Un perro de raza dogo, de apenas nueve meses, sufrió lesiones de consideración en una vivienda de Quines durante la medianoche del 25 de diciembre, tras asustarse por los estruendos de la pirotecnia y chocar contra una puerta de vidrio al intentar escapar.
Según relató Lucila Floriani, responsable del animal, “Max” presentó heridas en diferentes partes del cuerpo, entre ellas una lesión de importancia sobre uno de sus ojos y una posible fractura en una de sus patas. Sus fotos rápidamente generaron sensibilidad e indignación en la comunidad.
La mascota había quedado en el patio de la casa, mientras la familia celebraba la llegada de la Navidad en un domicilio vecino. A las 00:00, cuando se cruzaron a buscar «los regalos de Papá Noel», se encontraron con la situación.

“Comienzan a tirar pirotecnia y cuando llego a mi domicilio, veo vidrios en la puerta y sangre por toda la casa, incluso en las paredes”, recordó la vecina. Fue en ese momento que hallaron a Max escondido debajo de una cama, con heridas visibles y en estado de shock.
«Mientras el perro estaba lastimado y desesperado, seguían tirando pirotecnia», contó con mucha desazón Lucila. «Mi hija ni quiso abrir los regalos de Papá Noel; la saqué de la situación y luego le expliqué que fue un accidente, y que eso pasó por la pirotecnia», contó.
«Yo lo viví con mi perro en mi casa, pero hay chicos con autismo y me parece que no es para tomarlo a la ligera; es impresionante la cantidad de pirotecnia que hubo en Quines», reflexionó la vecina.

Su caso reabrió el debate sobre los efectos de la pirotecnia sonora, la necesidad de promover celebraciones responsables y realizar controles efectivos que eviten este tipo de práctica, prohibida por ordenanza municipal.







