Si no hubiera sido que un par de días más tarde, el hombre de 72 años recibió la visita de un pariente, tal vez continuaría en el gélido piso de su casa de Villa Mercedes, con el aire frío propio de estos días. Desnudo, golpeado y quién sabe si vivo. Cristian Aberrondo tenía una tarea: cuidar al adulto mayor que no puede valerse de sí mismo, porque no ve, es ciego. Al menos a eso se había comprometido con la familia del jubilado. Hace unos días, la víctima notó que no lo asistía como necesitaba. Se percató de que el joven estaba en otra: bebía alcohol y estaba en compañía de su novia. Le reclamó eso a Aberrondo y la consecuencia fue tremenda.
Esperó que se marchara su pareja para atacar a golpes al anciano. Le dio trompadas y le pegó patadas, que lo tumbaron rápidamente al suelo. Lo desnudó, para que no fuera capaz de salir y pedir ayuda. Así lo dejó y se fue. Lo abandonó a su suerte. Por toda esa paliza, la fiscal Nayla Cabrera Muñoz pidió que un juez le imponga al agresor una restricción para que se mantenga alejado del jubilado y que, una vez al mes, cumpla con la obligación de presentarse en su fiscalía a firmar un libro. Fue todo, nunca estuvo detenido.
Antes de requerir esas medidas de coerción ligeras, la letrada a cargo de la Fiscalía de Instrucción Penal con intervención en Contexto de Género, Diversidad Sexual, Infancias y Adultos mayores, formuló cargos contra Aberrondo. Lo imputó por dos delitos que son excarcelables: “lesiones leves” y “abandono de persona”.
En la audiencia presidida por el juez de Garantías 1, Alfredo Cuello, la representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) relató que el acusado estaba al cuidado de esa persona no vidente. Cuando el hombre se dio cuenta de que su cuidador no hacía otra cosa que embriagarse y estar con su pareja se lo reclamó. Así empezó una discusión, que pareció terminar cuando se fue la novia del muchacho.
Pero no. Lo peor estaba por venir. Apenas se marchó la mujer del domicilio del damnificado, según la hipótesis fiscal, Aberrondo se fue contra la persona que se supone debía cuidar. La atacó a trompadas y le hasta le dio patadas que terminaron de tirarla al suelo. Una vez en el piso, desnudó al hombre por completo. Le quitó toda su ropa para que ni se atreviera a pedir auxilio. Y se fue, como si nada fuese.
Tumbado en el piso, sin ropa y con el rostro visiblemente golpeado, con hematomas, cortes e hinchazón, un familiar que fue a visitarlo encontró al adulto mayor dos días después. Urgente, lo llevó hasta el policlínico regional “Juan Domingo Perón”. Allí lo atendieron y le diagnosticaron que tenía múltiples traumatismos faciales.
La fiscal de instrucción le requirió al juez que le impusiera al imputado una restricción de acercamiento, para que se mantenga alejado de la vivienda de la víctima y del geriátrico, si correspondiera, y que se presente a firmar un libro en su fiscalía, que deje constancia de que está sujeto al proceso judicial en su contra. Fue todo.
El magistrado que, con el nuevo sistema acusatorio, no puede tomar medidas más rigurosas que aquellas que solicitan los fiscales, quienes de alguna manera le plantean un límite a la severidad de éstas, no vio otra opción que aceptar las medidas morigeradas de restricción de acercamiento hacia la víctima y la firma del libro en fiscalía del acusado, que desfiguró a un jubilado ciego.