Después de más de una semana enfrentando incendios forestales en la Patagonia, el bombero voluntario Alejandro “El Ruso” Osella regresó a La Toma y fue recibido con sirenas, abrazos y aplausos. Su llegada se transformó en un pequeño acto de reconocimiento colectivo para quien integró el contingente de 30 brigadistas de San Luis que viajaron a Chubut para colaborar en el combate del fuego.
La bienvenida comenzó frente a la estación de servicio GNC de la localidad, donde familiares, amigos y compañeros lo esperaron para escoltarlo con el móvil de bomberos hasta el cuartel. Allí lo aguardaba el abrazo de su comunidad, que siguió de cerca cada jornada del operativo en el sur del país.
El contingente sanluiseño fue convocado por la Agencia Federal de Emergencias y el Sistema Nacional de Manejo del Fuego, con base operativa en la localidad de Cholila. La delegación estuvo integrada por bomberos de cuarteles de toda la provincia —La Toma, Justo Daract, El Fortín de Villa Mercedes, San Francisco del Monte de Oro, San Pablo, El Volcán, Tilisarao, Villa de Merlo, Naschel, Potrero de los Funes, La Punta, Los Molles, Luján y Carpintería— y estuvo a cargo del subdirector Regional Sur, Facundo Ariel Mansilla.
El impacto inicial del escenario fue inmediato. “Cuando bajamos de la camioneta y vimos las montañas prendidas fuego en todos los sentidos cardinales, nos preguntamos qué hacíamos ahí”, recordó Osella al describir el primer contacto con la magnitud del desastre. El bombero explicó que se trataba de incendios muy distintos a los habituales en San Luis: llamas de copa, vegetación desconocida, terrenos con precipicios y focos de gran extensión.
Durante ocho días, el equipo trabajó en tareas de brecheo, apertura y ensanche de líneas de defensa, contención de focos secundarios, ataques directos con líneas de agua y guardias de cenizas, una de las labores más riesgosas por la caída de árboles con raíces debilitadas por el fuego.
“El riesgo estaba todos los días, pero el equipo siempre estuvo dispuesto a trabajar y dar lo mejor”, explicó. También destacó el espíritu de camaradería que se generó entre brigadistas de distintos lugares del país: “No importaba el color del casco ni el rango. Éramos todos uno solo, con el objetivo de representar a nuestros pueblos y a la provincia”.
Osella subrayó el vínculo que se generó con la comunidad de Cholila, que acompañó el operativo con gestos permanentes de apoyo. “La gente nos brindó cariño, respeto y aplausos. Los chicos nos recibían todos los días con regalos simples, pero llenos de amor”, contó. En una de las jornadas más críticas, el equipo debió interrumpir su día franco para enfrentar el avance del fuego hacia el pueblo y trabajó hasta las cuatro de la madrugada para proteger zonas habitadas.
En medio del esfuerzo físico y el riesgo constante, también hubo momentos que fortalecieron el espíritu del grupo. Uno de ellos fue el cumpleaños de un brigadista celebrado en pleno operativo: una torta improvisada, el canto colectivo y un breve respiro en medio de la emergencia. “Fue un momento muy especial, que nos unió todavía más como equipo”, recordó.
De regreso en La Toma, Osella expresó gratitud y orgullo por la experiencia vivida. Agradeció haber vuelto sano y salvo y destacó la posibilidad de representar a su ciudad y a la provincia en una emergencia nacional. Sus palabras también incluyeron un reconocimiento a compañeros, personal de salud, voluntarios y a todos quienes colaboraron desde distintos lugares para sostener el operativo.