Mientras el hielo comenzaba a cubrir los techos de algunos automóviles estacionados, el corazón de La Toma latía más fuerte que nunca. La madrugada del domingo fue una de las más frías del año, con apenas 2 grados de temperatura y una sensación térmica cercana a los 0 °C. Sin embargo, el invierno quedó en un segundo plano. La clasificación de la Selección Argentina a las semifinales del Mundial desató un festejo multitudinario que transformó las calles del centro en una auténtica fiesta celeste y blanca.
El sufrido triunfo por 3 a 1 sobre Suiza, conseguido recién en el segundo tiempo suplementario luego del empate en los 90 minutos reglamentarios, liberó la tensión acumulada durante más de dos horas de partido. El gol de Julián Álvarez, cuando el alargue comenzaba a consumirse, y el tanto definitivo de Lautaro Martínez terminaron por desatar un desahogo que se sintió al mismo tiempo en Kansas City y en cada rincón de Argentina. La Toma no fue la excepción.
Apenas sonó el pitazo final comenzaron a escucharse los primeros bocinazos desde distintos barrios. En cuestión de minutos, automóviles, camionetas, camiones, motocicletas y vecinos de todas las edades comenzaron a dirigirse hacia el centro, como si un mismo impulso los hubiera convocado a celebrar.
Como ocurre cada vez que la Selección regala una alegría inolvidable, el punto de encuentro volvió a ser el circuito de la avenida Belgrano, entre calle Las Heras y la rotonda de avenida Centenario, frente a la Terminal de Ómnibus. La caravana dio una vuelta tras otra y, por momentos, quedó prácticamente detenida por la enorme cantidad de vehículos que se seguían sumando.
Se estima que alrededor de 2.000 personas participaron de los festejos. Familias completas, niños, jóvenes, adultos mayores e incluso muchas mascotas compartieron una noche que tuvo todos los condimentos de una verdadera celebración popular. Banderas argentinas flameando desde las ventanillas, bombos, redoblantes, cornetas, vuvuzelas, silbatos y un incesante concierto de bocinas acompañaron cada recorrido por el centro tomense.
Uno de los puntos de mayor concentración fue, una vez más, la esquina de avenida Belgrano y Moreno, junto a Plaza Arco Iris, donde cientos de personas permanecieron cantando, bailando y alentando durante horas.

Entre las imágenes más llamativas de la noche sobresalió una antigua camioneta blanca de los años ’80 que, en cada vuelta, despertaba sonrisas y aplausos. Decenas de jóvenes viajaban sobre el techo, el capot y la caja del vehículo, saltando y cantando al ritmo de los bombos, convirtiéndose en una de las postales más pintorescas de la celebración.
La presencia policial fue únicamente preventiva y acompañó el desarrollo de los festejos sin que fuera necesaria ninguna intervención. La celebración transcurrió en un clima de absoluta alegría y se extendió hasta aproximadamente las 2:30 de la madrugada, aunque mucho después todavía podían verse vehículos embanderados recorriendo las calles de la localidad.
Entre los cánticos que más se repitieron estuvo el clásico «el que no salta es un inglés», impulsado por la inminente semifinal frente a Inglaterra. El duelo reaviva inevitablemente el recuerdo del histórico partido del Mundial de México 1986, disputado apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, cuando Diego Armando Maradona condujo a la Selección a una inolvidable victoria por 2 a 1 con «La Mano de Dios» y el «Gol del Siglo», un encuentro que para millones de argentinos tuvo una enorme carga simbólica además de su trascendencia deportiva.
Durante toda la noche predominó un mismo sentimiento. Los vecinos saben que el partido ante Inglaterra será una prueba muy exigente, pero también confían plenamente en el equipo de Lionel Scaloni. «Se gana, pero se sufre mucho», «que manera de sufrir», «que sufrimiento hermano, pero ganamos» eran el tipo de frases que se repetían entre risas, abrazos y cánticos, reflejando el camino que viene recorriendo la Albiceleste en este Mundial.
También había otro motivo para celebrar. Muchos destacaban con orgullo que Argentina ya tiene asegurados los ocho partidos del Mundial. Pase lo que pase en los próximos días, la Selección permanecerá hasta el cierre de la Copa del Mundo, alimentando la ilusión de volver a disputar una final.
Cuando las últimas bocinas comenzaron a apagarse y el movimiento fue cediendo cerca de la madrugada, el hielo seguía cubriendo los autos que permanecían estacionados. Pero en La Toma nadie hablaba del frío. Esa noche, el invierno perdió por goleada frente a una pasión capaz de reunir a todo un pueblo bajo una misma bandera y un mismo sueño: volver a ver a la Argentina en la final del mundo.









