La campaña de girasol en la provincia de San Luis avanza con resultados que ya se ubican entre los más destacados de los últimos años, impulsada por un rendimiento promedio que rompe todos los registros recientes. Según el último informe semanal de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la provincia alcanzó un rinde de 2.270 kilos por hectárea, el más alto desde que se llevan estadísticas comparables, hace 17 años.
El dato no es menor. No solo confirma una mejora sustancial respecto a campañas previas, sino que también posiciona a este ciclo como un punto de inflexión en la productividad del cultivo en territorio puntano.
En términos de avance, la cosecha ya cubre el 50% del área sembrada, lo que equivale a unas 39.975 hectáreas recolectadas sobre un total implantado de 81.000. A pesar de pérdidas estimadas en 1.050 hectáreas, la producción acumulada asciende a 90.753 toneladas, reflejando el impacto directo de los altos rindes sobre el volumen final.
El rendimiento actual de 2.270 kilos por hectárea supera ampliamente los registros de campañas recientes y deja atrás una serie de ciclos con resultados más moderados. Por ejemplo, en la campaña 2023-2024 el promedio fue de 1.740 kg/ha, mientras que en 2022-2023 se ubicó en 1.650 kg/ ha.
Incluso al observar los años con mejores desempeños dentro de la última década, como el ciclo 2021- 2022 (2.070 kg/ha) o el 2018-2019 (1.930 kg/ha), el actual rendimiento logra superarlos con claridad, consolidándose como el más alto de toda la serie histórica reciente.
Este salto productivo adquiere mayor relevancia al considerar que, durante los últimos 15 años, los rindes oscilaron mayormente entre los 1.300 y los 2.000 kilos por hectárea, con campañas afectadas por factores climáticos adversos, variabilidad hídrica y limitaciones tecnológicas.
Si bien el informe no detalla causas específicas, el resultado responde a una combinación de variables que suelen incidir en este tipo de desempeños, como las condiciones climáticas favorables durante etapas críticas del cultivo, mejoras en la genética utilizada, manejo agronómico más eficiente y una adecuada disponibilidad de agua en momentos clave.
En este contexto, el girasol vuelve a posicionarse como una alternativa estratégica dentro de los esquemas productivos de la provincia, no solo por su estabilidad frente a escenarios climáticos variables, sino también por su capacidad de generar buenos resultados económicos cuando se combinan tecnología y ambiente.
Con la mitad del área aún por cosechar, las expectativas se mantienen altas. De sostenerse estos niveles de rendimiento, San Luis podría cerrar la campaña con uno de los mejores resultados globales de su historia reciente en girasol.
El desempeño actual no solo fortalece el perfil productivo de la provincia, sino que también envía una señal positiva hacia el sector agrícola en general, en un contexto donde la eficiencia y la optimización de recursos se vuelven cada vez más determinantes.
El girasol en su mejor momento
Con una producción que podría marcar un hito sin precedentes, el complejo girasolero argentino se encamina hacia una de las campañas más relevantes de su historia reciente, tanto en volumen como en proyección exportadora.
De acuerdo con la estimación de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP), que ubica la cosecha en torno a los 7,2 millones de toneladas, el país estaría frente al mayor registro histórico. En la serie estadística oficial, el pico productivo se había alcanzado en la campaña 1998/99 con 7,12 millones de toneladas.
Incluso bajo un escenario más conservador, como el planteado por la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, que proyecta 6,2 millones de toneladas, la actual campaña se posicionaría como la segunda mejor de la historia, superando los 6,1 millones de toneladas obtenidas en 1999/2000.
El salto productivo no solo responde a una mayor superficie o condiciones favorables, sino también a una mejora sustancial en los rindes. Mientras que hacia fines de los años ’90 los promedios se ubicaban en torno a los 1.700 kilos por hectárea, en las últimas campañas se consolidaron cerca de los 2.200 kg/ha. Este avance tecnológico y agronómico permite proyectar un renovado protagonismo de la Argentina en el comercio internacional del girasol, un mercado actualmente dominado por los países del Mar Negro.
En este contexto, la campaña comercial 2025/26 muestra señales de fuerte dinamismo desde sus primeras etapas. La abundancia de oferta reactivó el negocio de exportación de semilla, con 750.000 toneladas ya registradas para embarques durante el primer cuatrimestre del año. El sistema cooperativo tiene un rol central en este segmento, concentrando cerca del 60% del volumen anotado.
Entre los actores más activos se destacan la Unión Agrícola de Avellaneda, la Asociación de Cooperativas Argentinas y Agricultores Federados Argentinos, que capitalizan las oportunidades en un mercado que vuelve a ganar atractivo.
A nivel internacional, emergen nichos de demanda particularmente en Europa del Este. Países como Bulgaria y Rumania, afectados por problemas productivos, comenzaron a importar girasol argentino para su industrialización y posterior reexportación de subproductos. A esta dinámica también se suman mercados como Francia y los Países Bajos dentro de la Unión Europea.
Ante estos destinos exigentes, el sector exportador implementó estrictos sistemas de trazabilidad y controles de laboratorio, con el objetivo de garantizar el cumplimiento de los estándares comunitarios, especialmente en lo relativo a los límites máximos de residuos. La estrategia apunta a consolidar la reputación del producto argentino y minimizar riesgos comerciales.
Si bien este esquema implica resignar parte del valor agregado local, al exportarse semilla en lugar de subproductos, la industria aceitera avanza en un proceso de modernización y expansión de su capacidad instalada. Empresas como LDC y Molinos Agro ya han encarado inversiones en este sentido, anticipándose a una mayor disponibilidad de materia prima.
El protagonismo, de hecho, comienza a trasladarse hacia el mercado de aceites. En apenas dos meses y medio, la industria registró exportaciones por unas 400.000 toneladas, con un ritmo que supera no solo el promedio de las últimas campañas, sino también los registros de los mejores años.
Los datos muestran un fuerte incremento en las declaraciones de exportación. En enero, los volúmenes superaron en un 145% el promedio de los últimos siete años, mientras que en febrero el crecimiento alcanzó el 243%. Esta dinámica anticipa una campaña con elevado potencial exportador. En este escenario, las proyecciones indican que las ventas externas de aceite podrían alcanzar los 2 millones de toneladas, duplicando prácticamente los niveles registrados apenas tres campañas atrás. India se consolida como el principal destino de este producto, reforzando el perfil exportador del complejo.
Con estos números, el girasol vuelve a posicionarse como un actor clave dentro del agro argentino. De sostenerse las tendencias actuales, el complejo girasolero podría generar ingresos cercanos a los 3.200 millones de dólares, consolidando su aporte a la economía nacional y reafirmando su lugar en el comercio global.