Enjuiciarán al hombre esquizofrénico que asesinó a su madre con un machete

Fabricio Rotte está imputado por asesinar a Marta Bossa de Rotte, de 69 años. De acuerdo con la hipótesis de la fiscalía, la apuñaló repetidas veces porque la mujer no le compró una gaseosa Pepsi.
12 de octubre de 2026
Cuando el acusado de 45 años fue retirado del área de salud mental del policlínico para ser alojado en la alcaldía.

Fabricio Rotte sigue detenido en el penal de San Luis, imputado por matar con un machete a su propia madre, Marta Bossa de Rotte. Le habían dicho que el día que lo juzguen la fiscalía no solicitaría para él una pena menor a la prisión perpetua. Esta semana, el fiscal de instrucción 1 de Villa Mercedes, Maximiliano Bazla Cassina, en una nueva audiencia dio por concluida la investigación por el matricidio y le pidió al juez de Garantías la elevación a juicio de la causa, con un pedido de pena sugerido de prisión perpetua.

El funcionario público ratificó la acusación por “homicidio doblemente calificado por el vínculo y por alevosía”. Señaló como único atenuante la falta de antecedentes penales y como agravantes las circunstancias en las que cometió el crimen, el estado de indefensión y de debilidad de la víctima cuando fue atacada. El problema de salud mental del hombre de 45 años, quien sufre de esquizofrenia, no jugó, ni mínimamente, como un factor a favor. según expuso.

Si bien el psiquiatra que lo evaluó las semanas posteriores al matricidio confirmó que padece de esquizofrenia, un trastorno mental que puede llevar a quien lo sufre a experimentar alucinaciones y delirios, visiones que pueden dificultar o alterar la capacidad de discernir entre lo que es correcto de lo que no lo es, no necesariamente convierte a la persona en inimputable.

El asesinato ocurrió el 18 de marzo, entre las 20:30 y las 21. Ese miércoles, tras el cruento crimen, una amiga con la que la víctima de 69 años había tomado mates la llamó por teléfono. Marcó una y otra vez, pero nadie atendió. Y eso era muy raro. Angustiada, con la sensación de que algo grave había sucedido, llamó a otro de los hijos de Marta. El hombre vive frente al domicilio donde residía su madre y el imputado.

Tras el llamado, se cruzó hacia lo de la jubilada, en Ivanowsky 120. Sin embargo no pudo entrar a la vivienda. Todas las aberturas estaban cerradas desde adentro. Consiguió abrir una reja, ubicada a un costado, y desde allí vio a su hermano. Estaba en el interior de la casa, bañado de sangre, y caminaba de un extremo a otro, como no sabiendo qué hacer.

“Su hermano le preguntó por la madre y él respondió: ‘no me quedó otra’”, detalló Bazla Cassina, como si no hubiera encontrado otra salida más que asesinar a la mujer. Al oír eso, el hermano del acusado se dirigió al fondo del domicilio. Ahí, desde el patio trasero, pudo ver el cuerpo de Marta, en el interior del inmueble.

Intentó ingresar, pero tampoco pudo. La puerta de ese lado trasero de la vivienda tenía un candado que había sido puesto desde adentro. Llamó a otro hermano y a la Policía. Con los efectivos y parte de su familia afuera, lograron convencer a Rotte para que abriera una de las puertas.

El matricidio fue feroz. El arma blanca, de unos 40 centímetros de longitud, no consiguió penetrar el cadáver de la jubilada porque no tenía filo. De todas formas, la violencia de los cuatro o cinco golpes que sufrió en la cabeza, fue la que la asesinó. Tan potentes fueron que le hundieron el hueso duro del cráneo. Su hijo también la había atacado con esa especie de machete en la espalda, la cintura y el pecho.

Según la teoría de la fiscalía, Rotte asesinó a Marta, porque ella no quiso que tomara su bebida favorita: una Pepsi. La mujer había comenzado a reducirle la cantidad de azúcar pensando en su salud, pues el imputado es diabético.

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