Alan Karim Villaverde no pierde el tiempo. Según lo que él mismo reconoció ante un juez de Villa Mercedes, en solo un mes cometió ocho robos en distintos comercios de la ciudad. A veces volvía a asaltar el mismo lugar y otras tantas se animaba a nuevos. Lo detuvieron en diferentes momentos, pero siempre logró zafar bajo la condición de que se comportara y en una ocasión hasta se comprometió a pagar los productos que no alcanzó a sustraer de un supermercado. Pero ya con esa lista de delitos, tan interminable como un número periódico, esta semana no le quedó otra que afrontar la Justicia. Para evitar ser juzgado y también un tedioso juicio oral, declaró ser el autor de ocho robos, un hurto frustrado y hasta una desobediencia de una orden judicial, todo para ser condenado a seis años y seis meses de prisión.
El hombre admitió todos los hechos en un llamado juicio abreviado, es decir cuando la fiscalía y la defensa acuerdan una pena bajo la condición de que el acusado reconozca su responsabilidad en el o los delitos. El juez de Garantías 4, Santiago Ortiz, lo sentenció, entonces, por «robo calificado por el uso de arma ( cuatro hechos )», «robo simple ( dos hechos)», «hurto en grado de tentativa» y «desobediencia a una orden judicial».
En el corto lapso de mayo a julio sucedió todo. El primer robo fue el 18 de mayo, alrededor de las 14:50, en un comercio de avenida 25 de Mayo al 1000. Villaverde entró con un cuchillo y le exigió a la empleada dinero y dos atados de cigarrillos. La secuencia fue registrada por las cámaras de seguridad.
El ladrón de los cigarrillos volvió a atacar seis días más tarde, en el mismo lugar, a las 13. Ingresó también con un arma y requirió efectivo. Se llevó lo que había, apenas 21 mil pesos, y cinco atados de cigarros. Escapó en una motocicleta gris y, como la vez anterior, fue captado por las cámaras de seguridad. La filmadora tomó hasta el detalle de que usaba anteojos recetados.
El 21 de julio fue hasta un supermercado y trató de sustraer un shampoo y una crema de enjuague. Pero quedó allí, en el intento porque el personal de seguridad lo detectó. Sus defensoras oficiales, en su momento, argumentaron que el botín no llegó a ser tal, pues no salieron del local, por lo que el daño producido fue insignificante. Propusieron pagar por los productos de aseo personal, a pesar de que ambos habían sido devueltos.
