Para los delincuentes códigos no hay, al menos, no para Brian Antonio Frontera y Maicol Gabriel Bustos. ¿Pero qué códigos, que son leyes no escritas e implican una cuestión casi de honor, pueden existir en algo tan deshonroso como apoderarse de lo ajeno? Para ese dúo de ladrones víctimas son víctimas, no importa, género, edad, ni siquiera habilidades motrices o si padecen alguna enfermedad. Con esa mentalidad, que de límites no conoce, la mañana del miércoles 10, cuando los rayos del sol todavía no se asomaban de este costado del país, vieron a una chiquita en una bicicleta. No hacía falta ser un iluminado para deducir que se encaminaba a su escuela, en su espalda llevaba su mochila.
Eso a Frontera y Bustos no les importó, ante los ojos de cualquiera era solo una inocente menor de edad, pero para ellos era una oportunidad, una presa, alguien que tenía algo que les interesaba. De un empujón, la arrojaron de su bicicleta, la tiraron de los pelos, se los arrancaron, la tomaron del cuello y hasta la amenazaron, cuan mafiosos, pero años luz de una joya de Martín Scorsese. La abandonaron tumbada en el suelo, en la oscuridad de la mañana, herida, a la buena de Dios, sin medio de movilidad ni modo de comunicarse, porque también se llevaron su teléfono.
Pero el hacerse los brabucones con una criatura les duró poco y nada a esos casi linyeras de delincuentes, porque los patrulleros de la División Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM) de Villa Mercedes los interceptaron no muy lejos del lugar del asalto y los detuvieron. Huían en el rodado de la nena de 12 años. Fueron imputados y, desde la tarde del viernes, ocupan un lugar en el Servicio Penitenciario de San Luis, al menos, por los siguientes 60 días.
El juez subrogante de Garantías 1 de Villa Mercedes, Alfredo Cuello, fue inmune a los planteos que esgrimió la defensora Stefanía Cifuentes, en favor de los jóvenes de 24 y 25 años. El magistrado admitió la formulación de cargos para ambos por el delito de “robo simple” y les dictó la prisión preventiva por 60 días, como requirió la fiscalía.
Cifuentes había argumentado previamente que sus asistidos constituyen el sostén económico de su familia y, en vista de ello, le había solicitado al juez si podía concederles el encierro en la comodidad de sus casas, bajo la tutela de un familiar, con la llamada prisión domiciliaria. Pero Cuello se las negó.
En el repaso de la hipótesis y la evidencia que complica a los acusados, el fiscal instructor 1, Maximiliano Bazla, contó que el asalto fue alrededor de las 7:20, en avenida 25 de Mayo, en un lugar tan inhóspito como las vías del ferrocarril. La chica circulaba en su bicicleta, marca Venzo, como debía, sobre la bicisenda. Cargaba su mochila y, dentro de ella, sus útiles escolares y su celular.
Ahí, casi en la penumbra, dos hombres a pie se le acercaron y, sin medias tintas, le arrancaron la bicicleta, la mochila, la tomaron de los cabellos y los jalaron con fuerza hacia un lado para que soltara de una buena vez el rodado. Después la sujetaron del cuello y la amenazaron, describió el funcionario público. La empujaron y la chiquita cayó hincada de rodillas. Recién ahí, cuando estaba totalmente indefensa, pudo desprenderse de sus pertenencias. Los ladrones las tomaron a la velocidad de la luz y escaparon.
Por fortuna, no llegaron lejos. Apenas unas cuadras. La nena fue auxiliada por unos patrulleros de la DRIM y, tan rápido como pudo, les relató lo que le habían hecho.

Los motoristas patrullaron distintos puntos de Villa Mercedes. Y en el cruce de Las Heras y Asia alcanzaron a ver a dos sospechosos que coincidían con la descripción que les había aportado la chica. Iban a bordo de una Venzo.
Como si ya no cupieran dudas, Bazla Cassina precisó que Frontera y Bustos fueron luego identificados gracias a un video de una cámara de seguridad. La filmadora los captó circulando en la bici y también cuando se despojaban de la mochila de la menor de edad en cercanías a Cines Fénix.
A la hora de solicitar la medida de coerción, el representante del Ministerio Público Fiscal (MPF) le explicó al juez que dos meses de prisión preventiva serán suficientes para sumar las pruebas que restan producir y cerrar la investigación, entre esos elementos probatorios pendientes están lo que la víctima pueda relatar en Cámara Gesell.
Recalcó, además, que la violencia con la que se movieron los imputados no es para tomar a la ligera, no solo son peligrosos, sino que su libertad en esta etapa del proceso pondría en riesgo a la niña, a un margen de que, desde que fue asaltada, la pequeña tiene terror de poner un pie fuera de su casa. Tiene pánico al exterior y esa oscuridad la persigue hasta en sus sueños con constantes pesadillas que le aceleran el corazón, como si Frontera y Bustos fueran unos lastimosos Freddies Krueger del submundo.








