Todo Un País está viviendo la fiesta del fútbol Mundial Sub 20.
Argentina juega en Valparaíso, la ciudad puerto a la que Pablo Neruda, uno de los poetas más emblemáticos de Chile, eligió como su casa.
Entre los poemas más hermosos de Neruda, está “Pido Silencio”. Y el título y su significado, le caben al éxito triunfal de la Selección Argentina.
Publicado en 1958, “Pido Silencio”, un poema de amor, fue un llamado a la cordura, a la fidelidad a uno mismo, a lo pequeño y al silencio interior frente al ruido exterior.
A la Selección Sub 20, la que dirige Diego Placente y tiene al puntano Facundo Quiroga como ayudante de campo, tuvo cordura frente a los imponderables; no se sobresaltó cuando todo el estadio le jugó con aliento en contra; y se apegó a su silencio interior para sacar el debut adelante.
Argentina pegó en el comienzo y en el final de la primera parte, para tomar una ventaja de dos goles, justa y apropiada, que se destiñó apenas con el descuento cubano.
A los 3 minutos Maher Carrizo abrió la cancha conectando por izquierda, y el centro del delantero de Vélez encontró la oportuna aparición de Alejo Sarco, el tremendo atacante del Bayer Leverkusen: 1-0.
Argentina abrumaba a Cuba en lo colectivo, pero a los 9 minutos dos futbolistas de Talleres dudaron y se complicó el panorama: el arquero Santino Barbi no salió a socorrer a Santiago Fernández; el número 9 Alessio Raballo ganó la posición, el arquero retrocedió, el defensor cometió falta al borde del área y se fue expulsado.
Con diez jugadores en cancha, Romario Torres tuvo el empate y salvó Barbi, con la pierna derecha. Rápidamente el DT albiceleste cambió piezas. Entró Teo Rodríguez Pagano, de San Lorenzo, para cerrar el fondo; y salió Santino Andino, de Godoy Cruz. Juan Villalba (Gimnasia) y Tobías Ramírez (Argentinos), lideraron el centro de la defensa.
Argentina fue un equipo más largo. Sarco estuvo cerca a los 20’, 23’ y 38’; y finalmente metió un soberbio cabezazo a los 41’, tras preciso centro desde la franja derecha de Dylan Gorosito, el lateral de Boca: 2-0.
Cuba, local por el aliento chileno, encontró en una pelota suelta el 2-1, con Karel Pérez empujando al gol la última bola de la primera parte, a los 48’ 30”.
A Argentina le costó fluir en el medio entre Milton Delgado (Boca), Alvaro Montoro (Botafogo) y Valentino Acuña (Newell’s).
En el inicio del complemento, se metió Tomás Pérez (Porto), volante más posicional, por Montoro.
A los 20’ salió Carrizo e ingresó Ian Subiabre, de River.
La selección seis veces campeona del mundo en esta categoría, metió piernas frescas a los 34’, con Tobías Andrada (Vélez) y Mateo Silvetti (Inter Miami), por Sarco y Acuña.
Cuba no supo cómo llegarle a Argentina; y la “Albiceleste” dejó correr el tiempo. Y en el final (45’) un remate picante se metió abajo, en el primer palo, y fue el 3 a 1 que despejó cualquier duda en el resultado.
Siempre habrá puntos de vista. Diferentes puntos de vista. Los hay en este país entre dos fenomenales escritores como Gabriela Mistral (más espiritual, centrada en lo humano y casi rechazando el esteticismo moderno) y Neruda (evolucionó a un realismo que celebra la vida, la materia y la historia americana).
Argentina ganó en el césped del estadio “Elías Figueroa”, en la playa ancha del Pacífico. Ganó a puro realismo de lo que le tocó transitar, y de lo que manda la historia del fútbol.
“Pido Silencio”… ante los silbidos del estadio. Argentina ganó con trazos de Neruda.









