Jaime Rosemberg – Especial para Todo Un País
El abrazo, extenso y efusivo, sirvió para alejar rumores de ruptura. Y mostrar que, pese a las diferencias, ambos están (por ahora) en el mismo barco. Luego de un discurso inflamado ante simpatizantes e inversores en la Fundación Faro, en la que festejó la decisión judicial que lo dejó libre de culpa y cargo en el caso de la criptomoneda $Libra y atacó con nombre y apellido a periodistas, el presidente Javier Milei se fundió en un caluroso abrazo con Patricia Bullrich, la jefa de los senadores libertarios, que nunca oculta sus deseos de llegar al sillón de Rivadavia.
El mismo Milei, quien sabe de memoria que Bullrich es el “plan B” del denominado Círculo Rojo para el próximo mandato fue quien, en la noche del jueves, protagonizó ese simbólico guiño hacia la senadora libertaria. Hay quienes, en el Gobierno, sospechan con fundados argumentos que la tolerancia presidencial hacia las críticas que Bullrich viene haciendo al plan económico tiene que ver con un acuerdo entre ambos. “Si el Presidente no le pega en público, nadie se va animar a hacerlo”, reconocen desde el entorno presidencial, donde ven que “Bullrich le suma al Gobierno los votos de los macristas y libertarios desencantados con nosotros”. Una manera de ver con ojos optimistas el futuro del vínculo, aunque Karina Milei sostenga su desconfianza hacia los planes y reales intenciones de la senadora libertaria, con sus nunca desmentidos planes presidenciales.
El Presidente cerró así una semana en la que su involucramiento en procesos electorales internacionales fue público y notorio. En su breve paso por España, Milei dejó mensajes de apoyo al PP y Vox en la próxima elección del 29 de noviembre contra el socialismo gobernante en España, aunque varios de los encuentros programados (el rey Felipe VI y el líder de Vox, Santiago Abascal) no se produjeron-en el primero de los casos-o se dieron vía telefónica (en el segundo). Desde Madrid, Milei reiteró sus ataques hacia el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y reiteró su apoyo sin condiciones a Flávio Bolsonaro, su contendiente en la segunda vuelta. Dos vínculos clave para el país (España y Brasil) que desde hace rato muestran ruidos políticos e interrogantes hacia el futuro.
No menos importante fue el paso del subsecretario de Estado norteamericano, Christopher Landau, por Buenos Aires. Entre jueves y viernes, Landau se entrevistó con el Presidente, el canciller Pablo Quirno, el ministro de Economía Luis Caputo, y otros altos funcionarios. Más allá de alguna diferencia puntual –el proyecto de defensa de la soberanía nacional afecta, según Washington, a empresas norteamericanas-Landau dejó mensajes de apoyo de la administración Trump difíciles de minimizar. “Admiro al gobierno argentino por crear las condiciones para otra época dorada en el país”, dijo el subsecretario y número 2 de Marco Rubio, en perfecto castellano, a su paso por la Cancillería. Además de su previsible catarata de elogios hacia un gobierno aliado, Landau no descartó, en su breve intercambio con la prensa, una ayuda “adicional” de Estados Unidos al país el año que viene, si es que Milei necesitara apoyo financiero para sortear alguna turbulencia previa a la cita electoral de octubre de 2027.
Mientras el oficialismo recibía un nuevo respaldo de Washington, la oposición peronista comenzaba a activarse. Con intenciones de generar un polo alternativo al gobernador bonaerense Axel Kicillof, Sergio Massa volvió a mostrarse como una opción “moderada”, aunque su primer paso fue regresar a San José 1111, donde la ex presidenta Cristina Kirchner cumple condena domiciliaria por delitos de corrupción. No se trata, por cierto, de la única opción “moderada”, que imagina el peronismo para intentar aglutinar a una mayoría electoral. Los ex gobernadores Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y Sergio Uñac (San Juan) también invierten dinero y asesores, con la expectativa de ser elegidos como el candidato del espacio peronista para enfrentar a los Milei el año que viene, aunque Massa los aventaje en experiencia de gestión en la administración pública nacional y conocimiento de la población. De todos modos, la alta imagen negativa de Massa en todas las encuestas (está muy fresco aún su paso por el Ministerio de Economía, en el tramo final del gobierno de Alberto Fernández), es aún un freno para sus ambiciones de revancha.
Camporistas, kicillofistas y massistas creen que el deterioro del Gobierno, al compás de una microeconomía sin señales de recuperación en lo inmediato, les abre una perspectiva concreta, más allá de que los movimientos para armar una “tercera opción”, moderada y equidistante de ambos polos, sigue en la cabeza de dirigentes y líderes del mundo empresarial.
“Milei gana con o sin Paso”, repite Diego Santilli, un jefe de gabinete que, hoy por hoy, tiene un solo objetivo: convencer a los gobernadores (o a una buena parte de ellos) sobre las ventajas de la reelección de Milei, previo apoyo a la suspensión de las primarias presidenciales. El jefe de gabinete deja claro, con esa frase, dos sentencias importantes. Por un lado, que su apoyo al Presidente –que junto a su hermana Karina lo quiere como candidato a gobernador bonaerense el año que viene-es inamovible. Y por el otro, que no tiene la total certeza de que esa norma pueda ser aprobada en ambas cámaras, antes de que comience el decisivo año electoral.
Otra vez aquí aparece Bullrich. ¿Será como sospecha la secretaria general de la Presidencia, que la ex ministra de Seguridad demora el tratamiento de la suspensión por conveniencia propia? En pleno cierre del año legislativo, con el Presupuesto y otras leyes vitales por ser tratadas, el Gobierno deberá encontrar un lugar y un momento para ese debate, vital para saber si priva o no a la oposición de una herramienta vital para enfrentarlo con chances de triunfo el año que viene.