El atraso cambiario volvió a instalarse en el centro del debate económico a partir de su impacto directo sobre una de las actividades más sensibles para el empleo y las economías regionales: el turismo. El diputado nacional Miguel Ángel Pichetto fue contundente al describir el escenario actual. “El atraso cambiario está destruyendo el turismo nacional. Hoy sale más barato veranear en Miami o Europa que en Mar del Plata, Bariloche o Iguazú”, sostuvo.
Según Pichetto, el fenómeno no es marginal ni coyuntural. Estimó una fuga de hasta 12.000 millones de dólares producto de los viajes de argentinos al exterior, recursos que dejan de circular en la economía local y que golpean de lleno a hoteles, gastronomía, transporte y servicios asociados. “No hay soberanía posible sin una economía que defienda la producción y el empleo local”, advirtió, al vincular el esquema cambiario con una estrategia que desalienta el consumo interno y premia la salida de divisas.

Las declaraciones del legislador encuentran respaldo en los datos que maneja el propio sector. Gabriela Ferrucci, presidenta de la Asociación de Hoteles de Turismo de la Argentina, describió una situación crítica: en un hotel del microcentro porteño, de 40 habitaciones, apenas nueve estaban ocupadas. Una postal que se repite en distintos puntos del país, incluso fuera de la temporada baja tradicional.
Ferrucci explicó que durante el primer semestre del año un 66% más de argentinos viajó al exterior en comparación con el mismo período del año anterior. La principal razón, señaló, fue el tipo de cambio, que incentivó la elección de destinos fuera del país. A eso se sumó un factor decisivo: la posibilidad de aprovechar esos viajes para comprar tecnología, indumentaria y otros bienes a precios sensiblemente más bajos que en el mercado local.
La distorsión alcanza incluso a la estructura de costos del transporte. “Los vuelos a destinos como Punta Cana se volvieron más baratos que los de la conectividad interna”, afirmó la titular de la entidad hotelera, poniendo en evidencia una paradoja que desalienta el turismo nacional y fragmenta la oferta interna.
El panorama tampoco es alentador en relación con la demanda extranjera. Según Ferrucci, la Argentina se volvió un destino caro para los turistas del exterior, en especial para los países de la región. Brasil, Uruguay y Chile redujeron considerablemente su flujo de visitantes, afectados tanto por el encarecimiento general como por el alto costo de los vuelos internos, indispensables para recorrer el país.
En ese contexto, las advertencias de Pichetto suman una dimensión política a un problema que el sector privado ya percibe en su nivel de actividad. Menos turistas, menos ocupación y menos empleo configuran un cuadro que excede al turismo y expone, una vez más, las consecuencias de un esquema económico que vuelve barato salir del país y cada vez más caro quedarse.







