Una guía de la UNSL revela la riqueza vegetal que conserva el cerro El Morro

Investigadoras de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias reunieron años de relevamientos en el segundo tomo de una guía fotográfica dedicada a los árboles, arbustos y cactáceas de San José del Morro. La publicación permite reconocer especies emblemáticas como el caldén, el algarrobo, el chañar, el espinillo, el piquillín y la jarilla, y recupera sus usos productivos, medicinales, alimenticios y paisajísticos.
20 de septiembre de 2026
Paisaje Imponente. El Morro alberga una vegetación caracterizada por los pastizales y el monte serrano

Conocer una planta también puede ser una forma de conservarla. Bajo esa premisa, años de investigación y extensión desarrollados en el ámbito de la Universidad Nacional de San Luis quedaron reunidos en una publicación que busca acercar la flora nativa a especialistas, estudiantes y, especialmente, al público general.

La “Guía Fotográfica de Especies Nativas de San José del Morro (S. L.) – Tomo II: Árboles, arbustos y cactáceas” fue elaborada por las ingenieras agrónomas Mirta Gómez y Zunilda Furlan, a partir de proyectos desarrollados en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias (FICA) de la UNSL. La primera edición fue publicada recientemente por la Nueva Editorial Universitaria.

La obra pone la lupa sobre uno de los ambientes de mayor riqueza natural e histórica del departamento Pedernera. San José del Morro se encuentra a unos 50 kilómetros de Villa Mercedes y sus sierras albergan una vegetación caracterizada por los pastizales y el monte serrano. Las autoras advierten, además, que el empobrecimiento de las superficies ocupadas por bosques nativos en San Luis ha reducido la presencia de especies herbáceas, arbustivas y arbóreas, con consecuencias que también alcanzan a la fauna.

En ese contexto, la guía trasciende el formato de un inventario botánico. El propósito es facilitar el reconocimiento de las plantas y, al mismo tiempo, recuperar información sobre sus usos medicinales, alimenticios, tintóreos y paisajísticos. Las investigadoras destacan precisamente el creciente interés por incorporar especies nativas en el paisajismo urbano y por recuperar sus diferentes aprovechamientos tradicionales.

Los números del relevamiento muestran la variedad vegetal que puede encontrarse alrededor del cerro El Morro. En el caso de los árboles, las investigadoras reconocieron seis familias y diez géneros, con predominio de las Fabáceas. Entre los arbustos determinaron 41 géneros pertenecientes a 23 familias, con las Asteráceas como las más numerosas.

La publicación combina descripciones relativamente breves con una importante documentación fotográfica, pensada para que quien recorra el ambiente pueda asociar nombres con hojas, flores, frutos, espinas, cortezas y formas de crecimiento. Entre las especies descriptas aparecen algunas profundamente vinculadas con el paisaje rural de San Luis.

Una de ellas es, inevitablemente, el caldén (Neltuma caldenia), árbol emblemático del centro del país y particularmente representativo de los ambientes del Espinal. La guía lo clasifica como una especie endémica del centro-oeste argentino, cuya distribución comprende, entre otras provincias, a San Luis. Puede alcanzar entre 6 y 12 metros de altura y desarrollar su característica copa en forma de sombrilla.

Su importancia no es solamente ambiental. La madera del caldén ha sido utilizada para muebles, instrumentos musicales, postes, parquet y construcción. Sus hojas y frutos sirven de alimento tanto para animales silvestres como para el ganado y, además, se trata de una especie melífera.

Otro viejo conocido del monte puntano es el algarrobo dulce o algarrobo negro (Neltuma flexuosa). Característico de las zonas áridas del oeste argentino, constituye además una planta estrechamente ligada a la historia de las poblaciones humanas de esas regiones. La guía señala que existen evidencias arqueológicas de la utilización de sus vainas desde tiempos prehispánicos. Los frutos tiernos pueden consumirse hervidos y, una vez secos, utilizarse para producir harina. Su madera, por su parte, tiene aplicaciones rurales en postes y varillas para infraestructura ganadera.

Chañares y espinillos

El chañar (Geoffroea decorticans) es otro de los árboles familiares para cualquier habitante o productor que haya recorrido los montes de San Luis. La especie se encuentra ampliamente distribuida en la Argentina y se reconoce fácilmente por una particularidad de su tronco, la corteza se desprende longitudinalmente en fajas irregulares y deja al descubierto una nueva corteza verde.

La guía destaca además el aprovechamiento de su fruto dulce y comestible, utilizado tradicionalmente para elaborar, entre otros productos, la aloja de chañar. También registra usos de hojas y corteza en prácticas medicinales tradicionales y de su madera para mangos de herramientas, postes y combustible.

Igualmente reconocible es el espinillo, aromo o aromito (Vachellia caven). Es un árbol relativamente bajo, de entre dos y seis metros, de copa redondeada, ramas tortuosas y flores amarillas pequeñas y muy perfumadas. La publicación indica que florece durante agosto y septiembre, mientras que sus frutos maduran entre enero y abril.

Además de su valor ornamental, la guía recoge usos tradicionales de sus hojas y semillas, mientras que sus frutos han sido utilizados para teñir lana. El intenso perfume de sus flores explica la publicación, está asociado a la presencia de eugenol.

Entre los arbustos sobresale otro nombre inseparable del monte puntano, el piquillín (Condalia microphylla). Se trata de una especie endémica de Argentina, presente desde el sur de Salta hasta la Península Valdés y habitual en la región del Monte.

Es un arbusto muy ramificado, que puede alcanzar alrededor de dos metros de altura, con pequeñas hojas y ramas espinescentes. Sus frutos son comestibles y pueden presentar diferentes tonalidades al madurar, desde rojo y rosado hasta amarillo o negro.

Su madera es dura y la leña es apreciada por su elevado poder calórico. Pero hay otra característica particularmente relevante para los ambientes de San Luis, el fuego no necesariamente lo elimina y tiene capacidad de rebrotar con facilidad, una adaptación significativa en territorios donde los incendios constituyen una perturbación recurrente. La guía también plantea su potencial ornamental, incluso como alternativa para cercos.

Otra especie ampliamente reconocible es la jarilla (Larrea divaricata), también denominada jarilla hembra o chaparral. Es un arbusto muy ramificado que puede alcanzar los tres metros y se distingue por sus hojas brillantes y resinosas.

Su floración se extiende, según la publicación, desde septiembre hasta abril, con flores amarillas visitadas por abejas silvestres en busca de néctar. La obra recopila asimismo distintos usos medicinales tradicionales atribuidos a la especie y señala la presencia del ácido nordihidroguayarético, compuesto estudiado por su capacidad antioxidante.

El recorrido se completa con las cactáceas, plantas especialmente adaptadas a ambientes donde la disponibilidad de agua puede convertirse en una limitante.

Entre ellas aparece la penca o quiscaloro (Opuntia sulphurea), definida en la guía como endémica y muy común en el bosque chaqueño, el Monte y la llanura pampeana. Es una planta baja, que alcanza unos 30 centímetros, con segmentos redondeados y espinas blanquecinas. Entre octubre y febrero produce flores en general amarillas y posteriormente pequeñas tunas carnosas de color rojo. La publicación también consigna usos tradicionales de sus frutos.

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