Bajo la tierra de San Luis fluye un recurso que podría transformar la manera en que la provincia se calienta, se enfría y gestiona su energía. Un equipo de científicos y científicas de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas y Naturales de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) trabaja desde 2023 en el Estudio geológico-estructural para caracterizar el potencial geotérmico en la provincia de San Luis, seleccionado en la convocatoria nacional de Proyectos Federales de Innovación (PFI).
El avance es sostenido: ya hay resultados preliminares, se han formulado hipótesis sobre el origen de los sistemas termales y se elevaron propuestas concretas al gobierno y a los municipios.
El proyecto es dirigido por el doctor en Ciencias Geológicas Augusto Morosini, con la codirección de la doctora en Geofísica Silvana Liz Spagnotto. El estudio se concentra en tres zonas: Balde, San Jerónimo y Quines, y su objetivo central es establecer un análisis preciso sobre los principales reservorios de agua termal y los beneficios que podrían aportar mediante un aprovechamiento sustentable.
La cuenca que guarda el secreto El corazón de la investigación es la cuenca de Beazley, una depresión tectónica donde las aguas subterráneas emergen naturalmente a la superficie en Balde y San Jerónimo, con temperaturas que oscilan entre los 36 y los 43 grados centígrados. Los pozos de esa zona son notablemente profundos: alrededor de 600 metros en Balde y 450 metros en San Jerónimo.
El equipo trabaja actualmente en la presentación del modelo geológico-hidrogeológico final y en dilucidar el origen de estos sistemas termales. “Ya tenemos resultados preliminares y estamos estudiando la composición química del agua”, afirmó el director del proyecto.
Sobre el origen de las aguas, Morosini señaló que hay más de una hipótesis activa: “Sospechamos que las aguas se insumen en todo lo que es el frente de las Sierras de San Luis, pero también cuando hay precipitaciones en la Cerrillada de las Cabras, es decir, en todo lo que son las Serranías Occidentales. La estructura favorece la infiltración hacia la cuenca de Beazley”.
Spagnotto aportó precisión sobre ese punto: “Si bien no lo tenemos resuelto de manera definitiva, creemos que puede haber una recarga activa que puede venir del oeste, desde la Cerrillada de las Cabras”.
¿Cuánto tiempo más se puede extraer?
Uno de los interrogantes más urgentes que busca responder la investigación tiene que ver con los límites del recurso. La codirectora del proyecto señaló que el hecho de que en Balde y San Jerónimo se extraiga agua hace muchos años, con alta presión y alta temperatura, sugiere que los acuíferos se recargan activamente. Sin embargo, eso no significa que el recurso sea infinito.
“Por ahora el recurso se sigue extrayendo, pero la pregunta es hasta cuándo se puede extraer. Precisamente, lo que queremos conocer es el caudal que se puede bombear sin afectar el sistema”, detalló Spagnotto.
Los resultados definitivos del estudio permitirán conocer con precisión la forma de los acuíferos, sus dimensiones y las zonas de recarga. A partir de ese conocimiento, el proyecto aspira a brindar una base científica sólida para que autoridades, emprendedores y ciudadanos realicen un uso sustentable del recurso.
Un pozo mal construido, una alerta concreta
Los científicos no solo encontraron oportunidades: también detectaron riesgos. En Balde, un pozo de reciente construcción presenta problemas que podrían comprometer la calidad del agua.
Ante esta situación, el equipo ya presentó recomendaciones formales al Gobierno provincial, a San Luis Agua y a los municipios sobre medidas urgentes de gestión y protección de los pozos termales existentes.