relevante: en 2018 intervino en el descubrimiento de otra especie de dinosaurio terópodo, en la que se estudiaron piezas de un cráneo fosilizado. “La Patagonia Argentina está llena de tesoros paleontológicos de todo tipo”, consideró.
