Es posible que un alimento tenga sabor a solidaridad y a formación profesional al mismo tiempo? Un grupo de alumnos de la Facultad de Ingenierías y Ciencias Agropecuarias (FICA), que pertenece a la Universidad Nacional de San Luis (UNSL), lo hacen posible. Elaboran diferentes tipos de mermeladas para donarlas a comedores de Villa Mercedes y para incorporar mayores conocimientos en producción alimentaria.
La facultad, que tiene sede en el campus mercedino, cuenta con una planta piloto en donde los jóvenes pueden aprender las bases de un proceso productivo antes de saltar al campo laboral en el que se desempeñarán. Allí se congregaron integrantes de la Asociación Mercedina de Estudiantes de Ingeniería Química y en Alimentos (AMEREIQ), gracias a un proyecto que cuenta con el apoyo económico y logístico del Decanato.
El objetivo principal fortalecer la formación y poder entregar un aporte a los centros solidarios que brindan almuerzos, meriendas y otras ayudas en los barrios más desfavorecidos de la ciudad, sobre todo porque se trata de un alimento que no suele ser el que más abunda en las donaciones que reciben las organización.
Durante las últimas semanas utilizaron las instalaciones para elaborar mermeladas de manzana y de zapallo, mientras que en aproximadamente dos semanas realizarán una nueva tanda, pero que será a base de frutilla sin azúcar.
De la actividad participan chicos y chicas que cursan en distintos años de las diferentes carreras que ofrece la institución: Ingeniería Química, Ingeniería en Alimentos e Ingeniería en Bromatología, bajo la supervisión y acompañamiento de los docentes.
“Además de su fin solidario, este tipo de experiencias permite que los alumnos transfieran sus conocimientos del aula a situaciones reales, enfrentando problemáticas propias del proceso productivo”, señaló Sonia Núñez, una de las profesoras.
Durante la práctica, pusieron en marcha diversos equipos industriales, como el generador de vapor y los sistemas de operaciones unitarias, lo que permitió a los participantes adquirir experiencia técnica en contextos reales de producción.
La Planta Piloto tiene más de 25 años de vida en la sede mercedina de la universidad, aunque no siempre funcionó de manera interrumpida. Se empezó a gestar aproximadamente en 1985, con a compra de equipos, maquinarias y la construcción del edificio, pero recién pudo poner en marcha en 1998. En junio del año pasado, finalizaron una serie de reformas que permitió devolverle su potencial.
Posee un área de producción, laboratorios, un área de servicios y un área de almacenamiento (cámara frío). Además, cuenta con servicios de vestuarios y sanitarios, para que los estudiantes incorporen los hábitos de higiene y seguridad que deben aplicar en las plantas industriales reales.
No es la primera vez que las máquinas se encienden con un fin solidario. Cuentan con diferentes proyectos que persiguen el mismo doble objetivo: la ayuda social y la formación profesional, como la deshidratación de hortalizas, cereales y legumbres para crear un “guiso” no perecedero y nutritivo para los comedores.







