La mesa de los argentinos atraviesa una transformación estructural sin precedentes. El consumo de carne vacuna cayó un 42% en las últimas tres décadas: pasó de 52 kilos por habitante en 1990 a apenas 30 kilos en 2025. En paralelo, el pollo y el cerdo ganaron terreno, empujados por una ecuación económica cada vez más determinante.
Según un informe del Instituto de Economía de la UADE (INECO), el consumo total de carnes en el país creció un 12%, pero con un cambio profundo en su composición. Hoy, la carne vacuna y la avícola comparten el primer lugar en la dieta, con una participación de entre 36% y 38% cada una, mientras que el cerdo ya representa el 15,2%.
El relevamiento indicó que el precio del asado se ubica un 47% por encima de su promedio histórico. Actualmente ronda los $15.340, muy por encima del valor promedio de $10.449 registrado entre 1996 y 2025, a precios constantes. Esta brecha impactó de lleno en los hábitos de consumo: mientras que en el año 2000 con un kilo de asado se compraban dos kilos de pollo, hoy esa relación se amplió a cuatro kilos.
El informe también señaló una leve mejora reciente del poder adquisitivo medido en carne. En promedio, un salario permite comprar 154 kilos de asado en la actualidad, por encima del período 2020-2023, aunque lejos de los máximos históricos.
El fenómeno de precios también se explica por la dinámica exportadora. En los últimos 23 años, las ventas al exterior de carne vacuna crecieron un 230% en volumen y más de un 900% en valor, presionando los precios domésticos.
Aun así, Argentina retiene un título mundial: a pesar de la baja en el consumo interno, el país sigue liderando el ranking global de consumo de carne vacuna per cápita, triplicando el promedio de los países analizados por la OCDE.







