Después de casi cinco años, la ciudad recuperó su encuentro cultural y disfrutó de la magia de la lectura de la mano de una feria que se mostró renovada.
Como ecos dormidos que todavía quedaban resonando bajo pero no habían llegado a apagarse. Así de latentes estaban las palabras, las leídas y las escritas, esperando a despertar en Villa Mercedes.
Y después de casi cinco años, la ciudad recobró su aclamada feria literaria, aunque con otro nombre y con presupuestos más acotados a los tiempos que corren. De una forma u otra, decenas de instituciones, artistas y miles de vecinos pudieron disfrutar nuevamente de dos días de un evento cultural que ya parece ser un sello de la localidad.
“Lee 2024” fue la denominación que eligió la actual gestión para llevar adelante el encuentro, debido a problemas con la patente de “Feria Nacional del Libro de Villa Mercedes” que utilizaba la intendencia de Mario Raúl Merlo. “Era una cuenta pendiente que teníamos, porque las cosas que se hacen bien no hay que destruirlas, hay que continuarlas”, había dicho Maximiliano Frontera en la presentación y agregó: “Este es el camino, en un momento tan difícil si tenemos que raspar la olla para apoyar nuestra cultura, que nuestra idiosincrasia y nuestras raíces, lo vamos a seguir haciendo”.
La Casa de la Cultura y su vecina plaza del Sesquicentenario fueron, como de costumbre, el escenario sobre el que se desplegaron stands de librerías, editoriales, tanto locales como de otras provincias, establecimientos educativos (como escuelas, universidades e institutos) y bibliotecas populares, que se sumaron por primera vez para mostrar sus propuestas a la comunidad.
Esta vez no fue necesario interrumpir el tránsito ni en la calle Urquiza ni en la Rivadavia. Las carpas fueron montadas sobre el césped del espacio verde con un formato diferente a las anteriores versiones. Allí, los puestos llevaron sus atractivos literarios, desde novedades y clásicos de la literatura, hasta un gran abanico de productos culturales como posters, fanzines, historietas, cuadros, revistas, entre otros.
Tras la apertura oficial, que fue el miércoles a las 9 de la mañana, miles de chicos y chicas de diferentes escuelas de la ciudad recorrieron todos los pasillos y pudieron hojear los libros, intercambiar opiniones con los vendedores y hasta comprar algún ejemplar. Además, toda la plaza estuvo impregnada de atractivos, como shows musicales, artistas ambulantes que interpretaron personajes a su paso, algunos puestos gastronómicos, juegos en el hall central y varias dinámicas más para incentivar la lectura en los más pequeños.
Luego de que los colegios coparan la feria, después del mediodía y a lo largo de todo el jueves se dio la llegada de un público más adulto que se acercó de forma particular.
Además, hubo un recital de poesía coordinador por el escritor Patricio Torne, en el que autores locales pudieron leer sus textos en voz alta. El primer día la actividad se trasladó al interior del edificio por el avance de la tormenta, pero para la segunda jornada ganó lugar en la plaza al aire libre para atraer más oyentes.
El Teatro del Viejo Mercado, la sala que tiene la Casa de la Cultura, fue sede de una serie de charlas y presentaciones de libros que se fueron programando a lo largo de cada uno de los días.
Entre las últimas actividades que completaron la jornada de ayer, estuvieron un homenaje al historiador mercedino Héctor Pablo Ossola y el reconocimiento a diferentes escritores de la ciudad, la presentación del poemario “La mujer vestida de azul” de Emilce Britos Montiel, el show de la banda “La Big” del conservatorio de Río Cuarto y el cierre musical a cargo de Esteban Ramos y Juampy Juárez.





