Quiso matar a una jueza y la «castigaron» con el aire puro del campo

6 de enero de 2026
El juez de Garantías 1 de Villa Mercedes, Alfredo Cuello. Admitió que las mujeres intentaron asesinar a la otra mujer, pero al mismo tiempo dijo que no había pruebas suficientes.

El juez de Garantías 1 de Villa Mercedes, Alfredo Cuello, no da el brazo a torcer. Casi a mediados del mes pasado, imputó por intento de homicidio y daños a las hermanas Melisa y Érica Bulacio. Ambas habían golpeado con «piedras bolas» el auto y la cabeza de la jueza de Paz de Buena Esperanza, Dalia Rivero, alguien que sigue con vida por algo que la medicina difícilmente podría explicar. Sin embargo, el magistrado hizo caso omiso al pedido de la fiscalía y la querella de que las agresoras fueran encarceladas porque, a su vez, a su entender, no había pruebas suficientes como para asegurar que tuvieron verdaderamente la intención de asesinar a la víctima. O sea, se contradijo con respecto a lo que afirmó en la primera parte de su resolución, que escapa a toda lógica jurídica y a las otras también.

Todo el mundo del derecho en Villa Mercedes quedó pasmado ante tal decisión. Aunque tampoco les resultó una total sorpresa, el juez gusta de sacar a relucir cada tanto ese tinte sarcástico que cree tener. Obviamente los fiscales José Olguín y Marcelo Palacio y el abogado querellante, Germán Anabitarte, no se dieron por vencidos ahí. Plantearon un recurso de revisión ante un Tribunal de Impugnación, para que reevaluara el fallo del juez de Garantías.

El lunes 29 de diciembre el tribunal, conformado por los jueces Hernán Herrera, María Monserrath Bocca y Marcelo Bustamante Marone, se expidió al respecto. Fueron salomónicos. Consideraron que Melisa Bulacio debía estar con prisión preventiva en el penal de San Luis, en principio, por los próximos dos meses, hasta el 1° de marzo. Pero contra la medida impuesta a Érica no modificó nada. La mantuvo tal cual, ella continuará libre como cualquier persona que no cometió un delito y solo deberá acatar la orden de no acercarse a menos de 200 metros de la damnificada.

Ese mismo día o al día siguiente, la Bulacio más complicada fue trasladada al Servicio Penitenciario de la capital puntana. Pero solo recibió este 2026 ahí. Estuvo tras las rejas hasta ayer (lunes). En otra audiencia, que duró un par de horas, y en un segundo fallo, Cuello decidió transformar ese encarcelamiento en un penal, en uno que tiene más sabor a libertad que otra cosa. «Resolvió mantener la preventiva, pero en un campo, ubicado a unos ochenta kilómetros de Buena Esperanza», comentó Anabitarte.

En términos simples, Cuello dispuso que la medida de coerción sea de modo domiciliario, no en la casa de la imputada, un familiar o un lugar fácil de controlar por estar en la localidad, sino en un sitio alejado. El campo se llama “San Cristóbal” y su dueño prestó su conformidad para que Bulacio se mude allí con sus hijos estos 60 días.  “Yo ya le interpuse un recurso de revisión y ahora me voy al Tribunal de Impugnación. para ver si se puede revertir esa medida”, adelantó el abogado querellante.

Todas las mañanas podrá respirar el aire puro campestre y moverse con libertad por el casco de la estancia. La Justicia aclaró que harán controles en días y horarios inesperados para corroborar que la acusada no desacate la medida de coerción, aunque en la práctica rara vez esa vigilancia es llevada a cabo.

Ataques, amenazas y un intento de asesinato por un supuesto romance

El ataque que puso al borde de la muerte a la jueza de Paz sucedió el 4 de diciembre. Rivero había ido a buscar su auto cero kilómetro a un lavadero, a un par de cuadras del Juzgado. Una vez en el interior del coche sintió un sorpresivo y tremendo golpe en el parabrisas. El efecto vibrador del proyectil la sacudió. Fue una gigante piedra dirigida al costado del conductor, donde estaba ella. Mientras trataba de digerir lo que acababa de pasar, vio a Melisa junto a su hermana.

Hace un año y nueve meses que la magistrada conoce a la Bulacio presa. La mujer carga una rabia sin límites contra la magistrada porque asegura que mantuvo un amorío con su marido. “Mi clienta la ha denunciado por todas las amenazas, persecuciones, hostigamiento y acercamiento violentos”, detalló Anabitarte. Por eso la Justicia le había impuesto una restricción de acercamiento recíproca, que la acusada jamás obedeció.

Uno de los tantos estados en las redes sociales que la imputada detenida difundió orgullosa tras el feroz ataque.

La primera pedrada le tatuó un enorme cráter en el parabrisas del rodado, pero no consiguió traspasarlo. Entonces, las mujeres lanzaron una segunda roca contra la ventanilla del conductor. La jueza puso adelante su mano para protegerse. Pero, lejos de funcionar como escudo,  la lesionaron en la mano y un brazo.

Cuando bajó el brazo, una de las agresoras le pegó con fuerza en la cabeza con una piedra. “Eso medio como que noqueó a Rivero y, a los golpes, la sacaron del auto”, relató el letrado. La tiraron al suelo. La víctima no tenía fuerzas para levantarse o tratar de defenderse. Así, tendida en el asfalto, las imputadas la patearon y siguieron la paliza a trompadas.

Fue así hasta que un hombre que vio tremenda escena las separó de la damnificada. Las imputadas se fueron cada una a su casa. No pararon ahí, quisieron que todo el mundo supiera lo que habían hecho, sobre todo Melisa, «el hito» de lograr golpear, casi matar y denigrar en todo sentido a otra mujer. Usó sus redes sociales y aplicaciones de mensajería para expresar sus festejos.

Difundieron , por ejemplo, una foto en la que exhibieron los cabellos que le habían arrancado a Rivero, acompañada de un comentario en el que la imputada presa admitía todo sin problema: “La prueba de solo los daños materiales” y un interminable “ajajajajajaja”. En otra imagen escribió “después de la revolcada que le dí….Jajajaja y quiere más parece” y “Bien que lloraba por los daños materiales… Jajajaja y pedías por favor que no te pegara, ajajajaj. Auxilio, decía la ridícula”.

 

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