Piden siete años de prisión para acusado de violar a su hijastra

Los abusos, agravados por la convivencia y la inmadurez de la víctima, comenzaron cuando ella tenía 13 años. Salieron a la luz cuando la adolescente se lo reveló a su madre.
27 de agosto de 2026
El acusado, a la izquierda (la imagen de su rostro está distorsionada porque aún goza de la presunción de inocencia), durante la audiencia tras la cual la causa fue elevada a juicio.

Una fiscal pidió que un hombre que en reiteradas ocasiones abusó de la hija de su pareja sea condenado a siete años de cárcel. La causa ya fue elevada a juicio oral por la jueza de Garantía Nº 2 de San Luis, Agustina Dopazo Samper.

La acusación fue presentada por la Fiscalía de Género Nº 1, a cargo de Delia Bringas. La Fiscalía planteó que el hombre debe ser juzgado por el delito de “abuso sexual por aprovechamiento de la inmadurez sexual, agravado por la convivencia preexistente” y pidió una pena de siete años de prisión.

Aunque en la actualidad la víctima es adulta, los hechos investigados habrían comenzado cuando tenía 13 años y se trató de delitos contra la integridad sexual. 

Según lo relatado por la  fiscalía, los primeros hechos ocurrieron en 2013, cuando la adolescente tenía 13 años. El imputado era pareja de su madre y convivía con el grupo familiar. Inicialmente hubo tocamientos y, posteriormente, entre 2014 y 2016, se produjeron relaciones sexuales de manera reiterada.

La denuncia fue realizada por la madre después de que su hija le contara lo que sucedía. Durante la investigación se incorporaron, entre otros elementos, informes psicológicos y médicos, declaraciones testimoniales y evaluaciones realizadas a la víctima y al imputado.

El imputado había llegado a esta instancia imputado por el delito de “abuso sexual con acceso carnal agravado por la convivencia preexistente”, sin embargo, cambió a “abuso sexual por aprovechamiento de la inmadurez sexual, también agravado por la convivencia”.

Durante la audiencia, la fiscal explicó que no se reunieron elementos para sostener que los encuentros sexuales hubieran ocurrido mediante violencia o coacción, por lo que la imputación mutó. La propia víctima había relatado que, desde la percepción que tenía en aquel momento, había accedido voluntariamente. Sin embargo, para la acusación, ese dato no puede equipararse sin más a la existencia de un consentimiento válido.

El planteo de la Fiscalía pone el foco en el contexto en el que se habrían producido los hechos: la edad de la adolescente, su grado de madurez, la diferencia con un hombre adulto y, especialmente, la posición que este ocupaba dentro de su vida cotidiana. No era una persona ajena a su entorno: era pareja de su madre, convivía con ella y formaba parte del núcleo familiar.

Desde esa perspectiva, la acusación sostiene que la ausencia de violencia física no descarta por sí sola la existencia de un delito sexual. El imputado se habría aprovechado de la inmadurez sexual de la adolescente y de una relación marcada por una fuerte asimetría de edad, confianza y posición dentro de la familia.

La Fiscalía también señaló que, con el paso del tiempo, la víctima pudo comprender desde otra perspectiva aquello que había vivido durante su adolescencia. Entre las evidencias mencionadas aparecen informes que describen angustia y afectación psicológica, además del testimonio de una amiga a quien le habría contado lo sucedido. Según esa declaración, la adolescente llegó a sentirse responsable por las consecuencias que la situación podía provocar en su familia.

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