La interacción entre producción ganadera y conservación ambiental no solo es posible, sino necesaria. Así lo plantea el enfoque MBGI, sigla de “Manejo de Bosques con Ganadería Integrada”, una herramienta de gestión desarrollada en el marco de la Ley de Bosques Nativos que promueve el uso sustentable de los recursos naturales en regiones boscosas donde la actividad ganadera es parte esencial del sistema productivo. Francisco Murray, investigador del INTA San Luis y uno de los referentes en la materia, explicó en profundidad qué significa esta propuesta, cómo se implementa, y cuál es su potencial impacto productivo, ambiental y económico.
Según detalló el especialista, el MBGI es mucho más que una sigla: representa una propuesta técnica y conceptual que busca articular producción ganadera y conservación del bosque nativo bajo criterios de sostenibilidad. “El objetivo principal es establecer lineamientos claros de planificación, manejo y monitoreo que promuevan un uso ganadero y forestal sustentable, siempre en el marco de lo establecido por la Ley de Bosques Nativos”, afirmó durante una entrevista con Todo Un País.
Señaló que esta herramienta cumple un doble rol. Por un lado, está pensada para los técnicos y productores, como una guía práctica y concreta donde se expliciten diagnósticos del estado del predio, objetivos de manejo, metas alcanzables y estrategias viables en lo económico, ambiental y social, adaptadas a las capacidades y expectativas de cada unidad productiva. Por otro lado, facilita a las autoridades provinciales, responsables de evaluar y aprobar los planes de manejo, una forma clara de analizar la factibilidad y coherencia de los proyectos presentados.
El MBGI se fundamenta en el paradigma de la intensificación sostenible, un enfoque que busca maximizar la producción sin comprometer los recursos naturales. Para ello, plantea un diseño espacial del predio que equilibre áreas de producción intensiva con zonas destinadas a la conservación de la biodiversidad.
“En la práctica, esto significa que en cada predio debe haber una zonificación que combine una superficie mayoritaria dedicada a la producción ganadera y forestal, con otra área de resguardo donde se optimice la conservación de flora y fauna”, explicó Murray. Además, las intervenciones permitidas en el marco del MBGI, como el desarbustado selectivo, la siembra de pasturas o el raleo de ramas para leña, están reguladas en cuanto a su intensidad, frecuencia y método, con el fin de preservar la estructura y la funcionalidad del bosque y del pastizal nativo.
Complementariamente, el modelo propone una planificación integrada que incluye el manejo del fuego, la revalorización de las represas como recurso hídrico clave, la planificación de rotaciones y carga ganadera flexible en función de la disponibilidad de pasto, y un sistema de monitoreo adaptativo que permita ajustar el manejo según los resultados obtenidos. Uno de los pilares del MBGI es la formación y capacitación de técnicos que estén en condiciones de formular y ejecutar planes de manejo ajustados a esta visión integral. Murray considera “fundamental poder interactuar con quienes formulan estos planes”.
La apropiación del MBGI por parte de los técnicos no solo garantiza una implementación más eficiente, sino que también enriquece la herramienta a través de la experiencia práctica. “La diversidad de realidades productivas que tiene la provincia de San Luis exige un enfoque flexible, y eso solo se logra con técnicos capacitados que puedan adaptar y mejorar continuamente el modelo”, sostuvo.





