Femicidio por venganza: Piden reclusión perpetua para el acusado de matar a Anahí Robledo

El fiscal solicitó que Amado Raimundo Díaz sea juzgado cuanto antes por asesinar de 25 puñaladas a la adolescente de 17 años, en un intento deliberado de vengarse de su expareja, la madre de la chica.
30 de agosto de 2025

A 15 meses de un femicidio que sacudió, rompió la calma del tranquilo barrio Jardín del Sur de Villa Mercedes, el fiscal que investigó el crimen de Anahí Micaela Robledo Yuvero ya pidió la elevación a juicio de la causa para que juzguen al único sospechoso que tuvo siempre ese femicidio: Amado Raimundo Díaz. Mantuvo su acusación por “homicidio triplemente calificado, por alevosía, ensañamiento y venganza transversal”, un delito que rara vez se configura; como también extrañamente la pena que sugirió que le aplique un Tribunal en el futuro si lo declara culpable, es decir, reclusión perpetua.

Entre prisión y reclusión perpetuas la línea que las diferencia es muy fina, tanto que, en la práctica, la reclusión ya casi no existe. En tanto castigo es más severa que la prisión perpetua, porque excluye cualquier posibilidad de beneficio, como las salidas transitorias, y puede extender el encarcelamiento por tiempo indeterminado, incluso más allá de los 35 años.

El delito que los fiscales Leandro Estrada y Gisela Milstein consideran que cometió el hombre de 59 años puede resumirse, según su hipótesis, en que asesinó a la menor de edad, de la manera que lo hizo, pura y meramente por venganza hacia Isabel Elisa Yuvero, la madre de la víctima. El acusado mantuvo una relación sentimental con la mujer, pero ese vínculo se rompió. Al parecer, ella le puso punto final y él nunca quiso aceptarlo.

Por eso siempre buscaba mantener contacto con Isabel. De hecho, el año pasado, tanto el primer abogado del acusado como hasta el propio fiscal, contaron que se había convertido en una “relación de idas y venidas”. Pero para Díaz ese mínimo contacto al cual quedó reducido el vínculo no era suficiente. Quería más. Por eso, según contó la madre de Anahí, él la seguía, vigilaba sus movimientos y, para colmo, vivía a media cuadra de su casa. Sufrió “violencia psicológica” de parte de él que, además, de perseguirla en su auto, la celaba constantemente.

El jueves, en la audiencia de apertura y elevación a juicio, Estrada le mencionó al juez de Garantías, Alfredo Cuello, las pruebas que convierten a Diaz en el femicida de Anahí. Antes que nada, recordó que el crimen sucedió una fría mañana de otoño. Según la estimación de la data de la muerte y los registros fílmicos, la adolescente fue asesinada entre las 6:44 y las 6:55.

Reconstrucción

De acuerdo con la reconstrucción a la que arribaron los investigadores, el hombre salió del departamento que alquilaba, en calle Marcelino Guiñazú, antes de las 5 de la mañana. Salió en su auto Peugeot 206. Fue registrado por una cámara de video que tiene ese complejo de departamentos. El hombre se dirigió a Mitre y Ardiles, a vigilar si su expareja. Ella estaba en su trabajo, un gimnasio del centro de la ciudad.

Dejó el auto allí o en cercanías, y volvió a pie a su barrio. No fue hasta su domicilio, sino que se dirigió a la casa 23, de la manzana 6050, la vivienda donde su ex residía con su hija. En el domicilio solo estaba la chica, durmiendo en un sillón futón. Estrada explicó que Díaz no tuvo que forzar ninguna puerta, porque él contaba con una llave. Por eso también Anahí nunca se percató de su entrada, sino que siguió durmiendo.

Fue allí, mientras la chica estaba indefensa, sumida en un sueño profundo, que el homicida se colocó encima de ella y comenzó a clavarle un cuchillo. Todas las lesiones fueron en el costado derecho del cuerpo y rostro de la joven. Eso último significa que el femicida era zurdo, tal como lo es Díaz.

La apuñaló 25 veces, pero solo dos de esas heridas resultaron mortales, determinó la médica forense. La chica falleció en cuestión de minutos por una hemorragia incontrolable que le produjeron esa par de estocadas fatales, lo que en el mundo forense llaman “un shock hipovolémico”.

Luego de eso, Díaz salió de la casa vestido con un pantalón y unas zapatillas distintos a esos con los que había entrado y una bolsa en mano. “A criterio de este Ministerio, en esa bolsa estaba el jogging y el arma homicida”, que nunca encontraron los investigadores, señaló el fiscal instructor.

Lo que sí conservó fue su campera azul petróleo. El color de esa prenda era tan oscuro que, a simple vista, no era fácil distinguir que tenía varias manchas de sangre. Los policías del Departamento de Homicidios lo notaron en un allanamiento posterior que hicieron tras el día del crimen.

Los análisis de los Laboratorios Puntanos establecieron que esos rastros hemáticos tienen el mismo ADN que el de Anahí, el cual heredó de su padre, Javier Robledo. La presencia de ADN también fue hallada en las muestras de uñas que tomaron tanto de la víctima como del imputado.

Una contradicción sin responder

El 23 de mayo, alrededor de las 15, Isabel regresó a su casa y halló el cadáver de su hija debajo del futón, cubierto de sangre. Aunque el fiscal no lo mencionó en la audiencia del jueves, en otras oportunidades admitió que a la primera persona que llamó la mujer fue a Díaz. El hombre fue hasta el domicilio, pero no entró. “¿Entonces, por qué tenía la campera con manchas de sangre de la víctima?”, planteó Estrada.

A su turno, sin dar explicaciones de por qué, el nuevo defensor del acusado, Bautista Rivadera, dijo que no plantearía ninguna objeción a lo expuesto por la fiscalía, pero insistió en que su cliente es inocente y que, en el debate oral, eso quedará comprobado.

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