Llegó como si nada fuese a la esquina del barrio Altos del Oeste de Villa Mercedes. Como si el tiempo no hubiera corrido desde el siglo XIX, cuando Argentina todavía estaba bajo el dominio de la corona española. Arribó en un carrito cuyas ruedas se movían por el andar de un pobre caballo que lograba sacar energía de donde ya casi no era posible, de su maltratado cuerpo a fuerza de azotes. El hombre salió como un rayo cuando vio que unos patrulleros de la División de Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM) rodeaban al agotado animal y ahí nomás lo reclamó como si fuera un auto o una moto.
«Es mío», dijo y les contó que lo había dejado ahí, amarrado a un poste de Lainez y Balcarce, mientras mantenía una reunión con su abogada. Contrariamente al motivo por el que se acercó hasta el estudio jurídico, perdió lo que a su modo de ver no era un ser sintiente, sino un medio de movilidad, y se ganó un problema con la Justicia por maltrato animal.
Fue la noche del martes. Los efectivos se comunicaron con el refugio municipal de contención animal. Cuando el personal de esa área de la Municipalidad llegó y constató las condiciones en las que se encontraba el equino, denunciaron el hecho ante las autoridades judiciales, secuestraron preventivamente al caballo e incautaron el carrito. «El equino fue trasladado hacia la Canera Municipal, mientras que el propietario fue llevado a la dependencia policial y notificado por infracción a la Ley de Maltrato Animal», informó Relaciones Policiales.
El sufrimiento del caballo saltaba a simple vista con la falta de pelos en el lomo y algunas zonas cercanas al cogote. Probablemente los golpes, fuertes ataduras, el llevar a cuestas el pesado carro o un mix de toda aquella tortura le pelaron esa parte del cuerpo y le dibujaron esos surcos donde su pelaje marrón ya no puede crecer.