El papa León XIV mantuvo ayer una comunicación telefónica con el presidente ruso, Vladimir Putin, en la que solicitó una tregua que permita brindar asistencia a la población afectada por la guerra en Ucrania.
Según informó la Santa Sede, el líder de la Iglesia católica pidió garantizar el ingreso de alimentos y suministros médicos, además de facilitar la evacuación voluntaria y segura de los civiles que se encuentran en zonas de riesgo.
Durante el diálogo, el Pontífice manifestó su “profunda preocupación por la grave crisis humanitaria” que atraviesa la ciudad ucraniana de Oleshky. También reafirmó el compromiso del Vaticano con la búsqueda de soluciones pacíficas a través del diálogo.
La conversación fue mientras León XIV permanece internado en el Policlínico Gemelli de Roma, donde se recupera de una intervención quirúrgica realizada el martes. Pese a su internación, el Papa mantuvo contacto con el mandatario ruso para abordar la situación humanitaria y la necesidad de proteger a la población civil.
El pedido se enmarca en los esfuerzos diplomáticos de la Santa Sede para promover el cese de las hostilidades y garantizar la asistencia a las personas afectadas por el conflicto.
Denuncia la falta de voluntad política frente al hambre
Por otro lado, León XIV envió un mensaje al director general de la FAO, Qu Dongyu, con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, en el que denunció la falta de voluntad política frente al hambre, según el título que encabezaba este viernes la portada del sitio oficial del Vaticano. Con una imagen de hambrientos en Palestina, abordó cuatro cuestiones clave, describe el sitio.
Ellas son “la paradoja del hambre en un mundo tecnológicamente avanzado, la necesidad de una innovación agrícola respetuosa con la creación, el acceso a la alimentación como derecho humano fundamental y el rechazo al uso de los alimentos como arma de guerra”.
Para el Papa, esta realidad no es solo un problema económico o técnico, sino también una crisis ética que exige revisar el modelo de desarrollo: “El progreso global, que avanza cada vez más rápido, va acompañado de la persistencia del hambre y la pobreza. Este no es un problema técnico ni económico, sino una profunda crisis antropológica y ética”.
