Denunció que un reconocido abogado lo estafó en casi $600 millones y entregó cheques sin fondo por unos $1000 millones

Elías Demetrio, el dueño de una agencia de vehículos de Villa Mercedes, sostuvo que en noviembre pasado le entregó a Pascual Celdrán y a algunos de sus socios 18 rodados. Afirmó que el penalista y los otros hombres vendieron todo y nunca le pagaron ni un peso.
26 de mayo de 2026
El denunciante Elías Demetrio y el letrado penalista Pascual Celdrán.

Un día está en la cima del mundo, con el ego super inflado, autoproclamándose «el mejor abogado penalista del planeta», y al siguiente salta a la luz una denuncia en su contra por un rosario de estafas, que tranquilamente podría dar dos vueltas al mundo en extensión y deja diminutos como una hormiga a tantos timadores accionistas de Wall Street. Y lo deja por el suelo.

Pascual Agustín Celdrán era conocido en Villa Mercedes por su rol como defensor de innumerable cantidad de imputados. Él siempre asumía el papel de abogado de alguna persona denunciada o detenida por orden de la Justicia penal, en causas que debido a su tenor y repercusión se volvían noticia. Pero desde este lunes es el renombrado letrado el que se convirtió en el protagonista del principal titular, no ya ubicado como el representante que litiga en nombre del sindicado, sino como el denunciado en sí.

Elías Demetrio, dueño de una concesionaria de la ciudad, hizo público a través de los cuatro vientos que Celdrán, junto a otros nueve hombres, lo estafó en casi 600 millones de pesos a través de un falso negocio con vehículos. Afirma que el abogado y sus socios, en resumidas cuentas, increíblemente lo convencieron de entregarles 18 rodados, que se comprometían a pagarle cuando concretaran sus ventas. Lo cierto, sostiene el comerciante, es que el letrado y compañía comercializaron todos los autos y él nunca vio un peso. Lo único que le dieron, como garantía, fue una parva de cheques sin fondo, que forman parte de los mil millones de pesos que el «doctor» ya ha entregado en cheques que, en realidad, no valen nada, aseguró.

Demetrio, que hace ocho años vive en Villa Mercedes y hace casi 30 años se dedica al comercio de rodados, contó que conoció a Celdrán cuando le vendió una camioneta, que le pagó con otros vehículos. Dijo que con el tiempo, con más precisión el año pasado, el asesor jurídico se contactó con él y le comentó su idea de tener una entrada de dinero paralela con la apertura de una concesionaria, a la par de unos conocidos.

En vista de que el denunciante trabaja con la entrega de rodados en consignación, el abogado le planteó la posibilidad de cederle algunos coches que, luego junto a sus asociados, se encargaría de vender. Una vez concretada cada venta le abonaría cada rodado. Como su reputación como conocido penalista lo precedía, el dueño de la agencia dijo que confió ciegamente en él. Error, según su palabra.

«Pascual se llevó trece vehículos y después Ramírez y Torres se llevaron los otros cinco que pagaron con cheques», indicó sobre la hazaña que consiguió el grupo de denunciados. Pero luego aclaró que tales cheques, algunos por siete y 12 millones de pesos, de diferentes cifras y en su mayoría firmados por Celdrán, se los dieron a modo de garantía.

En noviembre ya les había cedido los 18 rodados y para diciembre se percató de que todo era una estafa. «Tengo todas las publicaciones de cuando los ofrecían en Facebook, en Marketplace. Los vendían a diez, cuando yo se los entregué por veinte millones», relató. Con un valor a mitad de precio, lograron vender todo en un santiamén.

Sin embargo, cuando el denunciante le reclamaba al letrado lo único que le llovieron, aseveró, fueron excusas. «No, está en el taller» o «me están por pagar 500 mil dólares por lo del cereal”, se refería a la causa del campo «El Caburé», en la que el penalista era querellante.

—Che, vendiste los autos —aseguró que lo interpeló una vez que lo cruzó por la calle.

—Sí, los vendí. Pero todavía no me los pagaron y no salió la prenda —le habría respondido el abogado.

Relató que harto de que lo tuviera a las vueltas, el 19 de diciembre le envió una carta documento. Pero hasta hoy el escrito intimidatorio no tuvo contestación. Ya, en enero, redobló la apuesta, recurrió a la Justicia y lo denunció en la Unidad de Abordaje Fiscal. De parte de la justicia ordinaria tuvo la misma respuesta que con la carta documento: nada.

Demetrio señaló que nunca le informaron en qué fiscalía recayó la causa y en los tribunales nadie dice ni «mu». Sin embargo, según pudo confirmar este medio, la denuncia estaría en manos del fiscal instructor 3, José Olguín.

Como de lado de la Justicia no vio ni un movimiento, el comerciante decidió actuar por su propia cuenta para recobrar lo que es suyo. Citó a unos de los socios de Celdrán en la terminal de micros y, después, de un forcejeo consiguió manotearle la llave de un coche y así recuperarlo.

Al poco tiempo y como si fuera poco, el hombre al que le quitó la llave lo denunció por robo. «Yo soy el dueño. Yo tengo todos los papeles, el boleto de compra y venta con el titular, el 08, todo y me denunció por robo. Una cosa de locos», exclamó Demetrio.

Más insólito aún fue que por esa supuesta sustracción la fiscalía de Olguín se dignó a reaccionar. Dispuso el secuestro del automóvil. «La Policía vino y me lo llevó», señaló. Pese a todo, dijo que estaría mucho más tranquilo si todos los vehículos que le llevó el abogado y sus socios «estuvieran tirados en un baldío» que saber que están en la calle y, en cualquier momento, pueden desaparecer.

Mientras tanto refirió que tampoco se puede arrimar a Celdrán y «sus asociados» porque ya se ganó de su parte cinco denuncias por amenazas de muerte, que le valieron una restricción de acercamiento, expedida por la Justicia, por supuesto. Todo, a modo de ver del denunciante, forma parte de una jugada maestra del penalista para desacreditarlo a él. «Me denunció hasta la hija de uno de ellos, a quien yo ni conozco y dijo yo le iba pegar un tiro», comentó casi riendo de la sorpresa.

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