Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País
La semana política comenzó con un desafío. Y terminó, según sus protagonistas principales –Karina Milei y Patricia Bullrich- deponiendo armas y protagonizando una tregua concreta, aunque de difícil pronóstico.
“No es grave, y hasta nos puede servir lo que hizo Patricia para retener votos republicanos”, reflexionaban, hacia el fin de semana, cerca de la poderosa secretaria general de la Presidencia, siempre con la mente puesta en el sonoro rechazo de Bullrich a apoyar el retiro del pliego de María Verónica Michelli, vetada por Karina Milei por ser la cuñada del periodista Hugo Alconada Mon.
En el karinismo ya sabían que también Bullrich, jefa del bloque libertario en el Senado, había decidido bajar un cambio, luego de la foto con sonrisas que ambas protagonizaron el miércoles en la Casa Rosada. El pliego de Michelli terminó aprobándose el jueves en la Cámara alta, con la abstención de Bullrich por “cuestiones de conciencia”. Un gesto que fue tomado con enojo por varios de sus propios partidarios, pero que generó alivio en Balcarce 50.
“No nos sorprende. A medida que se acerque 2027 cada uno atenderá su juego”, reflexionaba un amigo del presidente Javier Milei, que cada vez pareciera tener más trabajo en el intento por armonizar a las distintas tribus que componen el universo libertario.
La tregua, por cierto, no elimina la desconfianza de Karina y sus leales: la sinuosa trayectoria de Bullrich, del PJ revolucionario en los años setenta a esta actualidad de militancia libertaria, los lleva a estar atentos a sus jugadas, siempre tendientes a concretar el sueño de llegar, luego de medio siglo de actividad política, al premio mayor, el sillón de Rivadavia que los Milei intentará retener en las presidenciales del año que viene.
Mientras niegan que su jefa esté preparando la salida, cerca de Bullrich dejan en claro que la ex ministra de Seguridad “siempre va a ir de frente y señalar lo que le parece mal”. Lo hizo con el pedido al jefe de gabinete, Manuel Adorni, para que muestre su declaración jurada (cosa que el funcionario no concretó hasta el momento), con el rechazo al retiro del pliego de Michelli (del que le avisó al Presidente en una charla a solas) y también acompañando con su presencia el pedido de periodistas de la sala de prensa de la Casa Rosada, cuando el 23 de abril pasado les fue cerrado el acceso por orden del Presidente. Gestos de diferenciación que, recalcan en el entorno de Bullrich, no están acompañados por una orden de salida masiva del espacio oficialista.
En el delicado camino que sigue para reforzar su carácter autónomo –y defender su 20 o 25 por ciento de votos propios, como afirmaba esta semana uno de sus dirigentes de confianza-Bullrich encontró un aliado ocasional en el asesor presidencial Santiago Caputo, que mantiene su lugar en el Gobierno, pero algo desteñido por orden de Karina Milei. Sólo así se explica el celo con el que la Inspección General de Justicia (IGJ), manejada a distancia por la hermana del Presidente, revisa los balances de la Fundación Faro, el think thank libertario que tiene a Agustín Laje como cabeza visible, y a Francisco Caputo (hermano del consejero presidencial) como responsable desde las sombras.
Un claro indicio de que la histórica tensión entre Karina Milei, que tiene a Caputo entre ceja y ceja, y el denominado Mago del Kremlin está lejos de aplacarse.
Mientras sostiene el optimismo por los datos de la macroeconomía conocidos la semana pasada –baja del riesgo país, dólar planchado, recaudación en leve alza, inversiones internacionales en sectores como energía, minería y agroindustria-el Gobierno activa sus contactos en el Congreso.
La misión del ministro del Interior, Diego Santilli, en sus constantes rondas de diálogo con los gobernadores, es clara: allanar el camino para la eliminación (o al menos la suspensión) de las Paso, una poderosa herramienta que buena parte de la oposición necesita como el agua para dirimir sus tensiones internas.
Esta semana, en la Casa Rosada se notó cierto pesimismo, tomando en cuenta que ni el macrismo ni la UCR (ambos en proceso de reconstrucción interna) parecen, por el momento, entusiasmados con la idea. El ex presidente y líder de Pro Mauricio Macri, por caso, pasó por la provincia de Santa Fe, y para mostrar que su campaña del “próximo paso” va en serio posó para las fotos con el gobernador radical Maximiliano Pullaro, uno de los protagonistas del espacio Provincias Unidas.
Antes de viajar por dos semanas al mundial de futbol (sigue siendo titular de la Fundación FIFA), el ex presidente se llevó de Santa Fe la promesa de un eventual apoyo, a cambio de que sea él, y no algún candidato “muletto”, quien juegue en las presidenciales contra los Milei en 2027.
Ni hablar del kirchnerismo-peronismo, que necesita la continuidad de las Paso mientras no encuentra la forma de administrar los conflictos entre el gobernador bonaerense Axel Kicillof y los leales a la ex presidenta Cristina Kirchner.
Esta semana, la indignación del kicillofismo fue mayúscula: aliados a los libertarios, los cristinistas impulsaron en el concejo deliberante de la localidad bonaerense de Morón la interpelación del intendente Lucas Ghi, que trabaja para el proyecto presidencial del gobernador bonaerense. “Una locura, ¡se juntaron con los libertarios!”, expresaba uno de los leales al gobernador bonaerense.
La tregua entre Kicillof y Cristina, que muchos daban por hecho, parece, hoy, una utopía. Furiosa porque el gobernador no defiende su libertad ni critica su “proscripción”, la ex presidente ordena desde su prisión domiciliaria de San Juan 1111 los ataques contra su ex “hijo político”. El gobernador, en tanto, está empecinado en no darle a Cristina lo que pide para abrochar un acuerdo electoral: un lugar en la fórmula presidencial, o el candidato a suceder a Kicillof en la gobernación bonaerense.









