Marcelo Leonel Salinas admitió, de cierta manera, que el 23 de noviembre pasado atacó a Jessica Janet Salinas, la sangre de su sangre: su hermana. No dio detalles cuando declaró ante el tribunal de Villa Mercedes que lo juzga por lo que hizo esa tarde noche de domingo. Pero el relato de la víctima y las pruebas reunidas por la fiscalía demostraron que intentó asfixiarla estrangulándola con sus manos y le cortó y la apuñaló con trozos de vidrios en distintas partes del cuerpo. Para el fiscal Ernesto Lutens está claro que trató de asesinar a la mujer aquel día. El acusado no negó la agresión, pero no se centró en eso cuando pidió hablar ante los jueces. Recalcó el buen vínculo que tiene con su hermana, su familia y también mencionó que sufre día a día el flagelo de ser adicto a las drogas. En tres días sabrá si su testimonio llegó a hacer mella en los magistrados o si, por el contrario, lo condenan a 10 años de cárcel por “homicidio doblemente calificado por ensañamiento y alevosía en grado de tentativa”, tal cual requirió la fiscalía.
Lutens recordó cómo fue la agresión en la que le produjo “doce cortes y nueve lesiones contusas” a Jessica, de 35 años. La mujer y su familia, incluido el acusado, habían pasado el día en el Parque Costanera Río Quinta el 23 de noviembre en cuestión. Habían almorzado y también tomado alcohol, pero de manera moderada.
Al caer la tarde, la víctima decidió regresar a su domicilio de la esquina de Italia y Paul Harris. Llegó y, sin más demoras, se fue directo a la cama. Su habitación está ubicada al fondo de ese inmueble. Un rato después, aproximadamente a las 19:20, una fuerte opresión en el cuello, la falta de aire y el instinto de supervivencia la despertaron de cuajo.
Cuando abrió los ojos, sin entender lo que pasaba, vio que tenía a su hermano encima. El joven de 26 años la estrangulaba con sus manos. Dejó de ahorcarla para pegarle unas trompadas y partió una botella, que estaba a un costado de la cama, para clavarle luego los vidrios.
En el acotado espacio que le quedaba para defenderse, la mujer logró forcejear y así consiguió librarse de su agresor. Pero no pudo huir. La pérdida constante de sangre, la dejaron sin fuerzas. Su vista se nubló y se desplomó en el suelo.
Su hermano se quitó su remera, la tiró en el piso y huyó. Escapó por las calles como si no hubiera mañana, con el torso desnudo y bañado de sangre, que no era suya sino de Jessica.
Los vecinos lo vieron y entraron a ayudar a la mujer. Mientras uno llamaba a la Policía, otro salió detrás del imputado. Lo siguió en una moto hasta que, en un fugaz recorrido, los efectivos de la División Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM) interceptaron a Salinas, en inmediaciones de la estación de servicio Casale.
El fiscal de juicio remarcó que las lesiones no fueron accidentales y señaló que el hombre atacó a su hermana sobre seguro, es decir, que lo hizo consciente del estado de indefensión de ella y garantizando el éxito de la agresión, pues la sorprendió cuando estaba sumida en el sueño.
La defensora oficial 1, Eliana Pradel, por el contrario, se apoyó en el informe médico forense para argumentar que la vida de Jessica jamás estuvo en juego porque las lesiones no fueron así de graves. Le pidió, entonces al tribunal, que el delito sea calificado como “lesiones” y que su asistido sea absuelto por homicidio.
Añadió que, en todo caso, su defendido sea juzgado por un intento de asesinato y que tengan en consideración que carece de antecedentes penales y carga con serios problemas de salud mental y adicción a sustancias. El martes, al mediodía, las juezas Cintia Martín, Daniela Estrada y Sandra Ehrlich, darán a conocer su veredicto.








