La esquina de Mitre y Edison no será la misma. Desde este sábado nada será igual en Villa Mercedes. No existe nadie en la ciudad que no haya pisado alguna vez la panadería que está ubicada en esa intersección de pleno centro. No hay nadie que no haya probado sus bizcochos, sus facturas o hasta sus sutiles empanadas agridulces, de jamón y queso espolvoreadas con azúcar impalpable, que los alumnos de la escuela Normal buscaban como néctar a la salida de clases.
Ir al local, que sigue en pie después de 125 años de historia, era entrar en contacto también con Fernando «Figa» Closa, su dueño, a quien los clientes veían al ingresar y salir del comercio porque de modo infaltable se situaba ahí, al lado de la única puerta destinada al público. Lloviera o nevara allí estaba, firme, igual que la emblemática panadería que ha logrado sobrevivir a las peores hecatombes económicas que atravesó este país.
Pero desde hoy (sábado) el «Figa» ya no estará en el mostrador, al borde de la caja, para atender a sus clientes. Para sorpresa de toda la ciudad su corazón dejó de latir y partió repentinamente de este mundo.
Apenas trascendió la triste noticia, amigos, conocidos y vecinos de Villa Mercedes inundaron las redes sociales de mensajes, en los que expresaron el shock y dolor que les produjo enterarse de algo tan inesperado. La partida de Fernando era algo que nadie podía imaginar, pues hace apenas tres semanas el entrañable comerciante brindó varias entrevistas a medios de comunicación locales que se acercaron en razón de un nuevo aniversario de la panadería.
En cada uno de los reportajes relató la historia de «Closa», un comercio que vio la luz cuando su abuelo Salvador y Enrique, él hermano de él, llegaron a la ciudad de la Calle Angosta desde Barcelona. Arribaron de la tierra de Antoni Gaudí para hacer su propio arte con la panificación, traducido en impregnarle a cada preparación un sabor distintivo que la volvió inolvidable.