Villa Mercedes: El “patrón” del Vulpiani se quedó sin “peaje” y debe responder a la Justicia

Es investigado por posible usurpación de terrenos. Vecinos dicen que ya cobró antes por entrar al dique. Ante la Policía, argumentó que pedía una “ayuda económica” para mantener el lugar.
17 de enero de 2026

Al hombre que hasta hace una semana se las daba de dueño de uno de los accesos al dique Vulpiani, en la zona norte, se le disiparon los humos o, mejor dicho, quedaron por el suelo. Tras las viralización de un video en el que claramente le explicaba a un grupo de ciclistas que no podían pasar por una de las entradas a la represa, porque entonces cruzarían por su territorio y para eso debían pagarle, no solo lo escracharon en todas las redes sociales, se ganó el repudio de toda Villa Mercedes, fue denunciado en una comisaría, le cayó personal de la Municipalidad y se llevó a sus seis perros, sino que deberá verse ante el fiscal adjunto Adán Chavero por la posible comisión del delito de “usurpación”.

De creer a tenerlo todo, un terreno que, en realidad, le pertenece a toda la provincia, a perderlo casi todo. Así terminó el hombre de 45 años, el llamado “patrón” del Vulpiani, que además de responder ante los funcionarios municipales deberá hacerlo ante la Justicia penal.

Se ganó esta indeseable fama la tarde del domingo pasado. Julio César Aguilar y sus tres amigos entrenaban con sus bicicletas en el norte de la ciudad. Como muchas otras veces, pues es un camino que conocen desde su niñez. Pedalearon siguiendo como guía el canal de la Dársena hasta llegar al cruce de calle Chacabuco y la Ruta 2B. Cuando trataron de cruzar uno de los ingresos al Vulpiani se toparon con un hombre barbudo, con boina, alpargatas cubiertas de tierra y fumando, sentado en una reposera, a un costado del ingreso. Lo acompañaba otro sujeto canoso, probablemente un amigo, que utilizaba un tacho de pintura de 20 litros como asiento.

Así, un tanto impresentable como estaba, el extraño de boina les cerró el camino y les dijo clarito que ahí no pasaban si no pagaban. Le salió el Donald Trump de sus entrañas.

—Esto es la vía pública— le aclaró uno de los ciclistas al cobrador del «peaje» de cotillón.

—Sabes qué, no van a pasar— le respondió ya enojado el de la reposera.

—Listo— dijo indignado el vecino mientras grababa el video.

—Listo. Ciao. Nos vemos —cerró la discusión el autoproclamado dueño.

—Qué bárbaro. No puede ser que la vía pública la cobre —expresó el ciclista aún incrédulo de la escena.

—¿Cómo? No es la vía pública. La vía pública es la calle. De acá pa’llá es mi terreno —indicaba con el brazo derecho, mientras expulsaba humo del cigarrillo y continuó

—Usted, para pasar para el otro lado tiene que pasar por mi terreno.

Registro y denuncia

Todo ese momento fue registrado por uno de los ciclistas que se negaron a pagar ese peaje de fantasía. Pero no se quedaron con eso, enterados de que el desconocido tenía esa costumbre de “cobrador” de la zona lo denunciaron en la Comisaría 12°. El revuelo llegó hasta las autoridades de la Secretaría de Gobierno de la Municipalidad, quienes se comunicaron con San Luis.

Agua y la empresa Cargill, encargados de trabajar en el dique. Trascendió también que el hombre vivía a escasos metros del río, en otro lugar que no es de su propiedad, en una especie de choza y con seis perros. Cuando el personal del Refugio Animal, dependiente del Municipio, se enteró de eso, fueron también a visitarlos para constatar cómo viven esos pobres animales.

“El patrón” se guarece bajo una improvisada choza de maderas y nylon, sin ningún tipo de servicio. Pero, para sorpresa de la funcionaria a cargo del refugio de contención animal, Sol Martínez, los cuatro canes hembras y los dos machos vivían en mejores condiciones que su dueño.

El techo de la casita de los perritos era más sólido y resistente que la del sujeto, la cual puede ser arrasada por apenas un leve viento. Los canes también tenían comida y agua, las vacunas al día y presentaban un “buen estado general”. Lo único que les faltaba era ser castrados. Por eso el personal del refugio se los llevó para someterlos a la operación que les impide la reproducción.

Antes de firmar el acta judicial, en el que fue notificado que debe presentarse en los tribunales, el falso cobrador de peaje ablandó ese carácter duro que mostró ante los ciclistas y otras personas a las que les cobró en el pasado el ingreso al Vulpiani y trató de explicarse. Hasta mostró colaboración ante los efectivos.

Con argumentos poco elocuentes, primero dijo que él solo pedía “una contribución monetaria” para mantener limpia esa zona, pero que nunca le negó el paso a nadie al río. Y para terminar de oscurecer más que de aclarar, reconoció que el domingo del altercado con los ciclistas se fue un poco de boca porque estaba bajo los efectos. Sin embargo, se comprometió ante los uniformados que episodios e inconvenientes por el estilo no volverán a suceder.

No te pierdas...