El médico veterinario Pablo Dietrich, con casi tres décadas de trabajo en establecimientos puntanos, sostiene que la ganadería provincial todavía tiene un amplio margen para crecer. A partir de experiencias en el sur de San Luis, destacó el impacto de la alimentación, el manejo del destete y la incorporación de la recría. La infraestructura y el financiamiento siguen entre los principales desafíos.
La ganadería de San Luis tiene posibilidades de aumentar su producción a partir de una mejor utilización del forraje, ajustes en el manejo de los rodeos y la incorporación de nuevas etapas al proceso productivo. Para el médico veterinario Pablo Dietrich, ese potencial se observa en establecimientos del sur provincial que, al sumar la recría y reorganizar sus sistemas, consiguieron incrementos importantes en los kilos de carne producidos por hectárea.
Según su experiencia profesional, campos de cría tradicionales que obtenían entre 10 y 12 kilos de carne por hectárea pasaron a producir entre 18 y 24 kilos al incorporar la recría, acompañada por una planificación alimentaria adecuada. Son resultados de establecimientos concretos, que muestran posibilidades de mejora, aunque requieren adaptar las decisiones a los recursos y las condiciones de cada empresa.
“Si bien ha crecido mucho la ganadería, no solo en volumen, sino también en productividad, queda mucho camino por recorrer”, afirmó en una entrevista con Todo Un País.

Formado en la Universidad Nacional de Río Cuarto, Dietrich comenzó a recorrer campos puntanos cuando todavía era estudiante y acompañaba a veterinarios que ya trabajaban en la región. Desde entonces construyó una trayectoria vinculada especialmente con la cría y la recría bovina. Hoy, alrededor del 70% de la actividad profesional del equipo que integra se concentra en San Luis.
Desde 2020 también asesora y coordina el grupo Ganaderos del Dupuy, surgido de Cambio Rural y conformado actualmente por nueve empresas. Ese trabajo le permite seguir de cerca sistemas productivos del sur provincial, donde las grandes extensiones, la disponibilidad de agua y la variabilidad de la oferta forrajera condicionan las decisiones.
La alimentación, el principal límite
Para Dietrich, una de las mayores restricciones productivas continúa siendo la nutrición. La cantidad y la calidad del alimento disponible determinan tanto el crecimiento de los animales como los resultados reproductivos del rodeo.
El punto de partida, explicó, es ajustar la cantidad de hacienda a la capacidad del campo. A partir de allí, las suplementaciones estratégicas permiten atender deficiencias en determinados momentos del año y cubrir los requerimientos de las distintas categorías.
En los sistemas de cría, una prioridad es que las vacas lleguen al invierno con buena condición corporal. Esa reserva influye sobre el desempeño durante la siguiente parición y sobre las posibilidades de lograr una nueva preñez.
En ese sentido, destacó los cambios que pueden generar el destete anticipado y el precoz. Al interrumpir la lactancia se reducen los requerimientos nutricionales de los vientres, lo que favorece su recuperación antes de la etapa invernal, siempre que la disponibilidad de alimento lo permita.
Dietrich señaló que este manejo puede iniciar un círculo favorable, que vacas que recuperan estado durante el otoño atraviesan mejor el invierno y llegan en mejores condiciones al siguiente ciclo reproductivo. La elección del momento y de la modalidad de destete debe contemplar, además, cómo se alimentará a los terneros.

La incorporación de la recría permite agregar kilos dentro del establecimiento y ampliar las alternativas de manejo. En campos que antes vendían los terneros al destete, retenerlos durante una etapa adicional puede elevar la producción de carne por hectárea.
Pero Dietrich remarcó que ese cambio exige prever recursos de mayor calidad que los necesarios para mantener una vaca de cría durante el invierno. Entre las opciones menciona verdeos, maíces diferidos, sectores de mejores pastizales y suplementación energética y proteica.
La recría también funciona como un “fusible de carga”, ya que cuando un año seco reduce la oferta de pasto, es posible retirar o vender esas categorías para disminuir la presión sobre el campo y preservar el rodeo de vientres.
En los últimos años, observó una mayor utilización de suplementos mediante sistemas de autoconsumo con limitadores, orientados a regular la cantidad ingerida por los animales. Se trata de herramientas que deben integrarse a la planificación del establecimiento, según el alimento disponible y los objetivos productivos.
Cómo aprovechar mejor el campo
En el sur de San Luis, mejorar la producción también implica resolver dificultades de infraestructura. Los potreros extensos y la distancia entre aguadas condicionan la distribución del pastoreo y complican tareas como los encierres, los controles sanitarios y el seguimiento de los nacimientos.
Dietrich advirtió que dentro de un mismo lote pueden coexistir áreas sobrepastoreadas, próximas al agua, y sectores poco utilizados por su lejanía. Esa distribución desigual limita el aprovechamiento del alimento que el campo ya produce.
Por eso, consideró que las inversiones en aguadas, acueductos, perforaciones y divisiones internas pueden mejorar la eficiencia de utilización del pastizal.
La dificultad está en su costo. En establecimientos de grandes dimensiones, subdividir potreros y distribuir agua requiere inversiones importantes, que muchas veces resultan difíciles de afrontar con los ingresos de la cría. A su juicio, el acceso al financiamiento y la disponibilidad de montos suficientes siguen siendo obstáculos para avanzar.
La experiencia en el semiárido le enseñó que las prácticas deben ajustarse a cada ambiente. Los montes de caldén, las travesías medanosas y los diferentes pastizales presentan condiciones que obligan a revisar cómo se organiza el trabajo y se aplican las tecnologías.
En ese proceso, Dietrich destacó el aporte del INTA en San Luis, tanto por la información acumulada sobre pastizales, sistemas ganaderos y pasturas megatérmicas como por la posibilidad de consultar a sus técnicos.
Entre los cambios que identifica en los establecimientos mencionó la incorporación sostenida de pasturas y, más recientemente, un mayor uso de la inseminación artificial a tiempo fijo. Esta técnica permite avanzar en mejoramiento genético y concentrar preñeces al comienzo del servicio, con el objetivo de obtener más nacimientos tempranos y terneros más uniformes y pesados a una fecha de destete determinada.
También señaló experiencias con verdeos de invierno, sorgos forrajeros y maíces para pastoreo. En sectores específicos con influencia de napa, algunos establecimientos evalúan o desarrollan recursos como la alfalfa, destinados a categorías de mayores requerimientos.


