Durante dos días cargados de actividades, prácticamente no quedó ningún rincón de la Casa de la Cultura de Villa Mercedes y de su contigua Plaza del Sesquicentenario en los que no se respirara un poco de arte. En su segunda edición, la Feria Literaria “Lee 2025” convocó a miles de almas que saciaron su sed lectora, pero que también se dejaron alimentar por la música, por la pintura y por el teatro, entre otras manifestaciones artísticas.
La muestra llegó a su fin ayer por la noche. Y en la decisión de “no ver la cultura como un gasto, sino como una inversión”, tal como expresó el intendente Maximiliano Frontera en la apertura, el Municipio apostó a desplegar una gran cantidad de propuestas para recuperar aquella antigua Feria del Libro que tanto había conquistado a los mercedinos y a los visitantes de diferentes partes de la provincia a lo largo de seis años.
“Era una deuda que teníamos cuando empezamos la gestión en 2019 y nos agarró la pandemia en 2020. Es un reflejo de la antigua feria del anterior intendente, que la tomamos porque algo de lo que la gente está cansada es de que cuando asume un nuevo gobierno quiera destruir todo lo que había antes, incluso lo que era bueno”, expresó el jefe comunal. Y una de las diferencias de la nueva versión, sobre todo en este que fue su segundo capítulo, fue que tuvo un componente local mucho más grande. Porque un gran porcentaje de las actividades en la grilla estaban protagonizadas por escritores, autores, investigadores, docentes, músicos, bailarines y otros artistas de Villa Mercedes.
Así, por ejemplo, el programa le rindió un homenaje a Teresita Morán de Valcheff, una escritora que había nacido en Merlo, pero que había elegido a Villa Mercedes como su hogar y que dejó este mundo el año pasado.
También hubo varios autores mercedinos que pudieron hacer la presentación de sus libros, aquellos que escribieron con esfuerzo o que reúnen las experiencias de años de trabajo en algún rubro, o que son óperas primas de jóvenes que se animar a mostrar sus textos y a apostar a la literatura.
Algunos de esos títulos fueron “Conciencia comunicacional” de Gabriela Campana; “Disfonía sensible” de Carolina Campero; Antologías “Semillas y mapas: cómo nacen las historias” de Bárbara Testa; “El sabor de las Guayabas” de Marisol Iturralde; “Narraciones y vivencias de un Radioaficionado” de Jorge Goldschmidt; “El poder de las preguntas” de Darío Oliva y hasta el pequeño Santiago Atalba, de 10 años, pudo mostrar su primera novela “Zombi Land”.
Además, la plaza, más conocida como del Mercado, se convirtió en un escenario abierto para un recital de poesía en la que más de veinte poetas locales leyeron algunos de sus escritos en prosa o en versos.
Hubo otros que, en cambio, ofrecieron talleres para compartir sus conocimientos en cada área: desde escritura creativa, hasta ilustración, cómics, pintura, teatro, literatura infanto juvenil, entre otros. Y hasta los artistas tuvieron participación en obras de títeres, lecturas de cuentos y en cuadros de baile a cargo de academias de la ciudad.
Hubo tres invitados especiales de talla nacional: Eduardo Sacheri, quien presentó su novela “Demasiado lejos” el jueves; Gabriela Larralde, quien disertó sobre su libro “La pez” ayer; y el artista plástico Ramiro Ghigliazza, quien llevó su muestra sobre San Martín al hall central y se llevó todas las miradas.
Ninguno impidió que los nombres locales se lucieran y tuvieran el mismo nivel de importancia, tanto en la grilla como en la consideración de un público que, nuevamente, volvió a demostrar su preferencia por la cultura.