En una apuesta ambiciosa por transformar su matriz productiva y recuperar el potencial frutihortícola de la provincia, el Gobierno de San Luis puso en marcha una estrategia inédita en su historia agrícola: la liberación de machos estériles de la mosca de los frutos. Se trata de un plan biotecnológico de control sustentable que promete reducir hasta un 90% el uso de agroquímicos y devolverles sanidad y valor a las producciones locales.
La medida forma parte de un programa integral de lucha contra la mosca de los frutos, impulsado por el Ministerio de Desarrollo Productivo provincial y respaldado por el Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza (Iscamen), proveedor de los insectos estériles.
“Es un cambio profundo en la forma de entender la sanidad vegetal”, explicó Daniel Boiero, director General de Fiscalización y Control, quien coordina un entramado de instituciones provinciales como Improfop, Sol Puntano y el Cosafi. “Con la liberación de machos estériles reducimos la carga química en la producción y llevamos a la mesa de los puntanos frutas libres de insecticidas”, subrayó.
La técnica aplicada, utilizada con éxito en Mendoza, San Juan, Río Negro y Chile, consiste en criar moscas macho, esterilizarlas mediante radiación y liberarlas en zonas críticas. Al aparearse con hembras fértiles, impiden la reproducción de nuevas generaciones de la plaga.
En San Luis, el proceso implicó una inversión inicial de 10 millones de pesos, con la instalación de un laboratorio especializado donde las pupas, provenientes del Iscamen, son incubadas, alimentadas y liberadas en el momento justo. Hasta la fecha, se liberaron un total de dos millones de moscas estériles a modo de control biológico para reducir la presencia de la plaga en los cultivos.
Las pupas llegan en cajas y son depositadas en una sala oscura, climatizada y equipada con microscopios de luz negra, donde los especialistas pueden distinguir los machos estériles de los fértiles. Luego, los insectos se preparan en bolsas especiales con papel arrugado que les permite moverse y una mezcla de azúcar y proteínas para alimentarse antes de ser liberados.
“No se trata simplemente de soltar moscas al aire. Cada liberación requiere coordinación con los municipios, que deben avisar a la población para evitar fumigaciones que eliminen a los machos estériles antes de cumplir su función”, explicó Boiero.
Estas moscas, fácilmente reconocibles por su tamaño más pequeño, no causan daño ni representan riesgo alguno para personas, animales o cultivos. Son, literalmente, el ejército invisible de una guerra limpia.
Menos químicos, más salud y sustentabilidad
El impacto ambiental de este nuevo enfoque es profundo. La disminución de hasta un 90% en la aplicación de insecticidas representa no solo un ahorro económico, sino un avance decisivo en salud pública.
“Esto nos da una ventaja muy grande, insistió Boiero, porque los frutos llegan a los hogares libres de agroquímicos. Hay gente en el campo que come la fruta directamente del árbol, sin lavarla, y eso antes podía representar un riesgo”.
Además, la reducción del uso de productos químicos beneficia la biodiversidad, mejora la fertilidad del suelo y contribuye a la certificación sanitaria que permitirá en el futuro exportar fruta puntana con estándares internacionales.
El plan no se limita al control de plagas. El Gobierno provincial busca reposicionar a San Luis como una provincia frutihortícola, con infraestructura, sanidad y producción local.
Para ello, se proyecta la instalación de nuevas barreras sanitarias (además de las actuales en Desaguadero y Justo Daract) en La Punilla, La Toma, Villa Mercedes, Santa Rosa, Vizcacheras, El Encón, La Horqueta y Lafinur, entre otros puntos estratégicos.
Estas estaciones no solo controlarán la mosca de los frutos, sino también otras amenazas como el picudo del algodonero, plaga ausente en la provincia pero que ya preocupa en regiones vecinas.
Paralelamente, se impulsa la reactivación de acueductos y pozos, así como la producción de plantines en el vivero estatal Improfop, donde ya se cultivaron más de 150.000 unidades de hortalizas bajo invernadero.
“Ya no entregamos semillas, sino plantas listas para producir. Queremos que cada familia, cada emprendedor, tenga una oportunidad concreta de generar ingresos”, dijo Boiero.
Hacia una provincia frutihortícola
La visión de fondo es clara: diversificar la matriz productiva y fortalecer la soberanía alimentaria.
“San Luis tiene condiciones agroecológicas excelentes. En el norte somos mineros, en el sur ganaderos, pero el desafío ahora es ser también frutihortícolas”, plan teó Boiero.
El funcionario destacó que en 2025 se desplegó un programa de invernaderos productivos y se activaron proyectos postergados, como la bodega comunitaria y la fábrica de dulces de Sol Puntano, que hoy funciona como centro de capacitación y elaboración para emprendedores locales y estudiantes universitarios.
“Sol Puntano no es una unidad de negocio, es una escuela abierta para que la gente aprenda, produzca y mejore su economía. Queremos cambiar el paradigma”, afirmó.
Más allá de la tecnología, el éxito del plan depende también del compromiso ciudadano. Boiero enfatizó que se debe cambiar una práctica común pero nociva: dejar la fruta caída en el suelo o abandonada en los árboles, donde la mosca encuentra el ambiente perfecto para multiplicarse.
“Hay que levantarla, enterrarla o aprovecharla industrialmente. No se trata solo de combatir una plaga, sino de cuidar entre todos la producción y la salud ambiental de San Luis”, sostuvo.
El nuevo esquema, aprobado por Senasa e integrado al sistema sanitario de Cuyo, coloca a San Luis dentro del corredor productivo más importante del país en materia frutícola.
“Mendoza nos abrió la puerta, y hoy somos parte de esa red regional. Estábamos olvidados, pero volvimos a ser parte del mapa productivo de Cuyo”, celebró Boiero.
El uso de machos estériles marca así un antes y un después en la lucha contra la mosca de los frutos. Un modelo que combina ciencia, gestión y compromiso social para construir una provincia más verde, más sana y productiva. Porque en San Luis, el futuro del campo puede depender, literalmente, de una mosca que no puede reproducirse.







