Fundación de San Luis y primeros pasos de la ciudad

15 de junio de 2026
Martín Federico Baca en el ciclo de charlas "San Luis en diálogo"

EXPOSICIÓN DE
Martín Federico Baca

El pasado viernes comenzó el ciclo de charlas “San Luis en diálogo” que organiza la Municipalidad de San Luis con el acompañamiento de Atípika Cultural y Todo Un País, en el Centro Cultural José La Vía.

El ciclo programado como un espacio abierto para hablar sobre la identidad de San Luis se realiza todos los viernes a partir de las 17:30 con entrada libre y gratuita, y tendrá esta semana la disertación del profesor Néstor Menéndez quien hablará sobre otra versión de la fundación de la capital puntana.

La primera actividad fue desarrollada por el investigador y divulgador Martín Baca y contó con un numeroso público entre vecinos, historiadores, personalidades vinculadas con el ámbito de los estudios históricos y alumnos. Todo Un País recrea en sus páginas el desarrollo de esa primera disertación.

El siguiente texto corresponde a una versión editada de la conferencia brindada por el investigador y divulgador histórico, Martín Federico Baca en el marco del ciclo “San Luis en Diálogo”, organizado por la Municipalidad de la Ciudad de San Luis. La presente transcripción conserva el contenido y el espíritu de la exposición original, con ajustes de estilo destinados a facilitar su lectura.

Muchas gracias. Muy buenas tardes. Es un gusto estar en este lugar que, más que un centro cultural, considero una casa. Muchos de los que estamos aquí hemos pasado alguna vez por esta antigua estación de trenes: hemos viajado, recibido familiares o despedido a amigos. Por eso este espacio tiene un valor afectivo especial para los puntanos y constituye hoy un importante lugar de encuentro para la ciudad y la provincia.

Quiero agradecer al intendente Gastón Hissa por la invitación y por esta iniciativa denominada “San Luis en Diálogo”, que busca generar espacios de intercambio con investigadores, escritores y personas que puedan aportar conocimientos sobre nuestra historia, nuestra cultura y nuestra identidad.

Cuando me propusieron hablar sobre la fundación de San Luis pensé que se trataba de un tema que habitualmente abordamos más cerca del mes de agosto, cuando se conmemora el aniversario de la ciudad. Sin embargo, entendí que dentro de un ciclo impulsado por la Municipalidad resulta muy oportuno reflexionar sobre los orígenes de la ciudad, porque muchas veces hablamos de la fundación de San Luis sin detenernos a pensar exactamente qué fue lo que se fundó.

Lo primero que debemos aclarar es que en 1594 no se fundó una provincia: se fundó una ciudad. La provincia, tal como la conocemos hoy, es una construcción política e institucional posterior. En aquel momento lo que se creó fue un núcleo urbano, el primer asentamiento organizado que daría origen al desarrollo posterior del territorio puntano.

Según diversos documentos históricos, ese asentamiento se ubicó en las cercanías del río Chorrillo, en un paraje conocido como La Punta de los Venados. Es importante comprender que no se trataba de un territorio vacío. Existían caminos, circulación de personas, intercambio de ganado y conexiones entre distintas regiones. La fundación vino a formalizar administrativamente una realidad que ya tenía movimiento humano y económico.

Con el tiempo surgió uno de los debates históricos más conocidos de San Luis: el de la fundación y los posteriores traslados del asentamiento. Mi posición es que hubo una fundación y que posteriormente la ciudad fue modificando su ubicación dentro de la misma región debido, entre otras razones, a las dificultades que generaban las crecientes de los cursos de agua.

Los primeros pobladores debieron convivir con esas dificultades naturales. Las crecientes afectaban el asentamiento y obligaron a buscar espacios más seguros. Esa necesidad fue determinante en el desarrollo posterior de la ciudad.

El traslado y la consolidación urbana

Uno de los aspectos que suele generar confusión cuando se habla de los orígenes de San Luis es la idea de que existieron varias fundaciones. En realidad, lo que encontramos en la documentación histórica es una fundación y distintos procesos de asentamiento y reorganización urbana.

La fundación de la ciudad de San Luis se atribuye tradicionalmente a Luis Jufré de Loaysa y Meneses, quien en 1594 estableció el asentamiento en nombre de la Corona española. A partir de ese acto fundacional comenzó el proceso histórico que daría origen a la actual capital puntana.

Sin embargo, el lugar exacto del primer asentamiento y la evolución posterior de la ciudad han dado lugar a debates historiográficos que continúan hasta nuestros días. Parte de esas discusiones se vinculan con los traslados que experimentó la población durante las décadas posteriores y con el proceso de organización urbana que tuvo lugar a fines del siglo XVII.

Los primeros pobladores se instalaron en una zona vinculada al río Chorrillo. Sin embargo, las crecientes representaban un problema permanente. Debemos recordar que en aquella época no existían los diques que hoy regulan el curso de las aguas. Las lluvias en las sierras provocaban desbordes que afectaban seriamente a los pobladores.

Con el paso del tiempo, la necesidad de buscar terrenos más seguros llevó a un desplazamiento hacia sectores más elevados. Ese proceso fue dando forma al núcleo urbano que posteriormente se consolidaría como la ciudad de San Luis.

A fines del siglo XVII aparece una figura clave en esta historia: Martín González de Poveda. Cuando atravesó San Luis rumbo a Chile, advirtió las dificultades que presentaba el asentamiento existente y promovió una reorganización urbana que resultaría fundamental para el desarrollo posterior de la ciudad.

Su intervención permitió ordenar el espacio urbano, repartir solares y establecer una estructura más definida. Allí aparece uno de los elementos esenciales de toda ciudad hispanoamericana: la plaza.

La plaza no era simplemente un espacio abierto. Constituía el corazón de la vida política, religiosa y social. Alrededor de ella se ubicaban las instituciones más importantes: la iglesia, el cabildo y las principales dependencias públicas.

Por eso considero que la labor de González de Poveda marcó un punto de inflexión. Más allá de los debates historiográficos, fue uno de los momentos en que San Luis comenzó a adquirir una organización urbana más clara y permanente.

La Plaza Mayor y el nacimiento del casco histórico

La actual Plaza Independencia conserva el carácter de aquella antigua plaza mayor que dio origen al casco histórico de la ciudad. Cuando observamos hoy ese espacio debemos hacer el esfuerzo de imaginarlo en un contexto completamente distinto. No existían las instituciones modernas, ni la organización política que conocemos actualmente. San Luis formaba parte de una estructura colonial vinculada al Virreinato del Perú y posteriormente al Virreinato del Río de la Plata.

La plaza era el centro de la vida pública. Allí se desarrollaban las ceremonias, los actos oficiales y las actividades comunitarias más importantes. Era el punto de referencia para todos los habitantes.

Frente a ella se encontraban los edificios fundamentales de la época. La Iglesia Matriz ocupaba un lugar central dentro de ese esquema urbano, mientras que el Cabildo representaba la autoridad política local.

Muchas veces imaginamos el Cabildo como un edificio monumental, similar al de Buenos Aires. Sin embargo, en ciudades pequeñas como San Luis las estructuras podían ser mucho más modestas. Lo importante era la existencia de la institución, no necesariamente la magnitud arquitectónica del edificio.

Siempre recuerdo una reflexión del arquitecto Pérez Camargo que resume muy bien esta cuestión: si hay ciudad, hay cabildo. Y si hay cabildo, existe una organización política que permite hablar de una verdadera comunidad urbana.

Por eso la Plaza Independencia sigue siendo uno de los espacios más significativos de la memoria histórica puntana. Allí se encuentran las raíces institucionales de la ciudad.

Santo Domingo y la presencia dominica

Otro de los pilares fundamentales en la historia de San Luis es la presencia de la Orden Dominicana. Los dominicos fueron la comunidad religiosa que logró una permanencia más prolongada e influyente en la vida de la ciudad. Su acción no se limitó al plano espiritual: también tuvo una enorme importancia cultural, educativa y social.

La iglesia de Santo Domingo constituye uno de los testimonios más valiosos de esa presencia histórica. Aunque el edificio fue objeto de reformas y modificaciones a lo largo de los siglos, conserva una profunda carga simbólica para los puntanos.

Muchas veces se generan confusiones respecto de las distintas órdenes religiosas que actuaron en la región. Los jesuitas tuvieron presencia en determinados momentos y lugares, pero fueron los dominicos quienes dejaron la huella más profunda y permanente en la ciudad de San Luis.

El templo de Santo Domingo está dedicado a Nuestra Señora del Rosario, una advocación estrechamente vinculada a la tradición dominica. Con el paso del tiempo, el edificio fue adquiriendo distintos rangos dentro de la organización eclesiástica hasta convertirse en uno de los principales centros religiosos de la provincia.

Cuando observamos ese templo debemos entender que no se trata solamente de una construcción antigua. Es una pieza fundamental de la memoria colectiva puntana y uno de los pocos testimonios materiales que permiten reconstruir los primeros siglos de nuestra historia.

La preservación de estos espacios resulta esencial para comprender quiénes fuimos y cómo se fue formando la identidad de San Luis.

La Catedral y la transformación de la ciudad

La actual Catedral de San Luis ocupa un lugar central en la historia urbana de la capital puntana. Sin embargo, es importante recordar que originalmente no fue concebida como catedral, sino como una nueva Iglesia Matriz destinada a reemplazar al antiguo templo que había quedado deteriorado con el paso del tiempo.

La construcción comenzó durante las últimas décadas del siglo XIX, en una etapa en la que la ciudad buscaba modernizarse y consolidar nuevas instituciones. Quienes impulsaron aquella obra no sabían todavía que el edificio terminaría convirtiéndose en la sede de una futura diócesis.

Por eso, cuando hablamos de la Catedral, debemos comprender que primero existió el proyecto de una nueva matriz y que recién años después, con la creación de la diócesis, el templo adquirió el rango catedralicio.

La construcción demandó décadas de trabajo. Como ocurrió con muchas obras públicas y religiosas de la época, su contrucción atravesó distintas etapas. No fue una obra concebida para resolverse en pocos años, sino el resultado de un largo proceso de crecimiento institucional de la ciudad.

La aparición de la nueva Iglesia Matriz modificó profundamente el paisaje urbano. La ciudad comenzó a desplazarse simbólicamente hacia el norte, generando un nuevo centro de atracción alrededor de la plaza que luego llevaría el nombre de Juan Pascual Pringles.

Ese proceso acompañó la transformación de San Luis en una ciudad cada vez más integrada a los cambios económicos y políticos que atravesaba el país a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

El Parque Pringles y la nueva centralidad urbana

La Plaza Independencia había sido durante siglos el corazón de la ciudad. Sin embargo, hacia finales del siglo XIX comenzó a surgir un nuevo espacio público que modificaría el eje de la vida urbana.

Frente a la nueva Iglesia Matriz se desarrolló el antiguo Parque de las Flores, que más tarde sería conocido como Plaza Pringles. Allí empezó a concentrarse buena parte de la actividad social y cívica de la ciudad.

Las gestiones públicas de la época impulsaron ese crecimiento mediante la construcción de edificios, paseos y monumentos que buscaban proyectar una imagen moderna de San Luis.

La plaza se convirtió rápidamente en uno de los espacios más representativos de la capital y terminó consolidándose como uno de los principales símbolos urbanos de la provincia.

La colocación del monumento ecuestre al coronel Juan Pascual Pringles reforzó aún más esa centralidad. La obra, inaugurada en 1912, respondió a una práctica muy frecuente en la Argentina de principios del siglo XX: rendir homenaje a los héroes provinciales mediante monumentos financiados o promovidos desde el Estado nacional.

Con el tiempo, la Plaza Pringles se transformó en el gran escenario cívico de la ciudad y en el punto de referencia para generaciones de puntanos.

Los monumentos ecuestres y la construcción de la memoria

San Luis posee una particularidad que pocas provincias comparten: cuenta con cuatro monumentos ecuestres dedicados a figuras centrales de su historia. Dos de ellos se encuentran en la capital provincial y los otros dos en Villa Mercedes.

El primero es el monumento al coronel Juan Pascual Pringles, ubicado en la plaza que lleva su nombre. El segundo corresponde al general José de San Martín, emplazado en Plaza Independencia. Los otros monumentos recuerdan a Juan Esteban Pedernera y nuevamente a San Martín en Villa Mercedes.

Más allá de su valor artístico, estos monumentos forman parte de una política de construcción de memoria histórica que se desarrolló durante las primeras décadas del siglo XX. Cada uno de ellos representa una determinada mirada sobre el pasado provincial y sobre los personajes considerados fundamentales para la identidad puntana.

En el caso de Pringles, el homenaje reconoce a uno de los máximos héroes militares nacidos en San Luis. En el de Pedernera, se destaca la figura del militar y presidente de la Confederación Argentina. Y en el de San Martín, se reafirma el vínculo histórico entre la provincia y la gesta emancipadora.

Estos monumentos no sólo recuerdan personas. También expresan valores, ideales y tradiciones que distintas generaciones quisieron transmitir a través del espacio público.

El ferrocarril y la llegada de la modernidad

Pocas obras transformaron tanto a San Luis como el ferrocarril. La estación de trenes se convirtió en una de las principales puertas de entrada a la provincia y modificó la dinámica económica, social y urbana de la ciudad.

Para miles de puntanos fue el lugar de llegada y despedida de familiares, trabajadores, estudiantes y soldados. También fue el punto de contacto con Buenos Aires y con el resto del país en una época en la que los viajes por carretera todavía eran muy limitados.

La construcción de la nueva estación durante las primeras décadas del siglo XX marcó un salto de escala para la ciudad. Su arquitectura, sus dimensiones y su ubicación reflejaban la importancia que el ferrocarril tenía dentro del proyecto nacional de integración territorial.

Junto con la estación apareció otro elemento urbano fundamental: la diagonal que conecta el sector ferroviario con el centro de la ciudad. Esa arteria permitió vincular la nueva estación con la Plaza Pringles y generó una circulación que continúa funcionando más de un siglo después de su creación.

Cuando observamos hoy la estación, la diagonal, la Plaza Pringles y la Catedral, estamos viendo piezas de un mismo proceso histórico: el paso de una pequeña ciudad de raíces coloniales a una capital provincial que buscaba incorporarse a la modernidad argentina.

Ese crecimiento no fue inmediato ni lineal. Fue el resultado de décadas de inversiones, decisiones políticas y esfuerzos colectivos que terminaron definiendo gran parte de la fisonomía urbana que conocemos en la actualidad.

La casa de Tomás Luis Osorio y la adhesión a la Independencia

Entre los sitios históricos más significativos de la ciudad se encuentra el solar donde estuvo ubicada la casa de Tomás Luis Osorio. Más allá de las transformaciones urbanas ocurridas con el paso de los años, ese lugar conserva un valor simbólico fundamental para la historia política de San Luis.

Osorio fue una de las figuras destacadas de la sociedad puntana de comienzos del siglo XIX y su vivienda quedó asociada a distintos acontecimientos vinculados al proceso revolucionario.

Según la tradición histórica y diversos documentos, allí residió durante varios años el teniente gobernador Vicente Dupuy, una de las figuras centrales del período de la Independencia. Desde ese ámbito se desarrolló buena parte de la actividad política local en momentos decisivos para el destino de las Provincias Unidas.

La importancia del lugar adquiere una dimensión especial en 1816. Luego de la declaración de la Independencia realizada el 9 de julio en Tucumán, las distintas jurisdicciones comenzaron a expresar formalmente su adhesión al nuevo Estado.

En San Luis, ese acto de adhesión se concretó el 24 de agosto de 1816. De esta manera, la provincia manifestó oficialmente su respaldo a la declaración aprobada por el Congreso de Tucumán y se integró plenamente al proyecto político emancipador que impulsaban los patriotas.

Ese acontecimiento suele pasar inadvertido frente a los grandes hechos nacionales, pero tuvo una enorme relevancia para la consolidación institucional de las Provincias Unidas. Cada adhesión fortalecía la legitimidad de la declaración independentista y otorgaba mayor respaldo político a las autoridades revolucionarias.

Por eso la casa de Tomás Luis Osorio ocupa un lugar destacado dentro de la memoria histórica puntana. Allí convergen la historia local y los grandes acontecimientos que marcaron el nacimiento de la Argentina.

San Luis y la causa emancipadora

Cuando se analiza la participación de San Luis en la Independencia, muchas veces se busca me dirla exclusivamente en términos militares. Sin embargo, el aporte puntano fue mucho más amplio.

La provincia contribuyó con hombres, recursos, animales, alimentos y materiales indispensables para sostener el proyecto impulsado por José de San Martín.

En numerosas ocasiones se ha señalado que San Luis fue una de las jurisdicciones que más esfuerzo realizó en proporción a sus posibilidades. No se trataba de una región rica ni densamente poblada. Precisamente por eso, cada aporte realizado implicaba un sacrificio considerable para sus habitantes.

Las campañas militares demandaban caballos, mulas, ganado, alimentos y mano de obra. Todo ello debía salir de una sociedad pequeña que, al mismo tiempo, necesitaba sostener su propia subsistencia.

Por esa razón algunos historiadores sostienen que San Luis se inmoló por la causa de la Independencia. La expresión puede resultar fuerte, pero busca reflejar el enorme esfuerzo que realizó una comunidad relativamente reducida para colaborar con un proyecto continental.

Las consecuencias de aquel compromiso se hicieron sentir durante buena parte del siglo XIX. La provincia atravesó períodos difíciles y quedó relegada frente a otras regiones que contaban con mayores recursos económicos y demográficos.

Sin embargo, esa participación también forma parte del orgullo histórico puntano. La contribución realizada al Ejército de los Andes y al proceso emancipador constituye uno de los capítulos más valorados de la memoria provincial.

Comprender el pasado en su contexto

A lo largo de toda esta exposición intenté insistir en una idea que considero fundamental para el estudio de la historia. Con frecuencia observamos el pasado utilizando categorías, valores e instituciones propias del presente. Sin advertirlo, suponemos que las ciudades, las provincias, las fronteras y las organizaciones políticas siempre fueron iguales a las que conocemos hoy.

Sin embargo, la historia exige realizar el ejercicio contrario: comprender cada época en sus propios términos. La San Luis de 1594 no era la San Luis actual. Tampoco lo era la de 1691, la de 1810 o la de comienzos del siglo XX. Cada una respondió a circunstancias diferentes, a problemas distintos y a formas particulares de entender la organización social y política.

Por eso resulta tan importante preservar los documentos, los edificios históricos, los monumentos y los sitios patrimoniales. Todos ellos nos permiten reconstruir una realidad que ya no existe, pero que sigue influyendo sobre nuestra identidad.

Cuando observamos la Plaza Independencia, la Catedral, Santo Domingo, la antigua estación de trenes o los monumentos históricos de la ciudad, no estamos viendo solamente construcciones materiales. Estamos contemplando las huellas de generaciones que fueron dando forma a la comunidad que hoy habitamos.

Conocer esa historia no significa quedarse en el pasado. Significa comprender mejor quiénes somos, de dónde venimos y cuáles fueron los esfuerzos que permitieron construir la ciudad y la provincia que conocemos en la actualidad.

Esa es, en definitiva, la importancia de volver una y otra vez sobre los orígenes de San Luis: no para repetir fechas o nombres, sino para entender el proceso histórico que hizo posible nuestra identidad colectiva.

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