Con el Gobierno en crisis, suenan las alertas en el empresariado y la Corte Suprema

19 de abril de 2026

Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País

“Hay demasiados hombres, demasiada gente haciendo problemas. ¿No ves que esta es la tierra de la confusión?”, se preguntaba, hace cuatro décadas atrás y en plena competencia nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el grupo británico Génesis, en una de sus canciones más celebradas.

Cuarenta años después, y en un contexto mundial de parecido dramatismo, el estado de confusión parece alcanzar al empresariado, la clase política y también a la Justicia argentinas, en relación –claroal gobierno de Javier Milei, que por estas horas transcurre su tercera visita oficial a Israel, en apoyo a uno de sus más estrechos aliados internacionales, y dejando atrás siete diás en los que tuvo escasas razones para festejar.

La semana para el Gobierno empezó mal, con la para muchos inesperada derrota de Víktor Orban en su fallido intento para extender sus 16 años consecutivos de gobierno en Hungría. Aun no repuesto del trago amargo, y a través de la Cancillería, Milei extendió sus felicitaciones al nuevo presidente, Peter Magyar, combinadas con un inédito respaldo oficial al candidato perdedor. Orban fue, durante los últimos años, uno de los principales sponsors de los libertarios en el poder o fuera de él, activo miembro de la organización ultraderechista Cpac, desde la que se impulsaban acciones conjuntas, congresos, y la idea de un frente internacional con ideas comunes. Milei fue uno de sus mejores amigos, y parecen hoy lejanas aquellas imágenes del 19 de febrero, dónde se los veía entonar juntos una canción de Elvis Presley, en el contexto del Consejo por la Paz ideado por Donald Trump.

El martes, en el cierre del encuentro anual de Amcham, la cámara que nuclea a las empresas norteamericanas en el país, el Presidente lanzó una extraña advertencia, al afirmar que si no lo acompañaban (en las urnas de 2027, claro) volvería “al sector privado”, aunque luego matizó sus palabras afirmando que si el apoyo aparecía, escribiría “la página más importante en la historia argentina”. Un argumento repetido también por el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, que ya no recoge la misma pleitesía ni fervor incontenible en el ejército digital que encabeza su sobrino, el asesor presidencial Santiago Caputo.

La permanencia de Manuel Adorni en el gabinete –por orden de Javier y Karina Milei- sigue incomodando a sus pares en el gabinete nacional y se traslada a la militancia violeta, dividida entre quienes cumplen a rajatabla los designios de los hermanos en el poder, y quienes creen que las continuas denuncias contra el jefe de gabinete en sede judicial y en los medios no hace más que horadar la credibilidad de un Gobierno en crisis. Los tibios aplausos que recogió el Presidente ante el auditorio afín de Amcham no hicieron más que generar más confusión. Los empresarios apoyan con entusiasmo el sendero económico elegido, las reformas que favorecen inversiones millonarias en minería, energía o agroindustria, y el brutal recorte en el sector público para alcanzar el superávit fiscal, aunque dudan por la terca persistencia de la inflación (el 3,4 por ciento de marzo hizo evidente ruido) y se preocupan por la escasa predisposición del Presidente a generar cambios que generen mayor actividad económica, ante un consumo reducido al mínimo y con la clase media endeudada como hacía mucho tiempo no se veía.

Desde una posición menos extrema, también la Corte Suprema emite señales de preocupación, aún en medio de sus propias internas. El presidente del alto tribunal, Horacio Rosatti, enfatizó en el mismo foro de Amcham la necesidad de generar seguridad jurídica a través del “respeto a la división de poderes y el sistema republicano”, además de pedir el “acatamiento obligatorio de las decisiones de la Corte” a los tribunales inferiores. Más allá del mensaje hacia la Justicia del trabajo, que muchas veces desconoce sus fallos y obliga a recorrer todo un camino burocrático hasta terminar, otra vez, en la Corte, la advertencia también podría caberle al Gobierno, que incumple fallos de la Corte como el de los fondos para la ciudad de Buenos Aires en el litigio por la coparticipación federal, y recurre a ella para no hacer efectiva la millonaria recomposición de fondos para a las universidades nacionales, aprobada por una ley del Congreso.

La llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia sigue haciendo ruido en el ámbito judicial. “Nos resolvió la interna, ahora estamos todos en contra”, se habría desahogado, según testigos, uno de los miembros del Alto Tribunal, en un encuentro reciente. Para distintas voces políticas y judiciales, la velocidad que el juez federal Ariel Lijo imprime a la investigación contra Adorni por enriquecimiento ilícito se explica en la presencia de Mahiques en el gabinete. La “familia” judicial hubiese preferido a Guillermo Montenegro, cercano a Lijo y a los jueces federales, que tienen en sus manos el destino de Lijo y otras causas (Andis, $Libra) que complican al Gobierno.

El principal activo del Gobierno sigue siendo la dispersión opositora. Pero es evidente que los traspiés de la gestión y el malestar social creciente animan a distintos actores a plantarse en campo rival. Así se explican la gira del gobernador kirchnerista bonaerense Axel Kicillof por España y sus fotos con líderes de la izquierda como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, o las recorridas por Chaco y Corrientes que protagoniza por estas horas el ex presidente Mauricio Macri, con la intención de subir las acciones de Pro en todo el país. El bloque de Provincias Unidas, que lideran los gobernadores Martin Llaryora de Córdoba y Maximiliano Pullaro de Santa Fe, también viene generando movimientos (y reclamos al Gobierno nacional) a través del Consejo Federal de Intendentes. Tiene abierto el diálogo con peronistas como Miguel Angel Pichetto o Emilio Monzó, convencidos de la necesidad de una propuesta opositora unificada con chances de competir en las aún lejanas presidenciales del año próximo.

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