Nicolás Dagata tiene 24 años y una presencia activa en redes sociales, donde supera los 15 mil seguidores. Aun así, se distancia de la figura del influencer. “Solo soy un chico que muestra su día a día. Uso las redes con ese fin, mis videos son espontáneos y muestran un poco de mi intimidad”, explicó.
Esa mirada cotidiana fue el punto de partida de una iniciativa que combinó redes sociales, compromiso ciudadano y un fuerte gesto simbólico. Días atrás, Dagata anunció en su cuenta de Instagram que este miércoles subiría al Cerro de la Cruz con un objetivo concreto: reemplazar la Bandera Argentina que se encontraba deteriorada. La invitación fue abierta a todos los que quisieran sumarse.
La convocatoria tuvo respuesta. Este miércoles por la tarde, alrededor de 20 personas, entre amigos y conocidos, se reunieron para emprender la caminata que demandó unos 45 minutos hasta alcanzar la cumbre. Allí, en un clima distendido, entre mates, comidas, fotos y risas, concretaron el recambio de la insignia patria.
Según relató el joven, la idea surgió luego de haber escalado el cerro en dos oportunidades para generar contenido. “Me di cuenta de que la bandera estaba muy dañada. Como un buen gesto, y también aprovechando la creación de contenido, se me ocurrió cambiarla. Además pensé en la gente que viene de afuera, para que pueda sacarse una linda foto con nuestra bandera”, precisó.
La compra de la nueva bandera fue posible gracias al apoyo familiar. “Llegué a casa y le dije a mi papá que tenía que comprarla, y sin problema se la jugó y me la regaló”, contó. A partir de allí, la propuesta comenzó a circular en redes y a sumar voluntades.
Definir el tamaño adecuado no fue sencillo. Tras intentar tomar medidas en visitas previas, la nueva insignia terminó siendo de aproximadamente 2,25 por 4,50 metros, muy similar a la original. El recambio, además, no estuvo exento de dificultades: la bandera anterior, dañada por el sol, el viento, la lluvia y el frío, fue compleja de retirar, y las ráfagas obligaron a extremar cuidados.
Con trabajo en equipo, el grupo logró completar la tarea. Para Dagata, la experiencia quedará como una anécdota compartida y un mensaje claro: “Simplemente tener un buen gesto e intentar contagiar a la gente, en el sentido de que entre todos se puede dejar todo un poquito más bonito”.







