“El oficial Pringles y los individuos que lo acompañaron el 27 de noviembre han llenado mis esperanzas y cumplido sus deberes a la patria”. Que el Padre de la Patria, el Libertador de Argentina, Chile y Perú, se expresara así sobre un soldado debió henchir el pecho del aludido. Aquella muestra de valor del puntano Juan Pascual Pringles no solo le granjeó el respeto del general José de San Martín, sino que además lo salvó de que le aplicaran una severa pena por desobedecer, con su arrojo, una orden nada menos que del jefe del Ejército de los Andes.
Hoy se cumplen 205 años de aquella intrépida acción que Pringles realizó en la playa de Pescadores, la que le valió el mote de Héroe de Chancay y lo encumbró en el pedestal, como uno de los esforzados patriotas de San Luis que sacrificaron bienestar, descanso, vida hogareña y paz para ponerse al servicio de la patria, lo que muchos -Juan Pascual es uno de ellos- pagaron con su vida. Literalmente.
¿Por qué Pringles es el Héroe de Chancay? El 9 de noviembre de 1819, Juan Pascual se incorporó como alférez al regimiento de Granaderos a Caballo del Ejército de los Andes. Ya liberada Chile, San Martín preparaba la segunda parte del plan continental, que consistía en atacar a los españoles en Perú. Para eso reclutaba soldados en el campamento de Las Chacras (actual Juana Koslay).
Un año después desembarcó en Huacho, Perú. Integraba el regimiento del coronel Rudecindo Alvarado. Una semana después de arribar, su jefe le dio una misión: al frente de una partida de veinte hombres, debía ir al encuentro del contacto con el regimiento “Numancia”, del ejército realista español, que por estar compuesto por mayoría de criollos tenía la voluntad de pasarse al ejército patriota.
Alvarado le transmitió la orden de San Martín de no presentar batalla en caso de encontrarse con tropas enemigas, lo cual era bastante probable. Y ocurrió. El puntano al mando de la mínima comitiva se topó con una partida de setenta soldados realistas. Pero en vez de hacer lo que le habían indicado, ordenó a sus hombres enfrentarse a los adversarios, que los superaban casi cuatro veces en número.
Al principio, por efecto de la sorpresa, los soldados patriotas lograron abrir una brecha en el frente enemigo. Pero los otros reaccionaron en seguida y la diferencia numérica jugó a su favor. En el combate murieron tres soldados de la partida de Pringles y otros once, entre ellos él mismo, resultaron heridos.
La situación para los soldados de la independencia empeoró cuando por retaguardia los cercó otra tropa de cien soldados realistas. Pringles entrevió que el desenlace sería fatídico si no intentaba otra cosa. Entonces decidió algo que el general adversario no esperaba: con los soldados que le quedaban, se adentró en el mar, a caballo, en las heladas aguas del océano Pacífico. Era una señal de que no estaba dispuesto a entregarse fácilmente.
El jefe enemigo, Gerónimo Valdez, le propuso que saliera y se entregara, asegurándole que les perdonaría la vida. Pringles y sus hombres cayeron prisioneros, hasta el 10 de enero de 1821, cuando fueron canjeados por prisioneros españoles y volvieron a las filas del ejército libertador.
En la orden del día, el general San Martín publicó el elogio citado al comienzo de esta nota. Y le agregó una salvedad: “Pero es sensible que aquel oficial, al paso que acreditó su valor, obró sin previsión dejándose sorprender del enemigo: él debía ser juzgado como corresponde, y solo el ejemplo extraordinario que ha dado de su bravura, lo salva de las leyes militares”. Su coraje lo salvó, como queda dicho. No solo eso. El Padre de la Patria ordenó entregarles al puntano y sus hombres una medalla con la leyenda “Gloria a los vencidos en Chancay”.
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Mucho más que un aislado acto de coraje
En realidad, si bien la obtuvo por el episodio de Perú, la categoría de héroe le cabe a Juan Pascual Pringles por mucho más que aquel acto de arrojo. Dedicó su vida a luchar por su país. Primero peleó por la emancipación americana (1819-1824); más tarde combatió por la soberanía nacional y la integridad territorial, en la Guerra del Brasil (1825-1828), con el propósito de mantener la Banda Oriental (actual República Oriental del Uruguay) como lo que era: una más de las Provincias Unidas del Río de la Plata; y luego peleó por la organización del país, en la guerra fratricida de unitarios y federales, desde 1828 hasta que lo mataron en ese conflicto, el 19 de marzo de 1831.







