Claudio Poggi le puso una fecha límite a su propio poder: si avanza la reforma constitucional que anunció en la apertura de sesiones en la Legislatura, nadie podrá ejercer la gobernación durante más de dos mandatos, sean consecutivos o alternados. Esa propuesta trae un gesto de autoexclusión: aún si reelige en 2027 y la reforma es posterior, ya no será candidato ni en 2031 ni en el futuro.
Dicho con otras palabras: bajo el espejo del modelo estadounidense, Poggi busca clausurar la era de las hegemonías personales en San Luis y proyectar un futuro político mucho más ceñido a las instituciones que a los apellidos.
Ese cerrojo institucional podría tener una grieta interpretativa sobre Alberto Rodríguez Saá (cuatro veces gobernador) y Adolfo Rodríguez Saá (cinco veces gobernador). Sin embargo, fuentes oficiales adelantaron que la iniciativa no será retroactiva. Es decir que, mientras Poggi se retira por anticipado, cualquiera de los hermanos conserva su derecho a volver.
Cada cuatro años
Poggi presentó la reforma en una consigna amplia: “apuntalar una mayor institucionalidad en los poderes del Estado”. Bajo ese paraguas prometió otras movidas de fondo:
– Una de ellos es ampliar el período de sesiones ordinarias, que hoy va del 1° de abril al 30 de noviembre, para que empiece el 15 de marzo y termine el 31 de diciembre. Es decir, algo más de un mes adicional para el trabajo en sesiones ordinarias.
– La otra, más política todavía, es eliminar las elecciones legislativas de medio término y pasar a una renovación total de diputados y senadores provinciales cada cuatro años, junto con la elección de gobernador y vice.
Estos cambios siguen un clima de época. Poggi los justificó con un argumento simple: evitar el desgaste que implican elecciones cada dos años. Menos campañas, menos tensiones electorales, menos gasto político. Pero más que nada, una provincia menos partida por calendarios cortos.
La idea no es una rareza en el mapa argentino. Provincias como Córdoba, Tucumán o Chubut eligen a toda su Legislatura cada cuatro años, sin intermedias provinciales. San Luis forma parte del lote que todavía conserva la renovación parcial cada dos años.
El mismo argumento pragmático corre para el límite a la reelección, aunque ahí la apuesta de Poggi es más ambiciosa. Un relevamiento difundido por Chequeado en base a datos del Observatorio Electoral Argentino muestra que la mayoría de las provincias permiten una reelección consecutiva y unas pocas sostienen esquemas más abiertos. En ese tablero, la propuesta puntana —dos mandatos en total, incluso alternados, y prohibición de por vida para volver— aparece como más restrictiva que el promedio.
Por eso el anuncio tiene una lectura positiva sobre la que trabaja el Gobierno: San Luis puede ponerle un freno constitucional al poder hiper prolongado.
En su discurso del 1 de abril, el gobernador explicó que en los próximos días enviará a la Legislatura el proyecto de ley especial que declare la necesidad de la reforma, en los términos del artículo 281 de la Constitución provincial.
Esa norma requiere dos tercios del total de los miembros de la Legislatura y no puede ser vetada por el Poder Ejecutivo. Si se aprueba, los convencionales constituyentes serán elegidos en la próxima elección general para cargos provinciales, no este año. La futura reforma, entonces, entra ahora en su fase política real: la del debate, la negociación y la pelea por el sentido.
En ese camino, Poggi quiso instalar una imagen precisa: la de un gobernador que no abre una puerta para sí, sino para la alternancia en el poder.
BARRERA A LOS PERSONALISMOS
Un tope más duro que el promedio y una idea que rige en varias provincias
La cláusula que anunció Claudio Poggi para limitar la reelección del gobernador va más allá del promedio argentino. Un relevamiento del Observatorio Electoral Argentino difundido por Chequeado en 2023 señalaba que 18 provincias permitían una sola reelección consecutiva, una habilitaba hasta tres mandatos seguidos, dos sólo un mandato y tres admitían reelección indefinida. Desde entonces, Santa Fe reformó su Constitución y pasó a permitir una reelección consecutiva; y en Formosa la Corte Suprema declaró inconstitucional la cláusula que habilitaba la reelección sin límites, aunque la provincia todavía debe adecuar su texto constitucional.
En ese contexto, la propuesta puntana aparece como más severa: dos mandatos en total, consecutivos o alternados, y después cierre definitivo. Poggi lo presentó como una barrera contra los personalismos y dijo que se la aplicará a sí mismo si es reelecto en 2027.
El otro cambio fuerte, el fin de las elecciones legislativas de medio término, tampoco sería una rareza. Estudios comparativos sobre constituciones provinciales muestran que al menos 11 provincias ya renuevan toda su Legislatura cada cuatro años junto con la elección de gobernador. San Luis hoy está del otro lado de ese mapa: renueva por mitades cada dos años. La reforma, en ese punto, apunta menos a inventar algo nuevo que a salir de un esquema que el oficialismo considera caro, desgastante y funcional a la campaña permanente.