El Mundial de la gente, la felicidad y la bandera

Una mirada a los 40 días de cobertura de la Copa del Mundo. La Copa no está en casa, pero aquí reina la armonía.
22 de julio de 2026
La final del Mundial, en un lugar de privilegio.

La finalización del Mundial deja historias, pasión y nostalgia. El recorrido de esta Copa nos permitió conocer a gente maravillosa. Las gentes de este planeta redondo tiene una energía especial. El estreno en México, recreando la figura de Maradona en el Mundial ’86, marcó el punto de partida en México 2-Sudáfrica 0.

De México a Dallas, Kansas, Oklahoma, Dallas, Miami, Atlanta, Kansas, Atlanta, Orlando y Nueva York. Germán fue anfitrión en Dallas, donde vencimos 2-0 a Austria y 3-1 a Jordania. Fort Worth, recreando el Lejano Oeste, nos puso en el pasado y en un presente increíble. Andrés nos recibió ocasionalmente en Kansas, en el aeropuerto, mientras esperaba a sus papás, que llegaban de Rosario.

Y el «Tano*, amigo de Andrés, fue otro 6aángel en el camino mundialista en Kansas, donde debutamos con triplete de Messi ante Argelia, y la bandera de Radio Dimensión y Todo Un País que el DT se llevó a la concentración.

En Kansas también sacamos a Suiza en 4tos de final, con un 3-1 recién en el suplementario. Oklahoma no estaba en el GPS. Un percance mecánico nos puso en Tulsa. Ahí apareció el venezolano Caimán para dar todas las soluciones, y más. Y Linnette del Rosario llegó por arte de magia.

Miami fue lo más emotivo. Me reencontré con mi sobrina Macarena, hija menor de mi hermano mayor Lalo, a quien no veía hace 6 años. Y para ese juego en el Hard Rock, de apretado 3-2 a Cabo Verde en suplementario, llegaron mi hermano Diego y mi sobrino Matías, hermano de Maca.

La cordialidad del cubano Yoel y la venezolana Vanesa, nos permitieron sentir el la Pequeña Habana el amor del hogar, a cientos de miles de kilómetros. En Atlanta, fueron Pablo y su papá Juan Carlos, los que oficiaron de anfitriones.

Allí vencimos 3-2 a Egipto, tras estar 2-0 abajo y convertir tres goles en 13 minutos, y disfrutamos el inmenso e inolvidable 2-1 a Inglaterra. Un abrazo con Scaloni, al final de la conferencia de prensa post partido, lo llevo en el corazón: simboliza el abrazo que los argentinos le dimos a ese grupo de muchachos y cuerpo técnico, tras una victoria gigante. Nueva York trajo las luces de una ciudad que roza el cielo, mientras explora el infierno.

Vi la Copa en manos de España… Vi a Messi en la que pudo haber sido su última función en el máximo torneo, y antes lo vi en las últimas prácticas en el seleccionado…

Vi llorar a Scaloni, que tuvo la grandeza de entrar en llanto como un niño, y emocionó a todos; fue en la conferencia de prensa post derrota, casi con el dolor de la partida como DT, más que por la caída en la final…

Estuve en casa lugar donde entrenó Argentina, en Kansas, Atlanta y Miami. Me queda la satisfacción y la emoción de acercarles mis sentidos y sentimientos por el fútbol, y por todo lo que rodea al fútbol, a nuestros lectores, oyentes y televidentes.

Ser un puente con nuestra gente, en San Luis, y esta Selección de época, me traspasa. Gracias a mis colegas en Dimensión y en Todo Un País, permitiéndome con su tarea en el día a día, que uno pueda jugar en la Gran Liga. Gracias a la apuesta de los directivos de los medios, y al respaldo y apoyo de amigos, empresarios y comerciantes que hicieron posible la cobertura.

Y la gente, siempre la gente, sobre todo aquellos que no conozco y me hicieron llegar su afecto en cada jornada. Gracias a aquellos con los que compartimos la vocación por el periodismo, y levantaron el pulgar desde San Luis. Y a mis compañeros de viaje, con quiénes anduvimos toda la ruta mundialista, Ezequiel Suárez y Ezequiel Guisone. Luego llegó Haroldo, y más tarde Vitto. Y en el recorrido y las emociones, Fabricio, Adrián, Lucas, Ignacio, Matías, Guillermo y Braian. Y la energía de Juani, Álvaro e Iván. También compartí con Juan Pablo y Joni. Uno no es nada, y nada puede concretar si no es por el respaldo, el sostén y el amor de la familia. A mi gran familia las gracias profundas. Se fue un Mundial de Fútbol maravilloso.

Terminó un torneo que nos entregó certezas: esta Selección nos hizo y nos hace felices. Somos felices aún perdiendo la final del Mundo. La explicación es sencilla: La felicidad no puede depender de algo externo, de algo que otros pueden quitarte. Si ese fuese el concepto de felicidad, nadie sería feliz.

España se llevó la Copa, pero la felicidad, además de viajar a España, está instalada en Argentina. Otra vez la Scaloneta nos cohesionó como un identidad. Nos une, nos da armonía y alegría. Nos representa y nos redime. Nos pone a todos en la misma línea de entrega, compromiso y responsabilidad. Este grupo es más que una Selección de Fútbol… es una bandera. Y ojalá siga flameando.

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