La identidad del artista urbano conocido como Banksy, uno de los mayores enigmas del arte contemporáneo, volvió a quedar en el centro de la escena tras una investigación de Reuters que lo identifica como Robin Gunningham, quien nació en Bristol en 1973, quien además habría utilizado el alias David Jones para administrar su obra y su patrimonio.
El informe no solo intenta resolver un misterio sostenido durante años, sino que también reabre el debate sobre el anonimato como parte esencial de su propuesta artística y su relación con el mercado.
Las sospechas sobre Gunningham no son nuevas. En abril de 2025, el detective español Francisco Marco ya había señalado esa identidad en declaraciones al diario El Mundo, tras una investigación propia basada en rastreo de datos personales, vínculos familiares y movimientos del supuesto artista.
Según ese trabajo, Gunningham se casó en 2006 con Joy Charlotte Millward y tiene una hija. A pesar de su éxito global, mantendría un estilo de vida discreto, alejado de la exposición pública.
La investigación de Reuters profundiza esa línea con testimonios, análisis de grabaciones y seguimiento de desplazamientos, que permitirían establecer coincidencias entre Gunningham y las intervenciones atribuidas a Banksy.
Uno de los puntos clave es el uso del alias “David Jones”, el mismo nombre real de David Bowie, con el que habría gestionado una red de empresas vinculadas a la autenticación y comercialización de sus obras.
Entre ellas figuran Pest Control Office Ltd, encargada de certificar piezas originales, y Pictures on Walls Ltd, dedicada a la distribución de ediciones limitadas.
Este entramado refuerza la paradoja de un artista que construyó su figura desde el anonimato, pero al mismo tiempo desarrolló una estructura sólida dentro del mercado global.
Lejos de cerrar el misterio, la posible confirmación de su identidad vuelve a tensionar los límites entre visibilidad y ocultamiento, un rasgo que sigue definiendo la obra y el impacto de Banksy.
