Marcelo Bielsa brindó una inesperada conferencia de prensa luego de la derrota de Uruguay en un amistoso contra los suplentes de Estados Unidos, en la que perdió 5-1.
Cuando se especulaba fuertemente con su renuncia al cargo de entrenador, el rosarino descartó esa posibilidad y aseguró que el proceso continuará hasta el Mundial de 2026 porque «me mantengo con la misma fuerza que el primer día».
Más allá de que reconoció que «los efectos de una derrota de ese tipo siempre generan preocupación y debía explicar», fue mucho más allá de la faceta futbolística al convertir la rueda con los periodistas en casi una sesión de psicoanálisis en la que habló sin tapujos de cuestiones vinculadas a su personalidad como nunca antes lo había hecho.
Sorprendió escucharlo reconocer: «Yo soy tóxico, el que se relaciona conmigo empeora. Hay tipos tóxicos, que sólo ven el error, que sólo están corrigiendo, que demandan, que nunca están satisfechos con nada, que les gusta hablar solo del trabajo, que van a comer y llevan un diario porque no quieren integrarse con el resto».
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Y asumiendo una especie de culpa, explicó que «eso yo lo vivo como un karma. ¿Saben en qué está basada esa conducta? En el miedo, porque uno no disfruta por ganar, teme por perder mucho más de lo que disfruta por ganar».
«Esa obsesividad está en la búsqueda de recursos que te alejen de la derrota y te acerquen a la victoria», continuó, y precisó que «les pasa a los entrenadores en general, salvo a grandes irresponsables a los que hay que aplaudir, como Cruyff o Menotti, que creía todo lo contrario a lo que yo creo».
«Yo quisiera vivir todo lo contrario a lo que vivo», confesó Bielsa, a corazón abierto.







