La historia dirá que el 21 de marzo de 2025, después del Domingo de Pascua, murió Francisco el primer papa argentino, latinoamericano y jesuita. Aquel Jorge Bergoglio que escribió su nombre en lo más alto del cristianismo el 13 de marzo de 2013.
La muerte de Francisco ha desencadenado un período de luto en el Vaticano y marca el inicio de un proceso milenario para elegir a un nuevo pontífice. El “interregno papal” –el período entre la muerte de un papa y la elección de otro– comenzó con el fallecimiento de Francisco.
Pero antes, habrá nueve días para despedirlo. El ritual fúnebre fue renovado por el propio Jorge Bergoglio para hacerlo más sencillo.
Entre las novedades introducidas están la confirmación de la muerte ya no en la habitación del difunto, sino en la capilla y la deposición inmediata en el interior del féretro.
La exposición del cuerpo para la veneración por parte de los fieles será dentro del féretro abierto. Fueron eliminados los tradicionales tres ataúdes -de ciprés, plomo y roble-, por un único ataúd de madera, con interior de zinc.
La Constitución Apostólica ‘Universi Dominici gregis’, de San Juan Pablo II, determina que corresponde a los cardenales decidir el día en que el cuerpo del pontífice difunto será trasladado a la Basílica Vaticana, para ser expuesto al homenaje de los fieles.
Los funerales deben celebrarse durante nueve días consecutivos y el entierro realizarse, «salvo por causas especiales, entre el cuarto y el sexto día después de la muerte».
En una entrevista publicada después de la muerte de su predecesor, Francisco expresó que quería un funeral «sencillo», similar al celebrado en enero de 2023 por Benedicto XVI. Y que ya había elegido el lugar donde sería enterrado: Santa María la Mayor, una de las cuatro basílicas más grandes de Roma.