Un testigo ratificó que una vez, en una parrilla, oyó a una pareja decir que Abel estaba enterrado en Sampacho

El hombre, de 68 años, contó que un conocido de él aseguró ser testigo cuando al joven lo sepultaban cerca de un puente de hierro.
5 de noviembre de 2025
Sonrisita. La acusada Alejandra Espinosa entró, en una de las ocasiones a la sala de juicio, riendo con una policía.

El martes, la audiencia en la que los tres defensores de la peluquera Alejandra Espinosa, su examante y excomisario Marcelo Acevedo y la examiga de la mujer, María Vázquez, en el juicio por asociación ilícita, investigación catapultada por la desaparición de Abel “Pochi” Ortiz, el ex de Espinosa, tuvieron su última oportunidad para presentar a sus testigos. O sea, las personas con las que buscaban dejar bien pintados a los acusados o, al menos, acorde a sus estrategias defensivas, hasta ahora desconocidas. Una de esas seis personas fue un testigo que los fiscales habían citado, aunque luego no insistieron con él. Pero el que sí lo hizo fue Pascual Celdrán, el más experimentado de todos los defensores.

No fue ni más ni menos que V.G., un hombre, que hace nueve años contó quizás la versión más cruda sobre el destino de Abel, de las tantas historias, algunas increíbles, que circularon. Un testigo, que ahora es empleado municipal, pero hace años trabajaba para una funeraria. Y, en uno de esos viajes un día de marzo, cuando paró a comer en una parrilla, en un break que hizo a mitad de su viaje, escuchó a un hombre, que estaba con una mujer, decir que el joven desaparecido estaba sepultado en el puente de hierro, situado entre las dos lomas que hay en un camino que va a Colonia de Bulnes.

Esta periodista recuerda que cuando los hermanos se enteraron de ese testimonio salieron con los ojos empapados y enrojecidos del Juzgado de Instrucción 2, en su momento a cargo del exjuez instructor Leandro Estrada. Sí, habían pasado casi dos años de intensa búsqueda y no saber nada sobre el joven de 29 años, pero aún por una inquebrantable y admirable fuerza, mantenían la esperanza de hallarlo con vida.

El testigo de 68 años entró a la sala de juicios y comenzó a responder las preguntas del letrado que lo había llamado. Celdrán, uno de los mejores abogados penalistas de Villa Mercedes, fue al grano y le dijo de una: “¿Qué escuchó usted sobre Ortiz?”.

La expareja de Abel Ortiz pidió ir al baño en cada uno de los cuartos intermedios del juicio. Nunca quiso permanecer en la sala.
La ex de Abel pidió ir al baño en cada uno de los cuartos intermedios del juicio. Nunca quiso permanecer en la sala.

Después de tantos años, su relato no fue tan preciso y detallado como aquel que dio en los tribunales de Villa Mercedes, cuando lo citaron el 31 de agosto de 2016. Además, aclaró que sufrió no hace mucho un principio de ACV (Accidente Cerebrovascular) y por eso algunos recuerdos los ha perdido. Por eso esta cronista se tomará la licencia de ampliar su relato, solo a los fines informativos, con base a lo que reveló en su momento, que fue más que lo que ratificó ante el Tribunal.

V.G. es de Sampacho, pero vive y trabaja en Villa Mercedes. Pero hubo un tiempo en que fue empleado de una funeraria de la ciudad donde trabaja. Ese trabajo le demandaba viajar muy seguido a su localidad natal, en la provincia de Córdoba. Tenía que cumplir con la labor de ir a los crematorios de Holmberg.

En uno de esos viajes, un día de marzo, no especificó el año, se detuvo a comer en una parrilla que está sobre la Ruta 8. En lo que esperaba la comida que había ordenado, el Canal 12 de Río Cuarto u otra ciudad cordobesa, no pudo precisar, se hizo eco del pedido de paradero de Abel.

El aviso en la televisión todavía no había finalizado cuando una mujer se le arrimó y, con suma naturalidad y calma, como si ya nada le erizara la piel, comentó como si no importara: “Ése está enterrado acá, en Sampacho”. Detrás de ella, una voz masculina y segura se sumó a la conversación y reforzó su afirmación. “Sí, está enterrado en el puente de hierro, entre las dos lomas, en un camino que va a Colonia de Bulnes”, precisó con absoluta tranquilidad, como un periodista que tiene una primicia, que nadie más posee.

No se detuvo ahí y el conocido vecino de Sampacho, de nombre Víctor Omar Ganzer, a quien todos llamaban “El Chiquín”, por su baja estatura, profundizó su relato. Y sacó toda la información sobre lo que, según él, sabía del hombre de Villa Mercedes desaparecido el 16 de septiembre de 2014.

“Llegaron una noche. Era entre la una y dos de la mañana. Aparecieron en un Renault 18 azul y en una camioneta marroncita, color té con leche”, precisó Ganzer. “El Chiquín” estaba “con unas copitas de más encima, pero consciente”, aclaró el testigo, en su momento.

De los vehículos se bajaron cinco personas. Una era una mujer que no podía parar de llorar. Tanto que, en un momento, uno de los hombres le advirtió: “Te callás la boca o te pego un cuetazo en la cara”. Después de oír y presenciar semejante escena, digna de una película de mafiosos que tan bien filma Martín Scorsese, el hombre trató de esconderse.

Antes de irse del restaurante, V.G. se le acercó a Ganzer y le informó que estaba vigente una recompensa para quien aportara datos certeros sobre el paradero de Abel. Pero “El Chiquín” le dejó clarísimo que no quería saber nada con hablar y le pidió, por favor, que ni se le ocurriera mencionarlo porque iba a negar todo.

V.G. no rompió su promesa de permanecer mudo sobre lo que había revelado el hombre. Pero cambió de opinión tiempo después cuando, a través de las redes, sociales se enteró de que Ganzer se había ahorcado en el calabozo de una comisaría de Sampacho. Estaba tras las rejas por una pelea que tuvo con su ex y sus cuñados.

El testigo contó, en su declaración de 2016, que en el tiempo que vivió en Córdoba conoció a “El Chiquín”. “Debe haber tenido entre cincuenta y cincuenta y cinco años. Pero era mayor que yo. Después me enteré de que se había tirado al abandono”, abundó.

En realidad, según comunicaron algunos medios cordobeses, el hombre que se dijo testigo directo del entierro de “Pochi” fue hallado muerto el 15 de febrero siguiente a ese comentario que lanzó en la parrilla. Tenía 53 años y no podía allegarse a su expareja, de quien se había separado hacía dos años. La Justicia le había impuesto una restricción de acercamiento.

De acuerdo con lo que informó la Policía, la medianoche del 14 de febrero violó esa orden judicial y fue detenido. Pero sus familiares sostuvieron que eso no fue así. Dijeron que lo arrestaron porque lo vieron pelear con seis personas.

A los parientes tampoco les cerró nunca la versión de que se haya quitado la vida. Por eso, casi de inmediato, pasaron a disponibilidad a los tres policías que custodiaban la seccional esa noche.

En un principio, al primero que V.G. recurrió para dar a conocer lo que sabía sobre la desaparición del joven fue a Santiago Ortiz que, por aquel entonces, era Juez de Instrucción Penal y Contravencional.

Explicó que fue a mediados de 2016. Se cruzó con el magistrado, a quien conoció en un taller mecánico y le comentó, en confianza, lo que había escuchado en Sampacho. “Él me dijo que, cualquier cosa, me iba a llamar y me iba a hacer llamar por el fiscal”, relató. Néstor Lucero, quien encabezaba la excepcional Comisión de Fiscales que formaron por el caso Abel Ortiz, luego lo contactó y el testigo le confirmó lo que ya le había asegurado al exjuez de instrucción en lo Contravencional.

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