Puntanos en peligro: cuando San Luis se jugó por la Revolución de Mayo

En junio de 1810, cuando llegó la noticia de la formación de la Junta de Gobierno en Buenos Aires, los vecinos de San Luis se reunieron en el cabildo de la capital puntana y de inmediato decidieron apoyar el nacimiento de la nueva nación. Y el gobernador de Córdoba, que regía en la región, amenazó con pasarlos por las armas.
25 de mayo de 2026
El Cabildo de Buenos Aires fue el epicentro de la Revolución. En el de San Luis, los puntanos fueron los primeros en adherir.

Delincuentes y traidores. Con ese mote tildaba el gobernador de Córdoba, Juan Antonio Gutiérrez de la Concha, a los puntanos en 1810, en las apremiantes misivas en las que los intimaba a dar marcha atrás en su decisión de apoyar a la revolución que se había gestado en mayo, en Buenos Aires. Les advertía que responderían “con sus personas y sus bienes” si no lo hacían, porque mandaría sus tropas a ajusticiarlos. Los vecinos de San Luis pusieron el pecho a las amenazas y se mantuvieron firmes en su decisión de seguir en el camino revolucionario, el cual era, en definitiva, el rumbo hacia la formación de lo que es hoy la Nación Argentina.

Para la noche del 11 de junio de 1810, cuando el mendocino Manuel Corvalán, reventando caballos, llegó con la noticia que en Buenos Aires una revolución había depuesto al virrey Cisneros y una junta provisional de gobierno había tomado el poder, San Luis pertenecía a la gobernación intendencia de Córdoba del Tucumán, una división regional del Virreinato del Río de la Plata. En otras palabras, el gobernador de Córdoba, a la sazón Gutiérrez de la Concha, mandaba sobre San Luis.

Corvalán era el emisario designado por la Junta de Gobierno de Buenos Aires para traer a Cuyo la noticia y la propuesta de adhesión. Llegó a San Luis en el anochecer del 11 de junio. Dijo que necesitaba ubicar a algún integrante del cabildo y le indicaron la casa del alcalde de primer voto, Marcelino Poblet. Vivía en un solar de la actual calle Ayacucho, entre Mitre y Caseros, a tres cuadras y media al noroeste de la Plaza Mayor, hoy Independencia.

Poblet lo hospedó en su casa esa noche y, lo más importante, le manifestó su opinión favorable al nuevo gobierno y le adelantó que seguramente los otros cabildantes tendrían una postura coincidente.

Los puntanos no se demoraron: al día siguiente, 12 de junio, se reunieron en el cabildo. Y no titubearon: de manera unánime decidieron apoyar la revolución. Los miembros del Cabildo eran Poblet, Agustín Palma, Alejandro Quiroga, Jerónimo L. Quiroga y Santiago Funes.

Pese a ser una ciudad de poca relevancia en el concierto del interior del virreinato, los vecinos de San Luis sabían que la decisión de alzar su voz en contra de los intereses de la Corona Española no sería gratuita. Y no lo fue: enterado de lo que habían decidido, Gutiérrez de la Concha empezó a amenazarlos para que depusieran su voluntad. Les exigía mantenerse leales a los representantes del rey Fernando VII y les advertía que recibiría auxilio militar de Potosí y Salta para sofocar su levantamiento.

Al comandante de las milicias de San Luis, José Ximénez Inguanzo, le ordenó desconocer la autoridad del Cabildo de San Luis y marchar a Córdoba “con toda la gente de armas de la ciudad y su jurisdicción”. Quería sumarla a las tropas con las que planeaba enfrentar a la expedición enviada al interior por la Junta de Buenos Aires, al mando de Francisco Ortiz de Ocampo.

El Cabildo de San Luis respondió al gobernador que “no se detenía por el momento a refutar la falta de razón y justicia de sus amenazas”, ya que “había recibido instrucciones de la Junta de Buenos Aires para tratarlo (a Gutiérrez de la Concha) como a un enemigo declarado del Estado, actitud que estaba decidido a mantener con toda energía”.

En consecuencia, desconoció la autoridad del gobernador, lo declaró enemigo de la “nueva causa”, destituyó a Ximénez Inguanzo y prohibió su entrada a los cuarteles. Además, le pidió apoyo al Cabildo de Mendoza, por si Gutiérrez de la Concha intentaba atacar. Todavía más: dispuso enviar ciento cincuenta soldados a sumarse a las tropas de Ortiz de Ocampo.

Los hombres de San Luis reafirmaron esa voluntad dos semanas después: el 30 de junio eligieron al representante de la provincia en el naciente gobierno nacional. Fue don Marcelino Poblet, quien viajó a Buenos Aires y se incorporó a la Junta Grande, el cuerpo gubernativo resultante de la incorporación de los diputados del interior.

Aquel sería el primer gesto de entrega de los puntanos a la causa de la formación de una nación independiente –luego vendría toda su entrega de hombres y bienes para el Ejército de los Andes–. Fue tan valiente aquella determinación que en la actualidad San Luis celebra cada 12 de junio el Día del Cabildante Puntano.

A fines de 1810, una vez que el vecindario logró reunir el dinero para los gastos, Marcelino Poblet emprendió el camino a Buenos Aires. Para continuar la historia de la adhesión primigenia e indubitable de San Luis al sueño de formar una nueva y gloriosa nación.

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