Atlanta amaneció vestida de celeste y blanco. En las calles, en los bares y en los puntos de encuentro de los hinchas argentinos cuesta escuchar inglés por momentos. A horas de una de las semifinales más esperadas del Mundial 2026, la ciudad estadounidense respira fútbol y pasión, con miles de simpatizantes que llegaron desde distintos rincones del planeta para alentar a la Selección Argentina frente a Inglaterra.
En medio de ese escenario vuelven a aparecer Federico y Martín Giménez, los hermanos de La Toma que desde el inicio de la Copa del Mundo emprendieron la aventura de seguir a la Scaloneta por Estados Unidos. Del otro lado del continente, pero tan conectado como ellos, Santiago Bergara acompaña cada paso desde su ciudad natal. La distancia ya no importa: el grupo sigue viviendo el Mundial como si nunca se hubiera separado.
Y si hay alguien que resume el clima que se vive en Atlanta es Martín. «Según la prensa desembarcaron 35.000 ingleses en los últimos dos días. Según nosotros, que estamos en la calle, en bares y restaurantes, solo hay argentinos o extranjeros con la camiseta de Argentina… ¡Somos locales otra vez!»
La frase refleja una sensación compartida por miles de hinchas que coparon los tradicionales banderazos, los puntos de encuentro y los alrededores del Mercedes-Benz Stadium. La marea albiceleste volvió a hacerse sentir con fuerza, incluso en la previa de uno de los partidos con mayor expectativa del campeonato.
Pero el cambio más grande no se ve en las calles, sino en el ánimo de quienes comenzaron este viaje sin imaginar hasta dónde podían llegar. «Siempre con fe, pero debo admitir que no estaba seguro de que llegaríamos tan lejos. Ya tenemos todo comprado para Nueva York. Nuestra fe se ha renovado», reconoce Martín.

Una aventura que ya vale mucho más que un resultado
Si algo aprendieron los hermanos Giménez durante este Mundial es que cada partido trae un desafío diferente. Y en la previa de la semifinal apareció uno inesperado: conseguir una entrada.
Federico cuenta que incluso el FanFest oficial ya había agotado toda su capacidad cuando llegaron, por lo que debieron reorganizar la jornada para seguir el encuentro desde el sector Underground o desde un bar donde seguro se reunirían cientos de argentinos. «Pensábamos o rezábamos que Argentina llegara, pero no pensé que iba a llegar tan lejos», admite.
El verdadero obstáculo, sin embargo, sigue siendo ingresar al estadio. «Para el partido de Inglaterra no tenemos entrada. Nadie ha conseguido. La entrada más económica ronda los 2.700 dólares», explica Federico.
Martín describe exactamente la misma realidad. «Es dificilísimo. El hecho de haber tantos extranjeros con un poder económico mayor que el nuestro comprando entradas de reventa hizo que los precios estén una locura. Estamos atentos las 24 horas en los sitios de reventa para ver si aparece alguna por menos de 3.000 dólares.»
Pese a las dificultades, la ilusión permanece intacta. «Ya tenemos los tickets para Nueva York, tenemos hotel, tenemos todo para ir a ver la final allá. Solo hay que esperar que ganemos hoy», cuenta Federico, que ya tiene organizada toda la logística para continuar el viaje si Argentina consigue el ansiado pase.
Para Martín, la experiencia ya superó cualquier expectativa. «Como vivo en Brasil, hasta ahora el Mundial 2014 había sido el más intenso, pero estaba trabajando en mi local. Ahora seguir a la Selección por todas las ciudades durante la Copa no tiene precio. Es la mejor experiencia de mi vida.»
Mientras tanto, a más de 8.000 kilómetros de Atlanta, Santiago Bergara sigue viviendo el Mundial casi con la misma intensidad que cuando compartía el viaje con sus amigos.
«Con los chicos seguimos teniendo contacto y subían fotos y videos del banderazo. Una cosa increíble… unas ganas de estar allá, tremendas», cuenta.
Aunque hoy aliente desde La Toma, asegura que nunca dejó de sentirse parte de la aventura. «Uno se sigue sintiendo parte del grupo. Este Mundial es muy especial. Ojalá podamos llegar al último día.»
Antes de la semifinal les envió un mensaje que resume el espíritu de esta historia. «Si entran a la cancha que lo disfruten. Es un Mundial único y muy especial para todos nosotros.»
Martín tampoco se olvida de sus raíces. «Sin dudas La Toma es mi raíz y por eso siempre que puedo vuelvo para allá. Un gran abrazo a todos… ¡Vamos Argentina!»
Hace apenas unas semanas, Federico, Martín y Santiago iniciaban esta aventura con la ilusión de acompañar a la Selección lo más lejos posible. Hoy, con la final asomando en el horizonte y Nueva York esperándolos si Argentina da un paso más, el viaje ya superó cualquier expectativa.
Para ellos este Mundial no se mide solamente en partidos ganados. Se mide en kilómetros compartidos, en videollamadas que acortan distancias, en abrazos con desconocidos vestidos de celeste y blanco, en noches sin dormir buscando una entrada y en la certeza de que, aunque uno aliente desde La Toma y dos lo hagan desde Atlanta, los tres siguen recorriendo juntos el mismo sueño mundialista.





