Antes del 21, otra fecha para la memoria de los estudiantes

Mañana se cumple otro aniversario de La noche de los lápices, del 16 de septiembre de 1976. La fecha se ha instituido como Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios.
15 de septiembre de 2025

El próximo domingo 21 los estudiantes argentinos celebrarán su día. Que coincida con el inicio de la primavera, la estación que simboliza la juventud, la vitalidad, la esperanza, es mera casualidad, al contrario de lo que muchos creen. En realidad la celebración es un homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, “el padre del aula”, a partir de que sus restos fueron repatriados el 21 de septiembre de 1888: había muerto diez días antes en Paraguay. Antes de esa fecha festiva, habrá en Argentina otra conmemoración, poco conocida, menos alegre, más dolorosa: este martes 16 es el Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios, un homenaje a los chicos de La Plata asesinados en la última dictadura militar, en lo que se conoce como “La noche de los lápices”.

Fueron diez los alumnos de secundaria secuestrados en septiembre de 1976, cuando la dictadura cívico-militar del “proceso de reorganización nacional” llevaba medio año en el poder, desde el 24 de marzo. Tenían entre 16 y 18 años.

Para ese entonces, las organizaciones guerrilleras que cometían atentados con explosivos, secuestros y asesinatos ya estaban aniquiladas. Aun desde antes del golpe del 24 de marzo, durante el gobierno de Juan Domingo Perón e “Isabel” Perón, los militares y la organización clandestina paramilitar Triple A las habían diezmado con métodos no precisamente legales, en regla.

En el caso de los estudiantes de La Plata, el “delito” que cometieron fue reclamar que les mantuvieran el boleto estudiantil gratuito. Solo eso. Que estaban movilizados políticamente, que integraban centros de estudiantes muy activos, por supuesto. Algunos integraban la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Pero no eran terroristas.

“Casi todos teníamos militancia política, la mayoría en la UES, y un año antes, en la primavera de 1975, habíamos participado en una marcha para pedir por el Boleto Estudiantil Secundario, entre muchísimas otras actividades políticas. Más tarde, en 1976, ya bajo la dictadura, seguimos militando y organizamos algunos actos de oposición”, narra una de ellos, Emilce Moler, en su libro La larga Noche de los Lápices, publicado por la editorial Marea en 2020.

La noche del 16 de septiembre de 1976, en un operativo conjunto, la Policía bonaerense, comandada por Ramón Camps, y el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército irrumpieron en los domicilios de algunos estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nº 3 de la Plata.

Se llevaron secuestrados a María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Francisco López Muntaner, Daniel Alberto Racero y Horacio Ángel Ungaro. Al día siguiente secuestraron a Emilce Moler y Patricia Miranda, y el 21 de septiembre, a Pablo Díaz. Desde el 8 de septiembre tenían privado de la libertad, en forma ilegítima, a Gustavo Calotti.

Los tuvieron “chupados” en distintos Centros Clandestinos de Detención (CCD), como el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda. Los sometieron a diversas formas de tortura y vejámenes. Finalmente, asesinaron a seis de ellos, que continúan en la categoría de detenidos-desaparecidos: María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro. Solo cuatro sobrevivieron: Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler y Patricia Miranda.

Su historia está relatada en la película “La noche de los lápices”, de 1986 (tres años después de la recuperación de la democracia), dirigida por Héctor Olivera y basada en el libro homónimo de María Seoane y Héctor Ruiz Núñez.

En homenaje a esos estudiantes, víctimas del terrorismo de Estado, se instituyó el 16 de septiembre como Día de los Derechos de los Estudiantes Secundarios. No es una fecha festiva, como la del 21: es una herramienta más para trabajar en la toma de conciencia sobre los derechos de los estudiantes -de los ciudadanos, en definitiva- y la necesidad de defender un sistema de gobierno que los garantice.

“Hay que poner mucho énfasis en la democracia: valorarla, respetarla”, dice Emilce Moler, una de las sobrevivientes de aquel horror.

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