Era un símbolo. Un recordatorio de uno de los hechos más significativos de la emancipación argentina y, en particular, de la contribución de San Luis a la patria. Era un retoño del pino de San Lorenzo, el árbol bajo el cual el general José de San Martín firmó, el 3 de febrero de 1813, el parte victorioso de la primera batalla por la independencia, y la única que libró en territorio argentino: aquel combate donde el puntano Juan Bautista Baigorria salvó la vida del Libertador y tres soldados de Renca ofrendaron la suya a la causa de la libertad. Se exhibía enhiesto en la plaza Independencia ¿dónde, si no? de la capital puntana.
Pero el temporal del lunes 6 de enero de este año lo echó por tierra y las probabilidades de recuperarlo, de reimplantarlo, son nulas.
Muchas personas que alguna vez transitaron el paseo desconocían que ese ejemplar de la especie ‘Pinus pinea’ o ‘pino piñonero’ que crecía a espaldas de la estatua ecuestre del Padre de la Patria -y ya había alcanzado 18 metros de altura, un talló de 80 centímetros a la altura del pecho y una copa de 16 metros de diámetro- era hijo del histórico pino santafesino a cuya sombra San Martín descansó y anotó su primer triunfo en la guerra contra el colonialismo. San Luis lo recibió como obsequio de la municipalidad de Rosario en 1923, en reconocimiento al desempeño de los puntanos en aquel combate.
Ahora es solo un recuerdo de todo lo que el viento se llevó aquella tarde del Día de Reyes, cuando sopló con ráfagas que superaron los 120 kilómetros por hora. “Es evidente que con un nivel tan alto de raíces dañadas, las probabilidades de recuperación son prácticamente nulas”, señaló el ingeniero agrónomo Eber Eugenio Barroso, jefe de Arbolado de Espacios Públicos de la provincia, en la parte donde las conclusiones de su informe se constituyeron en una mala noticia, ante el pedido de conservacionistas y amantes de la historia que solicitaban se hiciera un intento por salvarlo.
Un dictamen de dos científicos de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) coincide con el criterio del ingeniero. “Cualquier intento de re-implantar el individuo en el mismo lugar podría tener bajas probabilidades de éxito.
Y, ante la ausencia de una raíz principal de tipo pivotante, no se aseguraría su estabilidad”, señalaron la licenciada y doctorando en Biología Valeria Villarreal y el magíster Martín Rodríguez Rivera, del Laboratorio de Biología Vegetal y el Banco de Germoplasma de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia (FQByF) de la UNSL.
Villarreal y Rodríguez Rivera intervinieron a pedido de la Municipalidad de San Luis y el Ministerio de Turismo y Cultura de la provincia. Observaron que el pino presentaba “un alto porcentaje de sus raíces lateralessecundarias cortadas a nivel del suelo, las cuales fueron protegidas para evitar la desecación y pérdida de agua”; que “no se observa raíz principal, aunque en este género suele abortar en sus inicios”; y que tenía “muchas ramas quebradas en toda su copa”.
“Riesgo para las personas”
Barroso, que examinó el árbol al día siguiente del evento climático, determinó que un 90% de las raíces estaban cortadas y que solo el 10% de ellas tenía alguna probabilidad de anclaje. Y tuvo en cuenta que estas últimas “pueden haber sufrido una destrucción interna de los tejidos debido a la torsión sufrida al caer”.
“El volumen de parte aérea guarda una correspondencia con el volumen de raíces que un árbol debe mantener para un correcto estado de funcionalidad y salud. Las raíces que se encargan principalmente de la absorción del agua y nutrientes son las que se encuentran más hacia la periferia del sistema radicular, mientras que las que están más cercanas al eje central del árbol cumplen principalmente con una función de anclaje y conducción”, indicó en su informe.
“Es en estas últimas -señaló- donde ha ocurrido el daño en el ejemplar en cuestión, por lo que en un hipotético caso de recuperación, sería improbable que las pocas raíces que hayan quedado funcionales pudieran abastecer a toda la parte aérea, aunque se redujera con una poda agresiva”. “Ni qué hablar del riesgo para las personas que implicaría mantener un árbol de estas dimensiones con un anclaje no adecuado”, advirtió.
El agrónomo agregó que “se debe tener presente también que se trata de un ejemplar de cien años, por lo que su capacidad fisiológica para responder a una adversidad se encuentra muy disminuida”.
Derribado por el temporal el retoño del pino de San Lorenzo, San Luis conserva otros testimonios de su tributo a la emancipación americana. Entre ellos, las cenizas de los tres soldados de Renca que murieron en San Lorenzo: Januario Luna, José Gregorio Franco Fredes y Basilio Bustos.
En aquel combate, otro puntano, Baigorria, inscribió en la historia su página mejor. Un tiro de cañón mató al caballo de San Martín, que al caer aplastó la pierna derecha de su jinete. El correntino Juan Bautista Cabral liberó a San Martín de su aprisionamiento y fue herido de muerte por un soldado realista. Al mismo tiempo, otro soldado español se acercó bayoneta en mano para ultimar al jefe de las tropas patriotas, pero Juan Bautista Baigorria lo encaró a caballo y lo mató de un lanzazo, con lo que salvó al futuro Padre de la Patria.
Los restos de los mártires Luna, Franco Fredes y Bustos están depositados en el Monumento al Pueblo Puntano de la Independencia, erigido en Las Chacras -actual municipio de Juana Koslay.
Recomiendan su extracción y reemplazo.
Propuestas para conservar la memoria
El ingeniero Barroso recomendó la extracción del ejemplar y su reemplazo “por otro de igual simbolismo y valor cultural para la sociedad”. “Una propuesta de mi autoría -agregó- es que se instrumenten los medios para convocar a diferentes artesanos de la madera de nuestra provincia, para darle un valor simbólico a los restos de este histórico pino”.
Villarreal y Rodríguez Rivera propusieron la multiplicación del pino: “Para ello se tomaron muestras vegetales (ramas y piñas) para proponer tareas de propagación en laboratorio de Biología Vegetal (Área de Ecología-Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia-UNSL)”.
“Con las ramas se prepararon esquejes (tallos o cogollos) de 15-20 cm y a estos se le realizaron tratamientos con dos concentraciones de hormona enraizantes. Luego se colocaron en sustrato sólido y en agua. Los esquejes serán mantenidos en condiciones de laboratorio a temperaturas que no superen los 22°C y escasa luz”, detallaron.
Advirtieron que “el tratamiento de enraizamiento de esquejes es lento, por lo que posibles resultados de individuos con raíces podrán obtenerse en un periodo de 4 a 6 meses. Pasado este tiempo, los esquejes que hayan desarrollado raíces podrán ser pasados a macetas de mayor tamaño para una etapa de crecimiento, antes de pensar en un trasplante definitivo”.
“Por otro lado, las piñas y las semillas se conservarán en el Banco de Germoplasma de la FQByF para lograr que acumulen las horas de frío necesarias para luego realizar ensayos de germinación. Este proceso durará al menos tres meses y permite un desarrollo del embrión dentro de la semilla que lo dejará en condiciones de germinar. Pasado ese tiempo se realizan ensayos de germinación para obtener nuevos individuos del pino histórico”, dijeron los especialistas de la UNSL.